Cuentos como churros

Cada día, un cuento recién hecho (cerramos festivos)
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Un paseo por los castillos de Renania Palatinado

escrito por Sr.Churrero / ingrediente de Marialaura Palomares

El viaje formaba parte del programa de actividades de la Asociación de Solteros de Bremen. Una excursión al sur del país con un nombre de lo más prometedor. Gerbert y Brunhilde no habían coincidido antes. A pesar de andar frisando los cincuenta, tampoco es que hubiesen viajado demasiado. Apenas conocían mundo más allá de Bremen cuando salieron una mañana de abril rumbo a la capital de Renania Palatinado. El azar les había asignado asientos contiguos en el mismo autobús.

Gerbert y Brunhilde, cada uno por su lado, proyectaban una semana bajo un cielo azul extendido, pendones en las almenas, princesas con vestidos de gasa, gorros como cucuruchos. Nada más lejos de la realidad. El sugerente nombre de Renania Palatinado desata la fantasía del viajero, pero es una región decididamente insulsa. Hay fábricas, coches en caravana, hombres con corbata y maletín, trenes de mercancías por todas partes, las mismas sucesiones de cosas con que uno tropezaría en cualquier otro lugar. No hay ni una loma salpicada de violetas con ermita en lo alto. No hay un murete tapizado de musgo, tampoco una celosía pintada del color de la clara de huevo. Nada de eso es posible en Renania Palatinado. Su Ruta de los Castillos es una birria y además, no para de llover.

En todo lo que se prolongó aquella semana, Gerbert y Brunhilde no dispararon una sola fotografía. No fue por falta de ganas. Los dos son de índice ágil y ya contaban por aquel entonces con buen aparataje, sendas máquinas de primera. Producto nacional, cámaras hechas por encargo en dos de las mejores ópticas de Bremen.

Por eso, porque la falta de estímulos y la adversa climatología les impedía entretenerse con su pasatiempo favorito, pasaron de desconocidos a amigos inseparables. No hablaron en aquellos días con nadie más del grupo. Volvieron de Renania convertidos en pareja. Pareja añosa, pero pareja después de todo.

Por ahí van ahora. Pasean por las aceras de Bremen agarrados de la mano, dedo con dedo. Una cerveza en una terraza. Si tienen sed toman dos. Un cigarro compartido, una compra de urgencia con algún capricho de postre en el súper que queda bajo el apartamento de ella, que es donde viven ahora. Una casa pequeña para los dos. No necesitan nada más.

Hoy, en un impulso, Gerbert ha tomado a Brunhilde de la manga del vestido. Le ha propuesto adoptar un niño del tercer mundo. Brunhilde ya no está en edad de engendrar hijos propios pero Gerbert ha leído en una separata del períodico local una noticia. Existe una ONG que permite adoptar por correspondencia niños de países lejanos. Es una de esas ONG que no exigen acoger en casa al niño. Ni siquiera hay que ir a visitarlo. Basta con ingresar una cantidad fija en una cuenta bancaria. Poca cosa. Ochenta marcos al mes. Brunhilde ha dudado un poco al principio, pero Gerbert siempre encuentra una buena razón para convencerla. Qué son ochenta marcos al mes por el bienestar de un niño pobre y su aldea.

De todos los niños que figuran en el catálogo de la ONG, Gerbert se decide por uno que se llama Li. Li vive al norte de Vietnam, en la remota región de Sapa. Le gusta jugar a pelota y tiene tres hermanas pequeñas, idénticas entre sí como gotas de agua.

El dosier que reciben una semana después viene cargado de fotos. Allí están Li y sus hermanas, los rostros deformados en una exagerada sonrisa. Al fondo se ve a una señora con el pelo recogido que se tapa la cara.

—Debe de ser una abuela o alguna tía.

—Quizá se trate de la maestra.

Hay un par de tomas de la rudimentaria escuela local sacadas desde ángulos distintos.

—Mira, también tienen pizarras y escriben igual que nosotros —observa Gerbert con alborozo.

En la parte final del dosier han salteado una colección de paisajes de la zona, arrozales de un verde incandescente y una laguna rodeada de palmeras donde Li se refresca los días en que el calor aprieta.

Brunhilde, que al principio fue reacia a adoptar, se ha aficionado a leer las cartas que llegan desde Vietnam. Las devora con fruición.

—Es como vivir una vida por capítulos —afirma.

—Lo mejor que has hecho desde que te conozco es contratar este servicio —añade.

Y Gerbert sonríe.

Los dos en el salón, mano con mano, van repasando esas fotos exóticas, bañadas con una luz irreal. Las ordenan en un álbum de tapas de cuero con remaches de metal. Contemplan la laguna rodeada de palmeras. Se ve a una muchacha desnuda que bracea.

—Aguas procelosas —precisa Gerbert.

A él le gusta usar esas palabras complicadas.

—Aguas oscuras —simplifica Brunhilde.

Y acaricia la cámara de fotos que Gerbert le regaló en el último aniversario. Llevan cinco años de convivencia y piensa que estaría bien hacer algún viaje de nuevo juntos. Salir de Bremen.

—¿Otra vez Renania? —bromea él entre risas.

Y ella replica que no, que esta vez quiere llegar más lejos, bañarse desnuda en la charca de Li del mismo modo en que se bañan los salvajes. Atiborrar de fotos el flamante carrete de la cámara nueva, volar, cuando se acabe el viaje, de vuelta a Bremen en asiento de primera, la piel arrasada por el sol.

 

Sobre el ingrediente

Renania Palatinado es uno de los dieciséis estados federados de Alemania. Queda al suroeste. Capital: Maguncia. Ningún churrero ha estado por ahí pero nos ha dado por pensar que no puede llegar a ser ni la mitad de bonito de lo que su nombre sugiere. Y es que hay nombres tan atractivos que resultan una condena.
La Playa de Manzanillo está en Colima, México. Marialaura Palomares sacó esa foto en mitad de un baño. Era un día gris. Estaba la mar picada.

¿Que cómo hemos llegado desde una nadadora en medio del Pacífico mexicano hasta un estado federado alemán? Ni nosotros mismos nos lo explicamos. La harina es caprichosa. El azúcar más.
Gracias, Marialaura, por una foto que nos ha hecho nadar a pulmón lleno y tomar un par de aviones. Sigue cazando imágenes y sigue escribiendo historias. Nos encantará leerlas algún día.
¿Más fotos de Marialaura? Aquí mismo, amigos.

16 Comments

  1. Pilar |

    Es cierto, hay cosas que prometen mas, que huelen mejor q saben.
    Este churro es lo que es, gloria bendita.

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    • Sr.Churrero |

      Las palomitas, los gofres, el tabaco de pipa… Cosas que huelen mejor que saben. ¿Más ejemplos?

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  2. Kasirucita |

    The traveler awaits the morning tide
    He doesn’t know what’s on the other side
    But something deep inside of him
    Keeps telling him to go
    He hasn’t found a reason to say no

    The traveler is only passing through
    He cannot understand your point of view
    Abandoning reality, unsure of what he’ll find
    The traveler in me is close behind
    [Days Are Numbers (The Traveller) – The Alan Parsons Project]

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    • Sr.Churrero |

      El rock progresivo se abre paso en la churrería. Gracias, Kasirucita, por la lección continua de música para acompañar un churro.

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    • Sr.Churrero |

      ¡Bravo! La fotógrafa bañista aprueba el churro. Sigue viniendo por aquí, Marialaura.

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  3. Angela |

    Muy buenos días churreros!!! Preciosoooo el cuento de hoy, y que ganas de viajar y hacer fotos, yo tengo una amiga que cada vez que tiene vacaciones, se va a algún lugar en el mundo, Vietnam ya lo conoce y me ha dicho que es uno de los países más bonitos de los que ha visitado hasta ahora. Por cierto, otro ejemplo de cosas que huelen mejor que saben, el café recién hecho 😉

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  4. Santiago (77 años) |

    Largos días sin leeros.
    Bonito cuento y bien contado.
    Debo estar depresivo o con las “horas bajas” (que decíamos antes).
    Conforme lo iba leyendo me imaginaba un final triste (¿?), luego me imaginé que la ONG era una organización falsa, que se quedaba el dinero y que las fotos (las mismas fotos) eran enviadas a miles de bondadosas personas por todo el mundo.
    Lo que os digo, estoy totalmente negativo.
    Perdón y espero “curarme”.
    Saludos,

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    • Sr.Churrero |

      Después de las horas bajas vienen las altas siempre. Un abrazo fuerte, Santiago.
      Dice el churrero de turno que escribió un poco a lo loco, sin un objetivo predeterminado, y que luego fueron metiendo mano los otros churreros y así quedó la masa. ;))

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  5. Estela |

    Yo también esperaba un chasco… y he acabado zambullida en la laguna de aguas oscuras.
    Delicioso baño, churreros!

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  6. Ángeles |

    Incentiváis las ganas de imaginar visualmente el conjunto de todas y cada una de vuestras palabras.
    Una fotografía espectacular!!!!!!!

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    • Sr.Churrero |

      De esa foto de Marialaura podrían haber salido otras tantas palabras por lo menos, Ángeles

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  7. Chemari |

    Bremen – Renania – Bremen – Vietnam (pasando por México)

    Aerolineas El Churrero, vuele con nosotros y cambie su vida un rato, aunque sea con la imaginación.

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    • Sr.Churrero |

      Chemari, ya sabes que siempre tendrás sitio en cabina. Cuentos como churros. En los mejores aeropuertos.

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Échale azúcar a este churro