Cuentos como churros

Cada día, un cuento recién hecho (cerramos festivos)
Emilia Lanzas Zas Madrid machismo violencia machista puerta del sol huelga de hambre

Porque son mujeres, las matan

escrito por Sr.Churrero / ingrediente de Paco Blanco

Natalia oculta la mirada de la tormenta de carcajadas que ha estallado en el aula, de la bola de papel arrugado que rebota en su frente y cae sobre el pupitre, del gesto reprobador de la profesora, que sostiene en la mano el cuaderno con el dibujo que ha hecho Natalia y que ahora está a la vista de todos sus compañeros.

—¿En esto pensabas mientras yo explicaba las mitocondrias? —dice la profesora.

Y la matan.

 

Nadie entiende todavía que Esther y Lucía sean novias. Ni que disfruten tanto con la elección de los regalos de boda, y se peleen por los preparativos del crucero por el Nilo, y se besen tras la cortina en las pruebas de sus vestidos de encaje. Nadie se explica que el día de la boda no quepa ni un alma en el ayuntamiento. O que las abuelas saquen los pañuelos y se echen a llorar, o que el amigo dedique a estas alturas unas palabras preciosas sobre el compromiso. Nadie comprende que, en el momento esperado por todos, el alcalde se acerque al micrófono y diga Lucía, ¿quieres a Esther por esposa? Y las maten.

 

La mujer que tiene los pies helados se llama Vera Klochkova y, como su nombre sugiere, es la primera bailarina del Gran Ballet de San Petersburgo. Lo sabe todo acerca del frío. Natural de una aldea en Siberia, se crió entre carámbanos y copos de nieve. Así que en cuanto ahorró lo suficiente, se compró una casa en Mallorca. Es una casa unifamiliar de dos plantas que mira al mar. Tiene garaje, un trastero y una caseta para el perro, que se llama Igor. “Igor, mi niño ruso”, dice. Y la matan.

 

Se abre el ascensor en la planta cero de un rascacielos cualquiera de Madrid con Sonia y Paquita dentro. Batas blancas, planchadas con raya, zuecos de goma impolutos, mopas cual espadas. Le sacan brillo a las paredes metálicas. No dejan ni una huella dactilar impresa en el acero mate, ni una china en la moqueta, ni una brizna de hierba fuera del tiesto. Es grande el ascensor. Y entretenido. Se cierran las puertas y Sonia le hace a Paquita una señal sutil, secreta. Y las matan.

 

Que Vicenta Balsells lleva varios días entrando y saliendo del lado oscuro no es ningún secreto. El barrio anda un poco revuelto con la noticia. Mariano Lombardi, su marido, por ahora es el principal afectado. Vicenta jura y perjura que no puede evitarlo, que en cuanto ve una sombra negra y profunda tiene que adentrarse en ella; que es como si una fuerza invisible la arrastrara. Dice que al principio intentaba resistirse, que la negrura absoluta le infundía respeto, pero que luego ha acabado acostumbrándose. Y la matan.

 

Ana siempre pensó que un día sería ceniza, pero nunca brasa. Supone que dejará el trabajo, que se irá de vacaciones, que apagará el móvil. Y que saldrá a la calle con sombrero y comerá huevos con patatas y jamón para desayunar y dulce de leche para cenar y se comprará una cama de dos metros y llenará la bañera de libros y saldrá a  la calle sin depilar y tirará los sujetadores y puede que también las bragas e invitará a una ronda a todo el bar y le dirá a su vecino que tiene los ojos más bonitos que ha visto jamás y volverá a escribir cartas y se teñirá de rubia y dormirá desnuda en la playa. Pero todo eso nunca llegará a ocurrir porque, como a las demás mujeres, la matan.

 

Sobre el ingrediente

Nuestro texto de hoy quiere ser un homenaje a las mujeres que ayer finalizaron la huelga de hambre en la Puerta del Sol en denuncia contra la violencia machista. Durante el mes que ha durado la protesta, han recogido miles de firmas para exigir, entre otras cosas, que la ley contemple la figura del feminicidio.
Esther, Lucía, Natalia, Vera, Sonia, Paquita, Vicenta y Ana han sido personajes de algunos de nuestros cuentos, pero representan aquí a los cientos de mujeres asesinadas por sus parejas o exparejas en los últimos años en nuestro país.
La fotografía es de Paco Blanco y nos la envía Emilia Lanzas por cortesía de Zas Madrid.

7 Comments

  1. Angela |

    Muy buenos días churreros!!! Que pena que todo lo que habéis escrito, sea desgraciadamente verdad, ojalá que las muertes y la violencia contra las mujeres solo fuera parte de un relato de terror, esperemos que con el esfuerzo de tod@s se pueda aplicar una ley que nos defienda y que se llegue la educación a los colegios, a los institutos, a los trabajos… que el respeto al prójimo sea una asignatura obligada y que las muertes sean solo un mal recuerdo.

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  2. Santiago (77 años) |

    Churreros, os vais superando dia a dia.
    Acabo de leer una cita de: Lawrence Durrell, que dice:
    “Hay solo tres cosas a hacer con una mujer.
    Se puede amarla, sufrir por ella o convertirla en literatura”
    Con mis mejores deseos.

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  3. Sole Arroyo |

    Me habían hablado de este rincón de cuentos pero nunca tengo tiempo. Hoy, que estoy de baja por un accidente tonto que me tiene tumbada boca arriba para una semana he entrado a olisquear y doy con esta maravilla. Me habeiis dejado exhausta. Luego he ido entrando a conocer una a una a vuetsras protagonistas (a Natalia, Lucía, Esther a todas ellas) y cada historia era mejor que la otra.
    Quiero daros las gracias y desearos feliz día y preguntaros como me abono a esta web (¡aunque haya que pagar!)

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  4. silvia |

    Desde las aulas, seguimos trabajando… a tope de energía todos los días, y hoy con más intensidad para que desde la educación, ellos, no las sigan matando!! feliz día churreros!!

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  5. Ángeles |

    Un homenaje digno de encuadre.
    Duro, sí, como la vida misma. Como todas las situaciones que denuncia y muchas más que no cabrían.

    Seguiremos trabajando en pluralidad, consciencia y respeto, y por supuesto en condena a cualquier acto que suponga maltrato, vejación o humillación.

    Un abrazo Churreros.

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  6. Chemari |

    Como dice Silvia, esto solo se puede erradicar con educación, educación, educación, y más educación.

    Educación desde que entran en la guardería, para que aprendan que los niños no pegan a las niñas, y que las niñas también se saben defender solas.

    Educación en las casas, para que aprendan que cuando papá y mamá vuelven a casa cansados de trabajar, papá tiene que hacer la cena mientras mamá recoge la ropa.

    Educación en las escuelas e institutos, para que aprendan que, trabajando juntos, es facil llegar mas lejos.

    Educación en las calles, los barrios, las plazas y los parques, para que aprendan que los chicos y las chicas pueden ser grandes amigos. Que si a una chica le caes bien no se quiere acostar contigo. Que si te enrrollas con veinte no eres un campeón. Que si tu amiga se enrrolla con veinte, no es una puta. Y que si no se quiere enrrollar contigo, es porque no le gustas. Punto.

    Educación a lo largo de toda la vida. Educación en igualdad, para que ellos y ellas aprendan a respetarse y valorarse como lo que son, personas merecedoras de afecto, protección y cariño. Y también personas autosuficientes y capaces de construir un futuro propio. Ellos. Y ellas.

    Educación que, hoy por hoy, es más necesaria que nunca. Tenemos que formar a niños y niñas que puedan leer esto sin sorprenderse, que naturalicen la igualdad, y que no le vean sentido a estas campañas, porque ya no hagan falta.

    Tiene que ser así. Porque los días de luto oficial y minutos de silencio no sirven absolutamente de nada.

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    • Estela |

      Chapó, Chemari.
      Eduquemos a los niños, que son el futuro. Eduquemos a los mayores, que somos el presente

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