Cuentos como churros

Cada día, un cuento recién hecho (cerramos festivos)
Vida de un librero aplicado

Vida de un librero aplicado

escrito por Sr.Churrero / ingrediente de Alba Lirón León

La librería lleva cerrada mucho tiempo (como mínimo varios meses, años quizá) y nadie (ningún vecino, ningún bibliófilo aficionado) ha mostrado interés alguno por los volúmenes que amarillean en las estanterías. Tampoco nadie ha preguntado nunca por el destino del señor librero.

Si preguntásemos a los vecinos del barrio (aunque no lo haremos, pues no hemos venido aquí a cotillear), sin duda nos dirían que el librero era un hombre muy suyo, hosco a veces, de barba desaliñada y camisa sin planchar. No acostumbraba a saludar en la cafetería (eso nos comentarían bajando la voz), ni barría tampoco la entrada de su local. Tal vez algún alma más generosa (puede que la señora Teresa, que regenta una floristería justo en la acera de enfrente) tuviera la sensibilidad de rememorar una escena que, día sí, día también, se repetía invariablemente. A través del escaparate de la librería podía intuirse la figura del librero hundida en un sillón, la nariz afilada perdida entre las páginas de algún libro. Tan solo y tan en su mundo, lee que te lee. Pero a lo que íbamos: ¿cuándo cerró la librería? ¿Se despidió acaso el librero? ¿Por qué nadie ha colgado un cartel de SE ALQUILA en el escaparate? ¿No es todo esto un poquito extraño?

Si alguien se hiciera esas preguntas (pero nadie se las hace) podría (tal vez) sentir el aguijón de la curiosidad. Y puede que, entonces, ese alguien (improbable) se acercaría a la librería, otearía su interior invadido de telarañas, y (esto ya es mucho pedir) se decidiría a probar suerte con el picaporte. Ese anónimo vecino (que no existe) descubriría entonces que la puerta está abierta, que siempre estuvo abierta, y podría entrar en la librería, descubrir el secreto que allí se esconde.

Porque ahí está, en el centro mismo de la tienda: un libro que no es como los demás. En medio de ese marasmo de cubiertas de cartoné y ediciones antiguas: un libro con las solapas medio abiertas, como un pájaro al que hubieran disparado en pleno vuelo, un libro caído a los pies del sillón donde el librero solía leer. El título del libro es Vida de un librero aplicado. En sus páginas se narra la historia de Baltasar Guzmán Tierraviva, nacido en Logroño el año de 1949, emigrado a Madrid el año de 1967. ¿Intuyen ya por dónde vamos?

El libro describe, poco a poco, la afición de Baltasar por el coleccionismo de figuritas militares, las amistades que hizo en el taller de ebanistería, sus inicios, nada más llegar a Madrid, como integrante del Partido Comunista español. Aquellas acaloradas discusiones de madrugada. Las noches de empalmada pegando carteles junto al Congreso. De vez en cuando, como es natural, se desarrollan varios romances. La actitud de Baltasar con las mujeres es tímida al principio, desconfiada después, agotada al final. En la página 275 aparece, por fin, la librería, y hay que decir que el capítulo dedicado a la inauguración está lleno de confeti, la tienda es descrita con un verbo florido, luminoso, un tono que engancha al lector. Pronto, sin embargo, los párrafos se van limpiando de adjetivos. El estilo se vuelve más desierto, los oasis escasean. Las elipsis abarcan años.

A los cuarenta y cinco Baltasar atraviesa un periodo rosa, se enamora de una peruana culta y alocada, parece que todo se encamina a un final feliz. Pero, de pronto, la peruana se vuelve otra, cambia de rostro de una página a la siguiente. Baltasar vuelve a quedarse solo, y esta vez ni siquiera lo lamenta. Sin duda, el libro sufre aquí un bajón de interés, como si el mismo autor se hubiera aburrido de su propia historia. ¿Cuántas descripciones del interior de una librería es capaz de soportar un lector? En cierto momento, una jovencita de ojos color café y falda escocesa entra en la librería. Compra un libro de Saul Bellow, paga y da las gracias. Lleva mocasines rojos, la jovencita, el pelo recogido en un moño descuidado. Es ese un instante que no pudo durar más que un par de minutos y que en el libro ocupa quince páginas. Ese es el único destello que encontramos en medio de tanta monotonía, el resto es solo nada, un largo contar bostezos.

En el tercio final, el libro habla sobre todo de lo que sucede en otros libros. Del placer de releer a Ovidio, de cómo resuenan los versos de Cernuda en la quietud de araña de la librería, del estilo en círculos concéntricos de Thomas Bernhard, de las dudas de Madame Bovary, de los engranajes narrativos de Stanislaw Lem, del sabor agridulce que deja el absurdo de Roberto Arlt. El librero ya no vende libros. Los clientes escasean cada vez más. El librero solo lee libros.

Y llega un día inevitable en que el librero siente cómo se le arrugan los dedos. Siente cómo se le acartonan los ojos. Cómo se le llena de tinta el pecho. Todo sucede en un santiamén. La transformación en papel apenas ocupa los últimos dos párrafos. Todo termina, como es lógico, con la filigrana del título dibujándose sobre la portada: Vida de un librero aplicado. Y después: Fin. Y por último: una pregunta que queda en el aire, ¿y ahora qué? ¿Todavía falta algo más que agregar a esta historia?

Pues claro que sí. Por supuesto que falta algo. Todo libro está incompleto sin un lector. Eso lo sabe todo el mundo. Por eso ahora queda esta larga espera, este segundero detenido, días que se escurren sin escándalos. La ilusión (vana) de que a alguien le pique un día la curiosidad (pero a nadie le importa), la esperanza de que alguien empuje la puerta (¿la señora Teresa, tal vez?, ¿quizás la jovencita de falda escocesa?) y descubra el libro tirado junto al sillón, lo recoja y lo lea (¿pero no son demasiadas casualidades? ¿no es demasiado pedir? ¿quién, en nombre de Dios, lee libros hoy en día?).

La luz mortecina de las farolas comienza a parpadear al otro lado del cristal. Fuera, en la calle, vuelve a anochecer. Dentro de la librería, las polillas flotan como copos de nieve.

 

Sobre el ingrediente

¿Os parece que el cuento de hoy es un poco triste? Bueno, que sepáis que es nuestra venganza personal sobre la persona que nos mandó esa foto de librero tan cojonuda. Y es que Alba Lirón León no solo tiene el nombre más molón del universo, si no que además tiene solo 16 años y es ya una pedazo de artista. Entrad en su galería de Instagram y echaos a temblar. Porque si eso es lo que esta señorita hace con 16 años, ¿qué hará cuando tenga 18? Virgen santa, qué viejos somos. Y cómo hemos desperdiciado el tiempo. ¡Muchas gracias, Alba, por ser tan joven, tan generosa y tan lista!

20 Comments

  1. Angela |

    Muy buenas tardes churreros!!! Magníficoo el cuento de hoy, y que tristeza la del librero que se vuelve libro y nadie lo lee, el protagonista y yo compartimos un oficio bonito y sacrificado como es ser librer@, tan solo espero que dure mucho tiempo y que al final dejemos huella en la memoria de los demás 😉

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      • Angela |

        Jajaja, pues creo que te voy a defraudar, soy librera de corazón y de vocación pero trabajo en la librería de el Corte Inglés de la Avda de Francia en Valencia, y aunque en mi departamento todos leemos mucho y amamos a los libros, la empresa nos tiene ninguneados, con decirte que estamos en un quinto piso arrinconados al final de la planta, ya te lo digo todo 😉

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        • Sr.Churrero |

          Malditos los del Corte Inglés, que arrinconan los libros en el quinto piso y (lo que es peor) arrinconan a nuestra querida Angela también. ¡Un abrazo, amiga, y fuerza para todos los libreros tenaces!

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          • Ángeles |

            Me apunto a la excursión , Valencia, cortinglés, 5ª planta!!!

  2. Ana Santamaría |

    Un cuento muy literario que se ajusta como anillo al dedo a la foto. Muy buena, sí señor. Nuevas generaciones que llegan pegando fuerte y compartiendo su arte, olé.
    Un abrazo y enhorabuena por el relato y por el fotón.

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  3. Ángeles |

    Esa Albaaaa!!! Bien visto!!!!

    Esos Churrerosquenodejanregistrosintregua!!!! 😀

    Sabéis qué? Que las caUsalidades existen, la conversión se dió en espera de alguien especial q leyó el libro, xq fue leído y si no cómo lo sabéis todo??? 😀

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    • Sr.Churrero |

      Si es que lo tuyo es positivismo total y absoluto, Ángeles. Di que sí, qué demonios. ¡Vivan las lecturas felices!

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  4. Chemari |

    Vamos por partes:

    Un librero hosco y esaborío (en mi tierra natal se dice así)

    Un libro que no es como los demas

    Un libro que cuenta la historia de quien lo lee, que se escribe a medida que se va leyendo

    Un lector que se funde con el libro

    Un final triste, que llega cuando la gente deja de leer, de curiosear, de imaginar…

    Una fotografa adolescente que nos ha metido en todo esto…

    HABEIS ESCRITO LA HISTORIA INTERMINABLE!!!!!!!!

    Y no sabeís cuantísimo significa eso para mí

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    • Sr.Churrero |

      Aquí el churrero de turno deja el plural mayestático, para hablar en tono personal: La Historia Interminable es, sin duda, el gran libro de mi infancia. Y de mi adolescencia. Y casi de mi vida. Lo leí por primera vez siendo muy chiquito (10 años o así) y recuerdo que me daba vértigo lo voluminoso del libro, leerlo fue un viaje y un reto. Y recuerdo también que, cuando lo terminé, me quedé un rato mirando fijamente el FIN y luego dije: “otra vez”. Y abrí el libro de nuevo por la primera página y comencé a releer.
      ¿Sabes que otro libro infantil me voló la cabeza? Cuando el mundo era joven todavía de Jürg Schubiger. Tan desconocido como recomendable.

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      • Chemari |

        Bufffff… yo el libro me lo leí ya de mayor, pero la peli (denostada por muchos amantes del libro, entre ellos el propio Michael Ende) la puedo haber visto… 30 veces? Os juro que me se los diálogos de memoria… Atreeeeeeeyuuuuuuu!!!!!!!

        Y me apunto la otra recomendacion

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        • Ángeles |

          Me apunto también el libro recomendado.
          La
          Historia interminable tb la habré leído nosecuantas veces, de hecho tenía el libro tuneado precioso con dibujos y colores. Lo presté 5 veces y 5 veces desapareció… el q tengo ahora ya no está tuneado…

          Hago un llamamiento a los deudores de libros… Q LOS DEVUELVAN YA! 😀

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  5. Chemari |

    Y por si fuera poco, ya os digo yo que Alba Lirón León no tiene solo el nombre más molón del mundo, sino que es también una de las personas más molonas del mundo

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  6. Silvia Vallejo H. |

    Guau!!
    Un libro está incompleto sin un lector 🙁
    Me duele el corazón.
    Será? Las polillas leen libros?

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    • Sr.Churrero |

      ¡Hola, Silvia!
      Nos has dejado turulatos con tu pregunta. Lo cierto es que, si efectivamente las polillas leen libros, en ese caso son unas lectoras voraces, que no discriminan entre ciencia-ficción y ensayo científico. ¡Menudas conversaciones literarias se deben montar entre ellas! Cuanto más lo pensamos, más envidia nos dan las polillas.

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  7. Kasirucita |

    ” Toda historia es una historia interminable.”
    “Las pasiones humanas son un misterio, hay gente que se pasa la vida escalando montañas sin poder explicar por qué.”
    [la historia interminable, Michael Ende]

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