Cuentos como churros

Cada día, un cuento recién hecho (cerramos festivos)
La vida en un pensamiento

Las tres de la tarde

escrito por Sr.Churrero / ingrediente de Enrique Farelo, ganador del concurso de fotografías de Cuentos para el Andén

El banco está mojado porque ha llovido. Igualmente se sienta el viejo y las palomas corren a su encuentro porque son las tres de la tarde.

Es agradable saber que el tiempo sirve para algo. El tiempo sirve para dar de comer a las palomas aunque haya llovido.

En casa, su mujer le preguntará por qué se sentó en el banco mojado, por qué no esperó a que el sol tibio de octubre hiciera más agradable el paseo. El viejo no explicará nada. Cenará a las nueve y se acostará a las diez. Se levantará a las ocho. Continuará agarrándose al orden de las manecillas para pilotar los días, con una tozudez excesiva que le hará parecer severo, obtuso, egoísta. Tendrá miedo al despertar hasta ver la hora en el reloj de la mesilla. Apuntará de un modo celoso las citas del médico y los días de cobro de la pensión y los aniversarios de los funerales para las misas.

Necesitará que la muchacha contratada para limpiarles el polvo y lavar las sábanas llegue a las en punto y se vaya a las y media, y se parará abrumado, casi con la confusión de un niño que se pierde, ante el cartel de Cerrado por vacaciones en el bar donde lee el periódico los domingos.

El viejo hará estas cosas y resultará difícil para los hijos que no pueden cancelar una visita o para el portero del edificio que atiende los radiadores. Será también una heroica resistencia ante el barrido que hace el tiempo, un modo de agarrarlo y vigilarlo y detenerlo.

La rutina es buena para las palomas. Buena para la memoria y para los relojes. Buena para los viejos, para este viejo, aunque a veces le deje mojados los pantalones porque a la hora del paseo haya llovido.

 

 

Sobre el ingrediente

Los churreros nos agarramos a las tradiciones, al igual que el viejo del relato, para ir plantando picas y bastos en este fluir que es el tiempo. Como cada mes, y siguiendo a rajatabla el calendario, hoy colaboramos con nuestros amigos de Cuentos para el Andén. Ellos nos han presentado a Enrique Farelo, el autor de la fotografía. A Enrique le preguntamos si le gustaban los gatos y lo que nos contestó fue una sarta impronunciable de notas musicales. Si os gusta el jazz o si os gustan las cosas bonitas, os recomendamos encarecidamente que golpeéis con los nudillos su ventana. Aquí os dejamos su blog El escriba del Jazz y su hipnótico Flickr. Un abrazo, queridos lectores, y buena suerte al cabalgar la vida.

7 Comments

  1. ANGELA |

    Muy buenos días churreros!!! Estupendooo el cuento de hoy. A mi me gustaría no caer en la rutina, sobre todo cuando llegue la hora de mi jubilación, me encantaría viajar, apuntarme a talleres, dar largos paseos, ir a comer con los amigos, desayunar viendo amanecer… Lo que tengo muy claro es que no daré de comer a las palomas 😉

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  2. Ángeles |

    Contar el tiempo es necesario para muchas personas , yo vivo feliz sin reloj y ni falta q me hace, me niego a ser prisionera de mediciones tan severas. Debo ser de otro planeta…

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  3. Enrique Farelo |

    A todos nos gustaría hacer y ser, pero la vida y no la rutina nos pone en el lugar que nos corresponde. Todos tenemos una idea de la vejez que nos gustaría cumplir aunque no siempre consideramos que los años, que no parecen modificar nuestra vida, sí que lo hacen y lo hacen para perjudicar nuestra salud físico-mental y para impedirnos realizar nuestra idílica vejez.
    Quizás no podamos caminar, quizás no podamos ya ni pensar ni recordar. Quizás ya sólo vivamos para esperar…………….
    Gracias por todo amigos.

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Échale azúcar a este churro