Cuentos como churros

Cada día, un cuento recién hecho (cerramos festivos)
Soplar y apagar las luces_Otoño Suzume

Soplar y apagar las luces

escrito por Sr.Churrero / ingrediente de Otoño Suzume - Finalista de Cuentos para el Andén

El hombre que se va de la ciudad busca un cigarro en la guantera, lo enciende con una mano y baja la ventanilla para dejar salir el humo.

Es de noche. La ciudad queda como un puñado de luciérnagas a su espalda.

Dentro de una de esas luces hay una mujer a la que está abandonando.

Dentro de esa mujer hay un niño que aún no ha nacido.

El hombre pasa el puente y aparca en el lado derecho de la carretera. Se baja del coche, no pone el triángulo, se apoya en el capó, da un golpe seco a la gravilla. Sopla el humo hacia la ciudad y piensa en apagar las luces, como si fueran las velas de una tarta.

Saca el teléfono del bolsillo de la chaqueta. Lleva una chaqueta de antelina, con cuello de becerro, vaqueros negros, zapatillas. Echa de menos una bufanda. Sopla un viento húmedo y acaba de subir una pequeña colina. Se vuelve para que el viento no le golpee en la cara y camina tres o cuatro pasos. Llama a la mujer con el teléfono. Ella descuelga enseguida y le pide que vuelva.

—Ven —dice ella. Pero lo dice muy cansada—. Ven y ya está.

Él no quiere volver por el niño:

—No quiero volver por el niño —dice.

Luego piensa en los cumpleaños. Ha pensado mucho en los cumpleaños. Le gustaría hacer regalos, pintar un cartel. También le gustaría ir a las reuniones de padres, ponerse en cuclillas a la salida del colegio, comprar pasta dental con sabor a fresa.

Volvería por el niño.

—Volvería por el niño —dice.

Ella hace un ruido al otro lado de la línea. No es un suspiro, es más bien un bostezo.

—Mira, es tarde y tengo sueño.

Él piensa que cuando la mujer tiene sueño se frota los ojos y la línea de lápiz negra que usa para remarcar las pestañas se le emborrona en los párpados y parece un oso panda. Piensa que eso es tierno.

—Una vez fuimos a Toulouse —le dice.

—Sí —dice ella—. Fuimos a Toulouse y a Lyon y acampamos junto al Loira y subimos al castillo de Cheverny.

La mujer habla despacio, no hay ningún tinte de nostalgia en su voz. Es más como si estuviera enumerando una lista. Él tampoco siente nostalgia, pero pensaba que notaría alivio al pasar el puente y, sin embargo, no ha sido así.

—Hicimos cosas muy buenas —dice la mujer, que ya ha terminado de recitar paisajes viejos.

—Y sin embargo, estamos cansados —dice él.

Sabe que ella asiente al otro lado del teléfono. Sabe que está recostada en el brazo del sillón, cerca de la ventana, que le ha quitado el sonido al televisor pero que mira las imágenes mientras hablan.

Esa noche habían cenado pizza cuatro estaciones y los restos seguirán todavía sobre la mesita del salón. La mujer es perezosa para recoger después de las comidas. Encargan pizza a menudo cuando salen tarde del trabajo y hoy él, al pagarla, se ha dado cuenta de que no le apetecía comer pizza en ningún caso. Ni cuatro estaciones ni de cualquier otro tipo.

—¿Qué vas a hacer? —le pregunta ella.

—Volveré esta noche.

No quiere perder sus libros, ni su piano eléctrico, ni los cojines de selva amazónica del sofá. Piensa en las fotografías de las paredes y en el tapiz que trajeron de Perú y tampoco quiere perder eso.

Y luego piensa en el niño y se alegra.

—Volveré esta noche, y mañana me pondré a buscar un piso de alquiler.

—Está bien —dice la mujer—. Ten cuidado al pasar el puente, que hay niebla.

 

Sobre el ingrediente

Seguimos de despedidas, amigos nuestros. Y las despedidas, nos pongamos como nos pongamos, son tristes. A veces las relaciones se gastan. Se dan de sí como el elástico de los calzoncillos, eso ocurre. Sin dramas, sin nervios ni histerismos. Las relaciones se acaban y eso no significa que no podamos regocijarnos en todas las cosas bonitas que nos han traído. En algunos casos las relaciones son más que la suma de sus partes y dejan un niño, o un libro en nuestro caso. Os invitamos a la presentación en sociedad de este hijo nuestro, el 29 de noviembre, miércoles en el El Umbral de la Primavera (Madrid). ¡No os olvidéis! Por cierto: esa imagen de luces titubeantes es de Otoño Suzume, finalista del concurso de fotografía de Cuentos para el Andén. Muchas gracias a él y también a nuestros compañeros de la revista: ha sido un placer compartir con vosotros este camino. Se os quiere.

18 Comments

  1. Kasirucita |

    Si falla el motor que nos mueve
    Si falla el motor no te sueltes
    Como el sol te hare brillar

    Te enseñare lo mas importante
    Como un corredor, tienes que mirar
    SIEMPRE HACIA DELANTE
    Sin pasado
    Como un heroe de ciencia ficcion
    Como el eco al gritar
    Respondere a lo que quieras preguntar
    Como un pajaro tienes que volar
    SIEMPRE HACIA DELANTE
    Y si somos dos, mejor que uno
    Si somos cien, sera una celebracion
    Coge fuerzas para saltar
    Porque todo va a estallar
    Como el tiempo, tienes que avanzar
    SIEMPRE HACIA DELANTE, sin parar
    Desde la luz hasta el resplandor
    Vendra un gigante a destruir
    Vendra lo que tenga que venir
    COMO LA VIDA, TENDRÁS QUE SEGUIR
    SIEMPRE HACIA DELANTE,
    SIEMPRE HACIA DELANTE
    [Siempre hacia delante, León Benavente]

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      • Sr.Churrero |

        Kasirucita, siempre sabes qué decir amiga. Algunos días se nos olvida decírtelo, pero eres una compañera de viaje estupenda.
        Hoy tenemos una petición especial para ti: necesitamos que elijas nuestra última canción. La canción con la que vamos a cerrar la fiesta del día 29 y esta andadura cuentista que hemos compartido. ¿Puedes hacerlo? ¿Te atreves con la última banda sonora?.

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        • Kasirucita |

          ya sabéis que las canciones que pongo salen de vuestros cuentos, son vuestras historias y sus ingredientes, vuestras palabras las que me llevan a esas canciones… vamos a esperar al último cuento a ver dónde nos lleva….;)

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  2. Ángeles Pizarro |

    jo…

    Un poquito malagente sí que sois…

    Si al menos escribierais cacatúas de churros, podríamos pensar “Bieeeeen!!!” , pero es que encima escribís Churros MediaManga Y MangaEntera, y eso… es la Caña Señoras y Señores!! entonces nos tendremos que adaptar a hacer dieta en el desayuno, a convencernos de que antes desayunábamos diferente… y bueno, que os entiendo perfectamente pero que me cuesta, porque yo lo que realmente quiero es que “ese niño” salga adelante, y crezca, y sea un adolescente rebelde, y viva, y sienta, y recorra el mundo… y … se me va… estoy estudiando fotografía del Siglo XVIII y tengo un poco de empane mental … XDDD

    Qué valeeeee!!!

    Adelante!!!! siempre adelante!!!!! 😀

    Se os quiere!

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    • Sr.Churrero |

      ¡Y nosotros te queremos a ti, Ángeles Pizarro! No te preocupes por el niño, aunque venga de una familia problemática estamos seguros de que le irá bien. Los desayunos van a ser duros, eso sí. Estamos aprovisionándonos de galletas de chocolate para pasar el bajón de azúcar…

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  3. Lucía |

    Pues que me da pereza leerlos… Y comentarlos… Porque me da pena que se acaben… Y no me apetece pena!!
    Pero si me apetece compartir y formar parte de esta despedida, supongo que a modo de agradecimiento!
    Os sigo leyendo familia, a tod@s
    (Y no vivo ni un poco cerca de Madrid, así q no me puedo apuntar al fiestón)

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    • Sr.Churrero |

      Que bien has definido nuestro estado de ánimo, Lucía. Nos movemos entre la pereza y la pena (ambas empiezan por P) con un poquito de nostalgia dulce. Gracias por compartirlo y por seguir hasta el final. Un abrazo.

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  4. Ana Santamaría |

    Buenísimo cuento. Cómo no me va a dar pena que echéis el cierre? Que sí, que sí, que estoy totalmente de acuerdo con el desgaste, -completamente justificado, que han sido muchos y muchos churros– pero aún así deciros que por cuentos como el de hoy no quisiera perderos de vista, ni de oído, ni estar demasiado lejos de otros fogones donde cocinaréis seguro porque os encanta meteros en harina y además lo hacéis muy bien.
    Intentaré estar en el fiestón, no sé aún si podré, si es que sí volaré como otras veces porque es un gustazo pasar un rato con vosotros. Un abrazo.

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    • Sr.Churrero |

      Gracias Ana, por estar aquí con nosotros hasta el final. Nosotros estamos cansados, pero contentos, y las letras no dejaran de acumularse así que estamos seguros que acabaran saliendo por otro sitio, de otra manera o con otro color.
      Nos hará muy muy felices darte un abrazo en persona, ojalá puedas venir a la fiesta.

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  5. Angela |

    Muy buenas tardes churreros!!! Estupendooo el cuento de hoy, y que penita más grande que solo queden 2 para degustar. De verdad que se os echara de menos, si es que soy adicta a vuestros churros, que triste va a ser desayunar tostadas…

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    • Sr.Churrero |

      Muy buenas Ángela! Y la pena que nos va a dar a nosotros perdernos tus saludos diarios, no te quiero ni contar…Un abrazo muy grande.

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    • Sr.Churrero |

      Las despedidas son tristes, Daniela, pero el camino ha sido maravilloso. Un abrazo muy grande y gracias por pasarte a comentar.

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  6. Silvia Vallejo H. |

    Bueno Madrid!, está un poquito lejos 😉 de Quito, Ecuador. Me encantaría poder conocerles personalmente, gracias a la churrería lo tengo claro.
    No pienso en la despedida, mejor pienso en los momentos maravillosos que he tenido leyendo los cuentos, solo me queda decirles.

    GRACIAS!!!!

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