Cuentos como churros

Cada día, un cuento recién hecho (cerramos festivos)
Ángeles Pizarro

Tardes de domingo

escrito por Sr.Churrero / ingrediente de Ángeles Pizarro

El disparo nos rompió la tarde de domingo. Fue un disparo al aire, un sonido profundo que retumbó en las calles vacías.

El grito vino después aunque no parecía un grito, parecía un aullido, un lamento ronco que no entendimos hasta que se repitió:

—¡Mariana!

En ese momento supimos que se trataba de Enrique, el chico pequeño de los Moraos. Nos asomamos a las ventanas. Allí estaba él, en medio de la calzada, con la escopeta bien agarrada, frente a la casa de Mariana, la de los Cortezo. Y allí estábamos nosotros, a uno y otro lado de la calle: mejillas apoyadas en el cristal, ojos ocultos tras los visillos y las cortinas, parapetados en las sombras de nuestros salones, de nuestras cocinas, de nuestros dormitorios.

—¡Mariana!

Enrique daba pasos nerviosos de una acera a otra, de una acera a otra. Iba bien vestido pero llevaba la camisa arrugada y el pelo revuelto, como si no hubiera pasado por casa la noche anterior.

—¡Mariana!

Los que lo observábamos todo desde las ventanas cruzamos las miradas con un brillo en los ojos. ¿Saldría Mariana de la casa? ¿Contestaría al aullido de Enrique? ¿Qué habría hecho Mariana para que Enrique hubiera sacado la escopeta? Pero Mariana no aparecía y Enrique ignoró los ojos que se escondían tras los visillos.

La escopeta tronó de nuevo, escupió humo hacia el cielo que empezaba a teñirse de naranja.

—¡Mariana!

La voz de Enrique se quebró en un sollozo y lo arrastró hasta el suelo. Allí quedó, sentado sobre el asfalto, con la escopeta en el regazo. Se restregaba los ojos con las manos para enjugar las lágrimas y le temblaban las piernas. Su boca se abría y se cerraba como si intentara decir algo.

Se escuchó el ruido de un motor. A través de las ventanas, en la oscuridad de los cuartos, se intuyeron movimientos de impaciencia, de tensión. Lo sabemos todos en el pueblo: nunca pasan coches los domingos.

Enrique se levantó del suelo de un salto, alerta, acerrojó el arma y apuntó en la dirección del ruido. El motor era, efectivamente, de un coche que apareció tras la curva de la plaza y que redujo poco a poco la velocidad hasta frenar a unos metros de Enrique. Era un coche patrulla de la Guardia Civil. Dentro estaba el cabo Suardíaz, lo conocíamos todos.

—Enrique, voy a salir, ¿vale?

El cabo abrió la puerta con lentitud.

—¿Por qué no sueltas la escopeta, Enrique? Vamos a hablar, pero suelta la escopeta.

Pero Enrique no le escuchó o no quiso escucharle. De nuevo, el aullido:

—¡Mariana!

En las ventanas éramos sombras muy quietas, las miradas fijas en las dos figuras que se enfrentaban en la calle.

—Enrique, ¿qué ha pasado? Cuéntamelo… —dijo el cabo.

Y entonces se escuchó la voz de Mariana desde detrás de la puerta de su casa, amortiguada, como si llegara desde mucho más lejos.

—Enrique, por favor. Enrique.

—¡Mariana!

—Enrique, suelta el arma, por el amor de Dios. Suelta el arma y salgo, te lo prometo.

Escuchamos un sonido de cerrojo que se descorría, de cerradura que se retiraba. La puerta de Mariana se abrió: una rendija oscura en la que aparecieron unos ojos, el vuelo de un vestido, la piel de un brazo.

—¡Mariana!

Enrique se lanzó con la escopeta en ristre hacia la puerta abierta.

—¡Enrique!

El cabo Suardíaz avanzó hacia Enrique, desenfundó la pistola pero fue demasiado lento. Enrique se giró y disparó: un trueno, una lengua de humo. El cabo Suardíaz se desplomó en el suelo. Enrique llegó hasta la puerta, Mariana no tuvo tiempo de cerrar, Enrique entró. Un portazo retumbó en la calle en silencio. La sangre del cabo Suardíaz manchó lentamente el asfalto. Poco a poco, nos fuimos retirando de las ventanas, volvimos a nuestros salones y dormitorios. Ya no había nada más que mirar ahí fuera.

 

Sobre el ingrediente

Ángeles se hace líos. Y es normal que se haga líos porque se pasa la vida en la multitarea. Tan pronto te hace un cuadro como dispara unas fotografías. En uno de esos líos, ha acabado Ángeles entrando en la churrería, mandándonos unos ingredientes bien sabrosos. Lo que no sabemos si sabe Ángeles es que nos encantan las personas que se lían, que nos lían. Así que nosotros encantados de haber armado un lío con tu ingrediente, Ángeles, y ya sabes dónde encontrarnos para liarnos cuando quieras.

15 Comments

  1. Kasirucita |

    El pistolero ha llegado ya a la ciudad.
    Se ha apodado “el Tuerto”, su profesión es matar.
    El pueblo entero ha volado, nadie quiere salir,
    en el salón el barman dejó ya de servir.
    Su risa es tan falsa como el judas aquel,
    su mirada la más fría que puedas conocer,
    en su cintura más balas que todo un arsenal,
    en su revólver más muescas que en la barra del bar,
    es el más sucio y rápido en disparar.
    Él acaba de entrar por la puerta del salón,
    con una señal me indica lo desgraciado que soy.
    Ya sé que con el sherriff no se puede contar,
    su lema es siempre la ley y para él no es legal.
    Y yo sé que esta vez sin duda viene a por mí…
    algo tendré que hacer, sí,
    acabaré con él.
    [El Pistolero – Pistones]

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  2. Ángeles |

    Wualaaaaaaaa!!!!!

    Gensanta!!!!

    Madredelamorhermoso!!!

    Sr. Churrero… pedazo receta te has marcado con este ingrediente… tensión Nivel PRO y aún me tiemblan los dedos… así me van a salir todas las fotos trepidadas y todos los cuadros abstractos!!! XDDD
    Maravillosamente perfecto… qué deciros… MENCANTA es poco!!!! Chasgracias y espolvoreo azúcar glass en el aire para que parezca la magia de la Navidad!! Muchísimo éxitoooooooooo!!!!!
    Abrazos a dos brazos :))))

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    • Sr.Churrero |

      Es que el ingrediente era de categoría, Ángeles. Nos temblaban los dedos al escribir, qué responsabilidad. Mucho éxito para ti también, de verdad. Y ya sabes dónde nos tienes.

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  3. Fco. Javier |

    Un churrito durito de digerir, sobretodo porque muestra fielmente lo indolente que es la sociedad que formamos, escondidos detrás de cada uno de nuestros visillos. Triste realidad en la que vivimos…

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    • Sr.Churrero |

      A veces nos salen sin azúcar, Francisco Javier, pero sólo a veces. Como las almendras amargas. No dejes de venir a desayunar, ¿eh?

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  4. Angela |

    Muy buenos días churreros!!! Magníficooo el cuento de hoy y desgraciadamente que real,como me gustaría a mi que estas situaciones solo pasaran en la ficción, pero desgraciadamente la realidad, en este caso, siempre la supera. Kasirucita, me he transportado a mi juventud con la canción de Los Pistones, gracias 😀

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    • Kasirucita |

      jejejeje…me dá que forma parte de la juventud de muchos de nosotros 😉
      y como bien dice “algo tendremos que hacer: ¡acabar con él!”

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      • Sr.Churrero |

        Estamos planteando montar una tertulia musical en la churrería porque nos lo pasamos muy bien y nos parece un hallazgo esto. O conciertos en directo. Habría chocolate para todas, ¿cómo lo veis? 😉

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  5. Santiago (77 años) |

    Que buen relato. Lleno de tensión.
    Otra vez la España profunda, la España eterna…
    Habeis hecho una “fotografía” de esta sociedad llena de indolencia (no hacemos nada)
    ¿para qué? ¿no puedo hacer nada? ¿quien soy yo? ¿no quiero meterme en lios?, etc. etc.
    Puede considerarse el “nuevo vicio nacional”.
    ¿Como hemos llegado a esto?
    Que triste.
    Gracias churreros.
    Larga vida.

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  6. Santiago (77 años) |

    Os pido disculpas por anticipado.
    Me amparo en mi condición de “anciano”,
    Se dice que solemos decir la verdad, que no somos dóciles, decimos groserias o más bien nos comportamos sin ataduras sociales.
    ¿ enjuagar ó ENJUGAR.?
    .

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    • Sr.Churrero |

      Pues tiene usted toda la razón, don Santiago. Ya lo dicen: la experiencia es un grado. Ahora mismo mandamos al churrero a amasar sin parar, no volverá a ocurrir, lo prometemos.

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  7. Chemari |

    Gran churro. No puedo decir más.

    Bueno, sí, que recuerda a cuando Carlos Saura hacía buenas películas.

    Y que Santiago tiene razón… las lágrimas en mi tierra también se enjugan.

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    • Sr.Churrero |

      En tu tierra y en ese paisaje extraño que es la RAE lo correcto es enjugar, así que ya lo hemos cambiado. Gracias, Chemari, tu comentario escueto sobre el churro es muy elocuente, así que nos quedamos contentos y en silencio que se nos está alargando el comentario. Shhh.

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Échale azúcar a este churro