Cuentos como churros

Cada día, un cuento recién hecho (cerramos festivos)
roma citta aperta

Roma città aperta

escrito por Sr.Churrero / ingrediente de Roberta Pucci

Roma, 28 de enero de 2017

 

El reloj  del horno marca las siete y media de la tarde. En realidad, son más de las nueve, pero a quién le importa. Tolomeo, il cane astrónomo, hace rato que se tumbó sobre su cama. Frente a mí, Roberta deshace contrita lo que iba a ser una bufanda de punto grigio. C’è qualcosa che non va. Y tiene razón, los extremos, que deberían ser rectos, han tomado forma de almena.

El bueno de Alessandro ha desaparecido en su habitación. No es mal sitio para desaparecer esta casa de techos altísimos, radiadores infinitos, paredes templadas cubiertas de recuerdos. Recuerdos de hace diez, catorce, veinte años, de cuando Roberta y Alessandro aún no sabían el uno del otro y, oye, por sus caras de felicidad, ni falta que hacía.

Le he pedido a Roberta un trozo de papel y una penna para escribir esta carta. Yo antes escribía cartas, lo juro. Lo hacía a menudo. Y lo hacía a mano. Pero de eso hace ya mucho tiempo y ahora siento, con vergüenza, que debo aprovechar las palabras, que está feo malgastar el papel, que vaya letra di merda, ¿no?

Somos solo ella y yo, sentadas a la mesa de una cocina en Roma. Le digo a Roberta que es aquí, en la cocina, donde la gente toma las decisiones más importantes de su vida (“Qué vamos a comer hoy”, “Quiero el divorcio”). Me mira, se le escapa una risata por esos fantásticos ojos negros y regresa al punto grigio.

Escuchamos música en español. Roberta lo capisce tutto. Yo le enseñé a ella y ella hizo lo mismo conmigo cuando llegué a esta ciudad. Han pasado catorce años y nos los hemos pegado hablando, yo en español, ella en napolitano.

Roberta ha vivido en Roma todos estos años. Odio esta ciudad, le digo, porque aquí fui más feliz de lo que soy capaz de recordar. Ayer pasamos con la macchina delante de la casa donde vivió Rocío. Saqué el brazo por la ventanilla, como en el anuncio. Por poco rozo tantas madrugadas corriendo detrás del diciannove, con un cornetto en la boca, la botella de lambrusco en una mano, en la otra Rocío y, con un poco de suerte, algún euro en el bolsillo. Qué alto gritábamos, joder, qué pulmones más henchidos que teníamos. Y qué poca vergüenza nos daba correr borrachas por Roma (¡y vestidas!).

Está sonando una canción de Gabo Ferro que dice “Yo soy todo lo que recuerdo y tú todo lo que has olvidado”. Yo siempre me olvido de todo, no como Roberta, que no solo me ayuda a recordar, sino que me convence de que todo ocurrió tal y como ella lo cuenta. Y yo, cada tanto, vengo a Roma a que me refresque la memoria. A escribir esta carta.

Me pregunta Roberta si me apetece dar un paseo por Monti, llegar hasta la Piazza Venezia, seguir hasta el Colosseo. Le pregunto yo que si para hacer todo eso es necesario salir de esta casa. Prefiero aprovechar el tiempo en Roma escribiendo esta carta, le ruego, oliendo el café recién hecho, escupiéndolo porque a los italianos siempre se les olvida que los españoles le echamos zucchero a las cosas. ¿Sicura? Sicurissima. Prepara otra cafetera y se pone un tutorial de Youtube en el móvil para aprender a hacer una bufanda en condiciones. Parece fácil, dice. Ya verás como esta vez no tendrás que deshacerlo, le digo. Pero a quién le importa. El reloj del horno aún no ha dado las nueve. Aún hay tiempo de sobra.

 

D.

 

Sobre el ingrediente

Ya sabéis dónde vive Roberta y la cara que se gasta y la buena memoria que despliega y el perro preciosérrimo que tiene y el marido aún más precioso que la acompaña. Y a mí, a mí también me tiene, enterita o a trozos, como ella prefiera. Porque para aguantarme catorce años por lo menos hay que irse a vivir a Roma y ser de Nápoles y cantar fados y medir metro y medio y ponerse a imitar a mi padre y luego al suyo y hacer una paella y repetirme las cosas mil veces porque yo no me entero y reírse de mí y dejar que yo me ría de ella y no olvidarse nunca de nada porque sabe que, si ella se olvida, para mí Roma desaparece del mapa. Y aquí lo dejo, que voy a aprovechar que estoy inspirada para escribirle algo bonito que solo pueda leer ella.

19 Comments

  1. Angela |

    Muy buenos días churreros!!! Maravillosooo cuento el de hoy y que homenaje taaaan bonitooooo para Roberta, yo no conozco Italia ni hablo su idioma,pero debe ser por las canciones que he escuchado, los libros que he leído y las películas que he visto, que siento el idioma y la ciudad como algo cercano, lo dicho, me ha encantado, que paséis un feliz fin de semana 😀

    Responder
    • Sr.Churrero |

      Roberta, como muchos de vosotros, se ha emocionado. Tiene pinta de que, entre nosotras, seguirán pasando los años… y las cartas.

      Responder
  2. Kasirucita |

    E’ un mondo difficile e vita intensa,
    felicita’ a momenti e futuro incerto
    [“Me cago en el amor” – Tonino Corotone]

    Responder
  3. Gema |

    Io lo so che no sonno solo anche quando sonno solo no lo sonno solo
    “Fango” de Jiovanotti.
    Preciosa carta. Yo tambien escribia cartas…
    Anche io o parlato un po de italiano con le amichi napolitano … Pero no lo escribo bien obviamente
    Viva Roma

    Responder
  4. Alicia |

    Jope, que bonito os ha quedado el churro…
    Me ha encantado. Habéis hecho que me sentara en un taburete en un rincón de esa cocina di Roma. Gracias! Feliz viernes

    Responder
  5. Estela |

    Ohhh… En mi casa las decisiones importantes también se toman en la mesa de la cocina. Y pronto habrá que decidir ir a Roma…
    Buenos días!!

    Responder
    • Sr.Churrero |

      Estela, estamos conectadísimos contigo, no nos extraña lo de la cocina ni un poquito. Ya nos contarás qué tal ese viaje a Roma. ¡Un abrazo!

      Responder
  6. Santiago (77 años) |

    He estado solamente dos veces en Roma y me sedujo.
    Al estar leyendo el cuento, era recordarla de nuevo.
    Siempre recuerdo (y cuidado que han pasado años) aquella película en la que Anita (la sueca), estaba metida en la fontana de Trevi (era de noche) y con toda su sensualidad gritaba ¡¡¡MARCELO!!!.
    Siempre que se habla de Roma, recuerdo la escena.
    Chao.

    Responder
    • Sr.Churrero |

      ¡Santiago! Qué bueno que este churro te haya refrescado la memoria a ti también. Felices. ¡Gracias!

      Responder
  7. CONNERY |

    ¡Que carta! ¡Que cariño! Y …¡que envidia!Tengo edad para recordar y añorar esos amores fraternales que surgen con esas edades y esas soledades. ¡Que complicidad! Y…., ¡que suerte poder rememorarlo! Hoy, churreros, ha sido extraordinario. Por cierto, no lo abandonéis jamás.

    Responder
  8. Manuel |

    Ayer regresé de Roma. Era mi primer viaje, pero cómo se puede hacer un primer viaje a una ciudad en la que has estado siempre… Roma te conoce. Le perteneces. Ella sabe más de ti que tú mismo. Es vieja pero tremendamente hermosa… y sabia. Te conoce. Conoce cada beso que no has dado al pasear por sus calles. Conoce cada caricia que quedó helada entre ella y yo. Cada abrazo que el deseo abraza y deja suspendido en el aire.
    Ayer regresé de Roma. Cómo regresar de donde no se puede escapar…

    Responder
  9. Chemari |

    Ay churreros, perdon por el retraso!!!

    Hace un rato una nueva amiga que he conocido gracias a vosotros me preguntaba qué se siente al estar en la Universidad…

    Pues este churro con tanto sabor a nostalgia y libertad creo que es lo mas parecido a una respuesta que le puedo dar.

    Responder

Échale azúcar a este churro