Cuentos como churros

Cada día, un cuento recién hecho (cerramos festivos)
Vivo en el desierto_Imanol Pacheco2

Vivir en el desierto

escrito por Sr.Churrero / ingrediente de Imanol Pacheco

Los frigoríficos se estropean a la vez y toda la carne se pudre. El olor a gusanos, a muerte vieja, marea a las muchachas. No hay modo de arreglar el desperfecto, solo mirar cómo el agua sucia se extiende por debajo de las puertas como un charco de orina. Y así, el calor, el bochorno de los tenderetes de plástico, convierte el tiempo en un caracol gordo, perezoso, en un desangrarse lento en la bañera.

Qué día tan bueno, dicen los que vienen de visita, y los perros aún se levantan para merodear entre las mesas de los puestos de kebab. Espantamos a los perros con el pie, a las moscas con las manos, y explicamos a los clientes por qué no hay hielo para las Coca-Colas. Igualmente se montan en los camellos y preguntan sobre la calima. Las mujeres se enrollan un pañuelo en la cabeza como si fueran toallas después de la ducha.

Nuestros padres están intentando arreglar el generador y gritan con sus voces ásperas de arena. Nuestras madres recortan los pedazos de carne que aún pueden usarse y se aprietan pañuelos contra las narices y reparten puñados de sal.

Nosotros, los chicos, vendemos botellines de agua y animamos a las señoras a fotografiarse junto a un bereber. El bereber es nuestro primo. Nos dejan las cámaras y hacemos clic. En la arena se refleja el cielo y las fotografías se les queman a los turistas. Un cielo muy azul, despiadado, sin recovecos, sin descansos, azulazul hasta donde la vista alcanza, enconado en su azul, marcando a cuchillo las siluetas de los cerros.

Nosotros, que respiramos polvo, acumulamos tierra en los pulmones y, al crecer, ya nos habremos hecho de tierra roja también por dentro. Amamos el desierto, dicen nuestros padres. Amamos la sed y el espacio. Amamos el cielo desnudo. Amamos los colores, el sabor duro del té, la fuerza de las piedras. Eso dicen nuestros padres, pero nosotros somos jóvenes y el polvo aún no nos ha curtido.

Por las noches, la cigarra nos mete en la oreja su rechinar de muelle, su sexo de colchón viejo, y el sueño hay que ir a buscarlo bien adentro de la cabeza para callar estas serenatas. Desvelados, los jóvenes miramos la pared con necesidad de huida. Las grietas en la arcilla forman un continente.

 

Sobre el ingrediente

¿No es sorprendente a dónde puede llevarte una imagen? En la fotografía de Imanol Pacheco se mezclaba un desierto y una pared. Y a nosotros se nos ha removido el cuento, se nos ha puesto del revés, mientras nos íbamos preguntando: ¿Cómo es la vida en el desierto? ¿Qué pinta una pared en todo esto? Además de hacer fotografías juguetonas, Imanol también escribe. Y como es un tipo inquieto saca adelante una web personal y, a la vez, un Instagram que quita el hipo. Muchas gracias, Imanol, por llevarnos a países tan lejanos.

13 Comments

  1. Imanol Pacheco |

    Muchas gracias por ver una historia tras la foto. Siempre me ha sorprendido la capacidad de ver mundos totalmente distintos tras la misma imagen. Es un cuento increíble que me ha llegado al corazón. De nuevo muchas gracias. Seguiré disfrutando de vuestras historias y las fotos de la gente como todos los días. Tenéis un proyecto muy muy bonito.
    Un saludo, Imanol Pacheco.

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    • Sr.Churrero |

      Un saludo para ti, Imanol. Y sigue haciendo esas fotos tan brutales, la verdad es que da gusto colaborar con artistas como tú.

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  2. Chemari |

    ¿Y que otros vayan al desierto buscando justamente esa libertad? ¿O será solo postureo? Ay, si alguien hablara con esos turistas…

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    • Sr.Churrero |

      No podemos estar más de acuerdo, Chemari. Y, cuando viajamos, no podemos dejar de pensar eso una y otra vez. Dios nos libre de los turistas felices.

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  3. Kasirucita |

    Después de haber caminado durante horas en silencio, cayó la noche y las estrellas comenzaron a iluminarse. Yo las entreveía como en sueños, al tener un poco de fiebre a causa de mi sed. Las palabras del principito bailaban en mi memoria:
    – Entonces ¿tú también tienes sed ? – le pregunté.
    Pero no respondió a mi pregunta. Simplemente me dijo:
    – El agua puede ser buena también para el corazón…
    No comprendí su respuesta pero me callé… Ya sabía que no había que interrogarlo.
    Estaba cansado y se sentó. Yo me senté a su lado. Y, después de un silencio, agregó:
    – Las estrellas son bellas, a causa de una flor que no se ve…
    Respondí “desde luego” y miré, sin hablar, las ondulaciones de la arena bajo la luna.
    – El desierto es bello… – agregó.
    Y era verdad. A mí siempre me gustó el desierto. Uno se sienta sobre una duna de arena. No se ve nada. No se escucha nada. Y sin embargo hay algo que irradia en silencio…
    – Lo que hace al desierto tan bello – dijo el principito – es que esconde un pozo en algún lado…
    [El Principito, Antoine de Saint-Exupéry]

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  4. Ángeles |

    El desierto… indómito y rebelde, a cambio de compartir tanta dureza ofrece un manto de estrellas y curiosamente, vida excepcional.
    Q belleza de lugar habéis imaginado.
    Un espacio vital entre bereberes.

    La fotografía es un espectáculo, no me canso de verla!

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    • Sr.Churrero |

      Bueno, Ángeles, una belleza de lugar… Y un lugar muy duro también. Las dos caras de la moneda. ¡Ay, dichosa moneda, que siempre se empeña en tener dos caras!

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  5. Angela |

    Muy buenas tardes churreros!!! Magníficoo el cuento de hoy, será el calor que me transporta al desierto, serán vuestras palabras o será la fotografía, fuera lo que fuese, he visto el azul del cielo y he sentido la arena bajo mis pies 😀

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    • Sr.Churrero |

      Un honor teletransportarte, Angela. Para eso estamos. Aunque a veces os llevemos a sitios un poco duros, la verdad 😉

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Échale azúcar a este churro