Cuentos como churros

Cada día, un cuento recién hecho (cerramos festivos)
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Sobre las ramas de un baobab

escrito por Sr.Churrero / ingrediente de Pilar Blasco

(Este es un texto colectivo a muchas manos. Se inició con las aportaciones de los alumnos del CEPA Rosalía de Castro, de Leganés y continuó a partir de la colaboración de todos nuestros lectores).

 

Tú y yo aquí arriba, aquí lejos del mundo, aquí mirando a la nada, aquí riéndonos de todo, construyendo fantasías y enamorándome de tus ojos, aquí en este hermoso baobab, mi pequeño tesoro. (Para mi hija. De Ruth López, 27 años)

Al baobab le pondría un columpio para que se diviertan los monos, que para eso están en su territorio. (Julio, 70 años)

Me gustaría jugar, saltar entre las ramas del baobab y hacer una piscina y con mi novio casarme cerca de las estrellas. (Anónimo)

Me gustaría poder contarnos todos nuestros problemas y arrojarlos desde lo alto del baobab y poder disfrutar de unas cervecitas admirando las bellas vistas ya desahogados y tranquilos. (Ester Cebrián, 26 años)

Qué bonito sería subir a la cima del árbol y gritar a los cuatro vientos, ¡No más talas de árboles! (Carlos)

Desde el baobab me gustaría preguntar al mundo que por qué yo desde el suelo no consigo ver porque soy muy pequeña pero muy inteligente, y así comentar con mi familia encima de este impresionante y majestuoso árbol. (Rosa María, 25 años)

Estar en las alturas siempre he soñado, para estar más cerca y poder alcanzar, al menos tocar, las estrellas con el ser que más quiero y darle el sí, quiero trepada en las ramas del poderoso Baobab. (Lourdes Maldonado, 57 años)

Estoy con mis colegas y mis sobrinos en un baobab con unas cuerdas elásticas para hacer puenting. (Adrián, 19 años)

Me gustaría subirme encima de un baobab sola, para admirar el paisaje, los animales y todo lo que me rodea, desde una perspectiva diferente, completamente en silencio, escuchando los sonidos de la naturaleza. (Noelia Delgado Beldad, 20 años)

Me gustaría poder subir a la rama más alta y poder darnos un beso en lo más alto de la naturaleza. (Ester Cebrián, 26 años)

Encima de este árbol me gustaría estar con mis amigos, disfrutando de la noche, contando nuestras historias de siempre pero que te sigues riendo y recordar este momento para añadirlo a nuestra colección de cuentos. Solo imaginar el poder recordar el momento de estar en la cima del mundo, junto a amigos que se disfrazan de hermanos. (Óscar Chamborro Martínez, 18 años)

Me gustaría saber el misterio de ser tan alto como tú, baobab, que eres grande, tan grande, como la naturaleza misma. (Rosa María, 25 años)

Me gustaría estar con todos mis amigos en la copa del árbol y saltar hacia el suelo pero, claro, con unas colchonetas hinchables abajo. (Miguel Martos Villares, 32 años)

Después de varios días contemplando la inmensidad del Baobab, conseguimos entre varios amigos llegar a lo más alto de él, donde llevamos a cabo nuestra gran afición: desplegamos nuestras cometas de manera que surcaban el maravilloso cielo de Madagascar. (David Muñoz Cabeza, 34 años)

Me gustaría poder tumbarme en sus alargadas ramas mientras cae la lluvia sobre mi rostro sin tener ninguna preocupación y sentirme por un momento como un animal salvaje disfrutando de la naturaleza en estado puro. (Ester Cebrián, 26 años)

Un juego divertido sería tallar en la madera del baobab los animales que van pasando por la selva. (Marco Pescador)

Me gustaría poner un observatorio para poder ver la puesta de sol y también observar todos los animales que hay en el río y avisar al hombre que va cazando, para avisarle de posibles peligros de animales que puedan atacarle. (Carlos)

Me encontraba contemplando el atardecer. Me sentía tan cerca de las nubes que pensaba que era tan grande como un baobab. Cerré los ojos y me imaginaba con los míos recordando nuestras anécdotas y, cómo no, jugando al bingo en la cima del baobab. (Begoña Esteban, 42 años)

Nunca me he subido a un árbol, pero me apetecería subirme con mi familia a un baobab, sentarnos en sus nobles ramas y mirar el horizonte, disfrutar del paisaje con una deliciosa merienda. (Alexandra)

Me subiría con mi familia, me sentaría con ellos y contemplaría un atardecer e intercambiaría hazañas que nos hayan pasado o comentaría lo que estamos viviendo en ese momento (Mamen, 44 años)

Subiría un tropel de elefantes hasta su copa, para hacer ver al principito que los baobabs no son arbustos sino arboles muy corpulentos. Que antes de crecer, comienzan por ser pequeños hasta hacerse inmensos… (Fco. Javier)

Me encantaría poder viajar a Madagascar con mi familia y poder subir a lo alto del baobab, para contemplar toda la naturaleza en su esplendor y maravillarnos con el atardecer y para no olvidarlo nunca, haría muchas fotos. (Ángela)

Sobre las ramas de un baobab, piernas colgando, escuchando los cantos silenciosos de los juglares senegaleses que enterraron en su interior, abrazando su piel curtida por los años, el viento y la arena…
Sobre las ramas de un babobab, cae el sol, mirada perdida.
Sobre las ramas de un baobab, calma infinita. (Estela)

Me encantaría subir a esas ramas, y poder hacer música con sus ramas, el viento acompañando la melodía y los animales haciendo danzas, africanas invocando a los dioses de la vida eterna. Sus gemidos, atraviesan las grietas del suelo. Llegando al centro de la tierra. Ubuntu! VIVA AFRICA! (Xell)

Tengo vértigo. Quiero disfrutar del silencio envuelto de cielo desde aquí abajo, cerca del árbol. (Rosa)

Al llegar a las ramas nos tenemos que colgar de los pies, como los murciélagos, nos bajará la sangre a la cabeza haciendo olas y eso hará que veamos el mundo con una mirada distinta, mucho más bonito. (Ana)

Amor a primera vista es conocerte baobab, debe ser porque me recuerdas a mis amados ceibos ecuatorianos llenos de suaves bolitas blancas de algodón y les veo juntos abrazados, dando volteretas de felicidad. (Silvia Vallejo)

Me acostaría sobre las ramas, teniendo por tejado el cielo.
Respiraría profundo y querría dormirme, rodeado de aquella belleza sonora, luminosa y querría despertar a una nueva vida, integrarme en el polvo cosmico de una manera dulce y facil.
Nada más. (Santiago)

Pues como de familia somos tres gatos y seguro que sobran algunas ramas libres, invitaría también a algunos amigos y pasaríamos la tarde charlando, merendando, contando historias y haciendo pamplinas.
Y ¿quién sabe? Igual al final se nos apunta el Barón Rampante a la fiesta, que lo mismo anda todavía por alguna rama perdida… (Chemari)

Subir a lo más alto de un baobab junto contigo y apreciar el atardecer más bonito que jamás hayamos visto, tu recostado hacia el tronco y yo recostada hacia ti, mientras te leo uno de esos cuentos que te escribí. (Marialaura)

¿Siempre atardeceres ? No. Sueño un amanecer primaveral .Comienza el largo día y trepo al ,todavía húmedo,baobab. En mi mochila, colgando en la espalda,el PRINCIPITO. Todo un día por delante.Una vida por vivir. (Ángela)

Le pediría permiso y ayuda para subir a su rama mas alta y mas gorda . Me quedaría allí hasta que me dejase, escuchando detenidamente todas las historias de todos los tiempos de su vida que me quiera contar. Me haría su amiga. Me quedaría con el para siempre. (Gema)

 

 

Sobre el ingrediente

Dice la leyenda que el baobab era un árbol tan presumido que los dioses le dieron la vuelta y por eso tiene la copa enterrada y las raíces le crecen hacia arriba como ramas.
De ahí, de sus desnudas ramas, ha surgido el churro colectivo de hoy. El relato lo han iniciado los alumnos del CEPA Rosalía de Castro, de Leganés, con los que estuvimos conversando sobre literatura en el último de sus Viernes Culturales. Mil gracias a todos por vuestra colaboración, está quedando un texto precioso.
Y dejamos para el final a Pilar Blasco, viajera incansable, fotógrafa, pintora, amante de los animales y una muy buena amiga de los churreros. Ella nos regaló esta foto del baobab cuando volvió de su viaje por la isla de Madagascar. Pilar tiene tres preciosos gatos y colabora en con la Asociación Proa para la protección y defensa de los animales. ¡Mira, Pilar, la que has liado con tu foto!

25 Comments

  1. Fco. javier |

    Subiría un tropel de elefantes hasta su copa, para hacer ver al principito que los baobabs no son arbustos sino arboles muy corpulentos. Que antes de crecer, comienzan por ser pequeños hasta hacerse inmensos…

    Responder
    • Sr.Churrero |

      No se yo si los elefantes van a caber ahí arriba…
      Gracias, Javier, por la aportación. Recogida queda.

      Responder
  2. Angela |

    Me encantaría poder viajar a Madagascar con mi familia y poder subir a lo alto del baobab, para contemplar toda la naturaleza en su esplendor y maravillarnos con el atardecer y para no olvidarlo nunca,haría muchas fotos 🙂

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    • Sr.Churrero |

      ¡Las fotos que tienen que salir desde ahí arriba!
      Muchas gracias, Ángela, por la aportación. Ya la hemos incluído.

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  3. Rosa |

    Tengo vértigo. Quiero disfrutar del silencio envuelto de cielo desde aquí abajo, cerca del árbol.

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  4. Ana |

    Al llegar a las ramas nos tenemos que colgar de los pies, como los murciélagos, nos bajará la sangre a la cabeza haciendo olas y eso hará que veamos el mundo con una mirada distinta, mucho más bonito.

    Responder
  5. Silvia Vallejo |

    Amor a primera vista es conocerte baobab, debe ser porque me recuerdas a mis amados ceibos ecuatorianos llenos de suaves bolitas blancas de algodón y les veo juntos abrazados, dando volteretas de felicidad.

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    • Sr.Churrero |

      Hola, Silvia., no tendrás una foto hermosa de tus amados ceibos ecuatorianos, ¿verdad? Besos y gracias

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  6. Estela |

    Sobre las ramas de un baobab, piernas colgando, escuchando los cantos silenciosos de los juglares senegaleses que enterraron en su interior, abrazando su piel curtida por los años, el viento y la arena…
    Sobre las ramas de un babobab, cae el sol, mirada perdida.
    Sobre las ramas de un baobab, calma infinita.

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  7. Xell |

    Me encantaría subir a esas ramas, y poder hacer música con sus ramas, el viento acompañando la melodía y los animales haciendo danzas, africanas invocando a los dioses de la vida eterna. Sus gemidos, atraviesan las grietas del suelo. Llegando al centro de la tierra. Ubuntu! VIVA AFRICA!

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  8. Chemari |

    Pues como de familia somos tres gatos y seguro que sobran algunas ramas libres, invitaría también a algunos amigos y pasaríamos la tarde charlando, merendando, contando historias y haciendo pamplinas.
    Y ¿quién sabe? Igual al final se nos apunta el Barón Rampante a la fiesta, que lo mismo anda todavía por alguna rama perdida…

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    • Sr.Churrero |

      Haciendo pamplinas, qué buena cosa para pasar el rato encima de un árbol. Gracias, Barón Chemari!

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  9. Santiago (77 años) |

    Me acostaría sobre las ramas, teniendo por tejado el cielo.
    Respiraría `profundo y querría dormirme, rodeado de aquella belleza sonora, luminosa y querría despertar a una nueva vida, integrarme en el polvo cosmico de una manera dulce y facil.
    Nada más.

    Responder
  10. Marialaura |

    Subir a lo más alto de un baobab junto contigo y apreciar el atardecer más bonito que jamás hayamos visto, tu recostado hacia el tronco y yo recostada hacia ti, mientras te leo uno de esos cuentos que te escribí.

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  11. Angela |

    ¿Siempre atardeceres ? No. Sueño un amanecer primaveral .Comienza el largo día y trepo al ,todavía húmedo,baobab. En mi mochila, colgando en la espalda,el PRINCIPITO. Todo un día por delante.Una vida por vivir.

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  12. Gema |

    Le pediria permiso y ayuda para subir a su rama mas alta y mas gorda . Me quedaría allí hasta que me dejase, escuchando detenidamente todas las historias de todos los tiempos de su vida que me quiera contar. Me haria su amiga. Me quedaría con el oara siempre.

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