Cuentos como churros

Cada día, un cuento recién hecho (cerramos festivos)
Las musas y la novia fea_Arantxa Aesebe

Las musas y la novia fea

escrito por Sr.Churrero / ingrediente de Arantxa Aesebe

La novia del poeta no es guapa. No solo eso, es que es fea. Innegablemente fea. No con una fealdad novedosa, no: es fea a retales. La nariz, por ejemplo, sobraba de algún pájaro exótico.

El poeta ha entendido, por fin, la razón de que los poemas le queden tan secos, tan siesos, tan sosos, tan de cuello almidonado. Su novia es fea. Y punto.

Su novia es encantadora. Habla tres idiomas. Cocina sushi a medio día y folla muy bien. Es divertida, su novia, le encantan los Monty Python. Juega al fútbol y solo ve cine subtitulado. Pero es que es muy fea.

El poeta lleva toda la tarde sentado frente a la ventana. Los tejados de Madrid a sus pies, plegados para guardarlos en una caja. El sol agarrándose con los dedos al horizonte, como un niño al borde de la piscina. La Polonesa heroica girando a toda velocidad en un auténtico tocadiscos de mercadillo. Hasta ha ayunado, el poeta, para que el gato del hambre le arañe las entrañas.

Y sin embargo, las palabras se cortan con escuadra y cartabón. Calculadamente amaestradas se sientan en fila como funcionarios a la espera de las tres de la tarde.

No hay duda: su novia es muy fea. No puede ser otra cosa.

A su novia, el poeta la quiere mucho. Ella siempre le espera con una sonrisa, no le reprocha que llegue tarde; los genios, ya se sabe, le disculpa. Paga a menudo las cenas, cañas, vermús, casas rurales y taxis; el arte, ya se sabe, se cobra poco. Le regala libros antiguos reeditados, en tapa dura, con un marcapáginas de bambú. Compra entradas para el teatro y, todas las noches, le manda un mínimo de tres corazones por Whatsapp.

A su novia, el poeta la quiere mucho, eso es innegable. Pero ya hace más de un año que los versos se le resbalan, se convierten en remix de canciones de Sabina. El poeta es un espíritu elevado. Se conmueve con el vuelo de una mariposa, con el amanecer, con la inmensidad del océano. El poeta ama el arte y, por tanto, ama la belleza. Y amar es más que querer y su novia más que fea es horrorosa.

El poeta toma una decisión: tiene que cortar con su novia. Cortar para siempre y no volver a verla, quitar todas la fotos, quemarlas probablemente, hacer que se evapore la maldición de su esencia, lavar las sábanas, las sillas y, por supuesto, la mesita del salón.

El poeta, que es un romántico, se sienta y escribe una carta larga, a mano, porque su novia no se merece menos después de dos años de amor incondicional. Baja al estanco, compra un sello que representa a la Ciudad de las Artes de Valencia, la echa al buzón y se sienta a esperar la transformación.

Dos días después (el poeta envió la carta más allá de la hora de reparto) todo son llamadas de teléfono y duelos y quebrantos. La novia se planta en la puerta del ático abuhardillado. La tristeza, que tan bien le sienta a las heroínas clásicas, a ella le ha deformado el rostro hasta parecer una máscara de carnaval. Los ojos achicados de noches en vela se rodean de sombra oscura, en la piel amarillenta han nacido tres gloriosos granos de cabecita blanca.

Llora a moco tendido, la novia. Se conmueve, el poeta. Y por eso insiste en recordarle que las pasiones más grandes acaban en tragedia. La amará siempre, le dice. La novia pregunta dónde está el problema. Pregunta si ha conocido a otra, si tiene que mudarse, si tiene problemas con el alcohol. El poeta le coge las manos y le habla de las hojas en otoño, hace una metáfora con el mar de la que se siente especialmente orgulloso.

Luego cierra la puerta y respira hondo. Pone música de Billy Holiday. Enciende un cigarro y se agarra con la mano la parte del pecho donde late el corazón. Sus venas se rellenan de arte como las cañerías de un edificio nuevo. Apura el cigarro y se sienta en la mesa. Transfigurado por la musa, escribe:

Te has ido, amor,

y las paredes de mi cuarto

se agrietan

por tu ausencia…

 

Sobre el ingrediente

Nuestro poeta gilipollas con olor a naftalina y a gomina de oferta ha nacido de una fotografía que nos envía Arantxa Aesebe. Arantxa no nos cuenta mucho de sí misma, pero no hace falta; como una imagen vale más que mil palabras, aquí os dejamos su su galería de Instagram. Tened un buen día, amigos, y no os dejéis engañar por los intensos de tres al cuarto por muy poéticos que se pongan.

12 Comments

  1. Daniela |

    Buenos días churreros, me da miedo escribir algo que caiga en la gilipollez del poeta de altos vuelos del cuento de hoy. Un buen rapapolvo a las palabras altisonante, los sentimientos elevados y la belleza perfecta. Un beso sin adjetivos para los churreros y los lectores de los churreros.

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  2. Ángeles |

    Le sobra ego, comodidad y estupidez.

    Pero qué pedazo perfil habéis creado!!!! Aplauso y ovación!!!

    Chulada y media de foto!!

    A ver cómo le “define “ Chemari cuando venga … 😀

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    • Chemari |

      Jajajajajajaja!!! Que expectación por favor…

      Aunque tampoco tiene muchas vueltas, el Garcilaso impresentable este…

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  3. Kasirucita |

    “Dices que tienes corazón, y sólo lo dices porque sientes sus latidos; eso no es corazón… Es una máquina que al compás que se mueve hace ruido.”
    Gustavo Adolfo Bécquer

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  4. Chemari |

    Querido poeta de pacotilla, con cariño:

    “En tu puerta me cagué,
    pensando que me querías.
    Ahora que se que no,
    dame la mierda, que es mía”

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  5. Angela |

    Muy buenas noches churreros!!! Vuestro cuento me ha encantado, aunque al personaje es para darle de comer aparte, pero ha valido la pena, lo que me he podido reír con los comentarios de Ángeles y Chemari y me ha alegrado mucho la vuelta de Kasirucita 😀

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  6. Lucía |

    Y si…
    …el poeta ha sido coherente consigo mismo?

    Y si…
    …ha hecho lo que sentía sin importarle lo que opinen l@s demás?

    Y si…
    …se ha aceptado a si mismo al asumir que su novia le parecía fea y que ello le suponía un problema?

    …quizás haya dado un pasito necesario para su crecimiento personal…
    …en fin…
    …que puntos de vista hay tantos…

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Échale azúcar a este churro