Cuentos como churros

Cada día, un cuento recién hecho (cerramos festivos)
20170303-María Gómez

La mujer del faraón

escrito por Sr.Churrero / ingrediente de María

Desde que brotó esa pirámide en el jardín, José Miguel no parece el mismo hombre. Sale medio desnudo a pasear por las zonas comunes de la urbanización, la piel cubierta de pan de oro, sin importarle lo que opinen los vecinos. Ya no se ducha a toda prisa como hacía antes: chorreón de agua tibia, esponja y gel. Se dedica todo el tiempo del mundo, más de una hora a la higiene. Ha comprado una bañera con el fondo nacarado en una tienda de antigüedades de la Corredera Baja. La bañera tiene garras de león y un perfil curvo y cálido. Se sumerge José Miguel cada mañana en un lecho de aguas perfumadas. Frota la piel con arena del desierto, hasta hacerse sangre. Dice que la arena del desierto es el mejor exfoliante, que barre las impurezas y abre los poros de par en par. Para comer, apenas toma otra cosa que no sean frutos secos. Pistacho iraní de primera. Se pone ciego. Lo llena todo de cáscaras.

Afirma que son esas rutinas las que dan sentido al tránsito del faraón por el mundo.

Pero resulta que José Miguel no es un faraón ni de lejos, es un pequeño constructor en una ciudad dormitorio a treinta kilómetros de Madrid. Hasta ahora llevaba una vida corriente. Una reforma aquí, una promoción allá, un pequeño soborno al responsable municipal de turno. Muchas veces bastaba con una comilona en un asador de postín, empapada en vino de Ribera y con putas polacas de postre. La existencia de José Miguel era eso, vivir arrimado a una mesa con mantel, vajilla buena, copas Riedel; vivir pisando moquetas y despachos, americana y corbata. Pero, de repente, apareció en mitad del jardín la pirámide, solitaria, enigmática, calada de recovecos y cámaras por las que merecería la pena perderse.

La mujer de José Miguel está trasvasando esquejes de una jardinera a otra. Lleva un vestido de entretiempo estampado con jazmines y una pamela amplia para protegerse del sol. Se pone en pie, avanza unos pasos, se agacha de nuevo y da unas palmadas en los costados de un arbusto para ahuecarlo y que luzca suelto. La jardinería aún le distrae. Tenía pensado plantar una higuera, quizá dos, en el lugar que ha usurpado la pirámide. Está triste porque tanta piedra junta deprime. A ella, que siempre fue de flora y no de roca, lo que de verdad le gustan son los frutales frondosos. Se acaba de echar en la tumbona. Quiere pasar un rato tranquila a su aire. Un ruidito interrumpe su reposo. Gira la cabeza. Es José Miguel, que parece dispuesto a salir de casa. Está abriendo la puerta corredera que conduce al exterior. Lleva el cuerpo espolvoreado de oro. Se va de paseo otra vez como su madre lo trajo al mundo. Lo hace cantando algo repetitivo, con ritmo cansino de salmodia. Emplea un idioma inventado y, mientras avanza, se propina briosos golpes por toda la superficie del cuerpo.

José Miguel y su mujer no tienen hijos. Afirman que nunca quisieron tenerlos, que preferían un perro. Por eso compraron hace ocho años un setter irlandés de pura raza. Le pusieron Amón, como si de algún modo presagiaran que estaba por llegar el día en que de su jardín brotara una enorme pirámide. Ahora José Miguel dice que lo correcto sería cambiarle el nombre al perro cuanto antes, que llamarle Amón es todo un sacrilegio, una afrenta a la religión del antiguo Egipto. Y la mujer de José Miguel asiente y no lo contradice porque nunca lo hace, porque en el fondo lo adora y quiere seguir viviendo con él muchos años, tantos como él vaya a cumplir. Y si un día José Miguel faltase —Dios no lo quiera— su mujer lo tiene claro, a ella que la entierren en vida a su lado, en el interior de la pirámide, si eso es lo que a él de verdad le complace.

 

Sobre el ingrediente

La autora de la foto de hoy se llama María y es emperatriz de Galicia, de Asturias (en su nostalgia) y de Cercedilla y alrededores. Esos alrededores alcanzan hasta Madrid, porque María fue bastante tiempo vecina de Chamberí y antes, de un rincón de Cataluña.
María acaba de volver de Egipto y, parapetada bajo la sombra fresca que dan Keops, Kefrén y Micerino, la imaginamos leyendo. Es amiga de la churrería desde tiempos remotos. Ella, que tanto lee, se deja caer de vez en cuando por aquí si es que encuentra un rato y no tiene invitados en casa. Porque María atiende a sus invitados con entrega de mamma napolitana. Recibe con la sonrisa puesta en esos dos ojos de agua que tiene. Recibe a mesa extendida en el jardín, con despliegue de manteles, vajilla y cristal.
Ya huele a almendra frita en el Arca de Noé en que vive María, ya huele a sopa ligera, bien desengrasada; huele a rica empanada de todos los rellenos posibles. Con el estómago lleno hablamos a los cafés de lo que escribimos y lo que leemos. Y damos gracias a María por cuidarnos con tanto mimo.

15 Comments

  1. Pilar |

    El mundo sería otro si cada uno tuviéramos una María en nuestra vida.
    Y la pirámide en el jardín ya, la repanocha.

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    • Sr.Churrero |

      Amigos y familia, querida Pilar. Eso es harina de fuerza, levadura, sal y azúcar. Todo en uno.

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  2. Angela |

    Muy buenos días churreros preciosooo el cuento de hoy, y que suerte tener a Maria para cuidaros, por eso vuestros churros salen tan ricos 😀

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    • Sr.Churrero |

      Nos cuida María, nos cuidas tu, Ángela… Nunca se vio patrulla de churreros mejor cuidada.

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    • Sr.Churrero |

      Un churro acogedor como la casa de María. Más quisiéramos, Mar.
      Bienvenida a esta churrería, por cierto. ¿Quieres tomarte algo?

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  3. Kasirucita |

    “Alto profundo es esto que nos une, esto que nos devora y que nos crea; ya se puede vivir teniendo el alma cogida por el alma del que esperas”
    [Gloria Fuertes] … hoy no podía ser otra!!

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  4. Santiago (77 años) |

    Este cuento me “huele” a cambio…
    Rotura con el pasado, borrón y cuenta nueva.
    Nueva actitud ante la vida.
    Este hombre, ha evolucionado, se ha esforzado.
    Ha encontrado su lugar en el mundo.
    Quiere vivir en libertad (que difícil)
    Como dice una persona muy cercana a mi:
    La vida que se vaya a la mierda.
    Yo quiero VIVIR.
    Que os voy a decir “churreros”, el cuento… ESTUPENDO
    Larga vida

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  5. Sr.Churrero |

    Larga vida a ti, Santiago. Un gusto como siempre invitarte a un churro y leer tu comentario.

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  6. Chemari |

    A ver sí, mucha coña con la pirámide / champiñón y todo eso,

    Pero hace unos 2000 años un tal Jesús se encontró una piedra, le dijo a un tal Pedro que levantara una iglesia, y por aqui vamos…

    Si es que las religiones y los profetas salen ya de cualquier sitio. Que barbaridad

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  7. Sr.Churrero |

    ¿A quién no le gusta embadurnarse de polvo de oro, Chemari? Eso no es religión. Es un vicio.

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  8. Ana Santamaría |

    Mira por dónde me ha apetecido mirar en la despensa y me he encontrado con este churro tan apetecible. Qué gracioso. Me ha gustado esa pirámide que brota y cómo contagia el estilo de vida. Qué bueno. Genial todo: foto y churro.
    Un abrazo.

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