Cuentos como churros

Cada día, un cuento recién hecho (cerramos festivos)
20170220-javi Sanz onemoretime

La lluvia en la medina

escrito por Sr.Churrero / ingrediente de Javi Sanz

Alí Al Ahbalum mira al cielo con esperanza.

—Parece que hoy fuera a llover —comenta.

Y se le humedecen los ojos porque la lluvia le recuerda a una expedición que hizo con sus abuelos, siendo aún niño, al Oasis de Betberej.

Llevaban pan ácimo, dátiles y pastela de garbanzos. Cayó una tormenta de aúpa. La lluvia sobre el desierto es un hecho inesperado y, por ello, un augurio inequívoco de buena suerte. La abuela abandonó las cazuelas sobre la arena y se puso de pronto a bailar. El abuelo se aproximó y la sujetó del talle. Alí se unió a aquella fiesta. Fue grandioso verse cegado por tanto amor, las telas del abuelo con las telas de la abuela, Alí oculto debajo de todas ellas.

————

Alí últimamente llora. Llora de forma repentina. A la mínima, va y llora. Llora porque ya es un hombre anciano y a los hombres ancianos les pasa eso, que se les dispara el sentimiento. Se ponen a lagrimear como idiotas ante cualquier acontecimiento que les sacuda de su sitio y les lleve de vuelta a la infancia, al lugar añorado.

A la mujer de Alí, en cambio, los años la han endurecido. Ya nada parece capaz de emocionarla, arrancarle un gesto luminoso de sorpresa. Ante cualquier cosa asiente. Todo lo que pueda pasar a su alrededor le parece normal, aceptable. Antes era ella la que de vez en cuando lloraba. Ahora es Alí el que lo hace a menudo. No se trata de un llanto medido, un llanto callado que se pueda disimular.

—Mira, se me metió algo en el ojo.

La de Alí Al Ahbalum es una llorera en toda regla.

A Alí la lluvia le hace viajar al pasado y a la ruta entre dunas que conduce al Oasis de Betberej. La lluvia le trae de vuelta a su abuela y a su abuelo bailando a las puertas del desierto, como un par de adolescentes.

————

Han pasado demasiados años desde aquella expedición al Oasis de Betberej. Hoy es un día cualquiera en la medina. No caben más sobresaltos que los propios en una jornada corriente hasta que, de repente, se pone a llover. Prorrumpe el chaparrón y la última hora de la tarde se puebla de una maraña de nubes grises. Chapotean los niños que se arrojan a los charcos infrecuentes. Exploran, con los pies descalzos, el contacto húmedo del barro al tiempo que la vieja mujer de Alí sale al patio en una carrera a recoger la ropa que dejó tendida esta mañana. De poco sirve tanta prisa. Está ya todo empapado. Entonces se le acerca Alí por detrás. Toma a su esposa de la mano muy fuerte y a ella se le cae, en un sobresalto, el fardo de la ropa al suelo. Azulean las venas en la mano de ella. También en la mano de él. Les tiemblan los dedos, diez dedos entrelazados delgados como espigas. La mujer se gira. Dan los dos un paso al frente. Alí acerca la boca a la barbilla de ella. Se diría que aquello ha sido casi un beso.

—Qué tonto eres, Alí —acierta a decir su mujer.

Él asiente.

Atrapados en un abrazo, se toman fuerte de la cintura.

Sigue lloviendo sin tregua mientras ellos dos bailan.

 

Sobre el ingrediente

La foto que dispara nuestro churro de hoy no fue sacada en Marrakech, en Túnez o en Mascate. Nada de eso. El que aparece en ella es un señor caracterizado para unas jornadas celebradas en Almonaster la Real donde la gente se lo pasa pipa. Es justo lo que nos dice Javi Sanz, autor de ese retrato, que él se lo pasa pipa. Javi es la mar de feliz en ese rinconcito de España llamado Huelva donde conviven playas interminables, una sierra que huele de maravilla y un jamón con la grasa entreverada como para abrazarlo y llorar. Javi ya estuvo por aquí otra vez. Fue allá por enero de 2015. ¿Os acordáis de ese churro mínimo con botijo que llamamos La fuente? Jamón de pata negra, oiga. Como las fotos de Javi que ya en ese lejano día os recomendábamos a todos vosotros, amigos y clientes.

16 Comments

  1. Pilar |

    Delicioso churro y digáis lo que digáis a mí se me han llenado los ojos de arena y se ha extendido olor a mirra

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  2. Estela |

    Mi casa acaba de inundarse de olor a lluvia y tierra mojada, a bailes y telas de algodón, a miradas al alma y manos entrelazadas…
    Canelita fina que trae el viento del sur.

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  3. Domingo |

    Por qué será que la lluvia inesperada nos lleva a ese momento mágico, familiar y eterno? Ese olor a tierra mojada a la tierra de nuestra esencia. Gracias por este churro entrañable

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  4. Angela |

    Muy buenos días churreros!!! Preciosoooo el cuento de hoy, me encanta el aroma que desprende a tierra mojada 🙂

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  5. Silvia Vallejo Hidalgo |

    El AMOR! flotando entre la lluvia, paso a paso sus manos rodean su cintura, vuelan y vuelan.

    Qué churro tan divino lo he leído tres veces y con gusto lo compartiré.

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  6. Chemari |

    Como decían en My Fair Lady, la lluvia en la medina es una maravilla…

    Espera, en la medina? O era en otro sitio? Sevilla? Burgos?

    Pues eso, que que bien que llueva

    Feliz miercoles!!

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    • Sr.Churrero |

      Hasta en la Sierra de Grazalema, que dicen que es donde más llueve, la lluvia es una maravilla si se recibe bailando, Chemari.

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Échale azúcar a este churro