Cuentos como churros

Cada día, un cuento recién hecho (cerramos festivos)
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Diana Díaz Jiménez(@DiariosALoBestia es su blog)

Con solo 32 años, Diana ya sabía leer, escribir y sintonizar la radio de la cocina. Cuando le propusieron ingresar en la churrería, preguntó si podría encargarse del chocolate. Está muy contenta porque en la foto, dice, se aprecia bien que es de Cáceres, que una vez se tiró de un tren en marcha y que está soltera, como tú.

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Diego Rinoski(@CuentosParaLaTos es su blog)

Aunque tenga cara de psicópata, a Rinoski le hubiera gustado ser mamporrero, hombre del tiempo, viejo verde o diseñador de ropa para perros. Ahora se dedica a las centrales nucleares y a los churros. Es mejor que estar en la cárcel, confiesa.

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Ricardo Hierro

Asturiano exiliado en New Brunswick. Hasta hace poco, combatiente en favor del carajillo pero el carajillo le abandonó por otra. Desde ese día sólo bebe té verde y dispone de mucho más tiempo para escribir. Sigue buscando un editor simpático.

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Rocío Vaquero

Narradora de presa, ve historias en cada persona, animal o destornillador que le rodea. A veces esto le marea un poco. No sabe ni hacer unas lentejas, pero se atreve con los churros porque es divertido jugar con la masa y untar letras como si fuesen mantequilla. Le gustan los girasoles.

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Javier Yohn Planells(@javieryohn en Twitter)

En Sevilla los churros parecen porras y en Madrid los hacen con forma de lacito. Y eso es, precisamente, lo que le gusta de hacer churros: que puede cambiarles el nombre, confundir un poco con los ingredientes, jugar con sus formas, que el comensal nunca sepa qué esperar. Eso sí, siempre con poco azúcar.

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Kike Cherta(@kike_cherta en Instagram)

Tiene una barba que combina muy bien con el mandil. Es cuentista de nacimiento y churrero por voluntad. Considera que las esdrújulas agrian el sabor de la literatura y que un cuento puede ser malo, pero nunca deshonesto. Su sabor favorito es: agridulce.

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Víctor García Antón(@viganton en Twitter)

Se hizo churrero porque el gorro le hace más alto. Le gustan las buenas historias, jugar, compartir, experimentar con los sabores y no dar ninguna receta por segura. También le gusta, y mucho, enseñar a cocinar.