Cuentos como churros

Cada día, un cuento recién hecho (cerramos festivos)
La chica de goma_Adriana Petrigliano 2

La chica de goma

escrito por Sr.Churrero / ingrediente de Adriana Petrigliano

No tenía huesos, la chica de goma. Dormía dentro de una cesta, enroscada como una serpiente de cascabel de las que hacen danzar los flautistas en las ferias. No tenía huesos, no era en absoluto rígida, era flexible, flexible como un junco, como un junco que se dobla antes que partirse, ay, ay, ay, antes que partirse.

Le parecía bien que la metieran en una cesta, a la chica de goma. Y que la cesta fuera pequeñita, pequeñita, porque en el circo no hay espacio para un camerino, aunque fuera ella la estrella. Qué estrella la chica de goma, de elásticos tejidos sin pizca de calcio, sin migaja de cartílago, sin rótula, sin rodillo, como un pan bien amasado.

Le parecía bien la cesta, a la chica de goma, y le parecía bien quedarse en la parte de arriba de la baca, baca con b: baca de equipaje. Justo junto a la colección de cuchillos del lanzador de cuchillos, ahí estaba la cesta, traqueteando todo el viaje. Y, por cierto, que el lanzador de cuchillos se reclinaba cómodamente en su asiento de terciopelo, y miraba por la ventanilla, disfrutando del paisaje que cambiaba, ay, cambiaba cuando cambiaban de provincia y de país y de continente.

Tenía unos cabellos finitos y débiles por la falta de sol, la chica de goma. Sin gota de vitamina C, metida en su cesta. Le preguntaron si le importaba no cobrar el mes porque, ay, era difícil mantener en pie el circo. Todo el mundo sabe que el público se aburre en seguida de los espectáculos, de los fenómenos, de las estridentes risas de los payasos. Y ella «que sí, que sí», eso decía con su voz flexible, maleable, tomando la forma que la vida le daba, comiendo las mondas de las patatas porque, ay, todos saben lo que exige un circo. Es importante, por el bien de todos, que la trapecista pinte sus cabellos con hena del desierto rojo, aunque sea absurdo y desorbitado el precio de la hena del desierto rojo. Rojo brilla más bonito con los focos cuando la trapecista cruza el cielo. Estrella de fuego, la llaman.

Ni un poquito de firmeza, la chica de goma, en sus articulaciones que se articulaban para cualquier ángulo, sin guardar línea con el horizonte. Ni grados ni antígrados, la chica de goma decía «que sí, que sí» cuando le propusieron cortar su vestido y mostrar los senos elásticos y blancos. El circo se moderniza y el público paga más si puede imaginar luego, en su casa, que acaricia esos pezones de rosada gelatina. Y si aumentan los beneficios, le decían, podremos comprar por fin un cepillo grande con el que lustrar los colmillos del elefante, que le hace falta al gigante una limpieza dental.

Qué resistencia podía poner la chica sin calcio, sin viruta de dureza, cuando le pidieron por favor si cedía su cesta a la mujer peluda. Necesitaba con urgencia un lugar donde colocar los restos que afeitaba de sus barbas y luego vendía, enlazadas, como recuerdos a los visitantes. La chica elástica comprimió lo más que pudo sus carnes compresibles y consiguió, no sin penuria, enroscarse dentro de un dedal. Le costaba, a veces, mantener la posición al chocar las pestañas contra su tobillo izquierdo, pero qué es un poco de esfuerzo, se decía, cuando se trata de adaptarse a los demás. Adaptarse a los demás, se repetía. Adaptarse. Adap.

 

Sobre el ingrediente

¡Tatatachán! Damas y caballeros, bienvenidos una semana más a esta locura tan sana que es La Churrería más cuentista del planeta. Hoy, para ayudarnos en este más difícil todavía, hemos contado con la ayuda de Adriana Petrigliano, una vieja amiga que nos sigue desde La Rioja argentina. Adriana nos mandó esa foto circense y nos sacó los colores, y es que Adriana coordina talleres literarios y dice que nuestros churros le sirven como material didáctico. ¡Toma ya! Además, Adriana escribe poesía y acaba de publicar un libro. Más sobre Adriana en su blog infinito o también en su Facebook.

8 Comments

  1. Kasirucita |

    Y me enamoró!, aunque era un hada alada y
    yo seguía siendo nada no importó,
    eramos parte del mismo colchón
    hasta que juró, “nos querremos mas que nadie
    pa que no corra ni el aire entre tu y yo”
    Sentí que me iba faltando el calor.

    Le hizo un trato al colchón, con su espuma se forró
    el corazón, que anoche era de piedra y al alba era
    de mimbre que se dobla antes que partirse… que partirse…
    [Corazón de Mimbre, Marea] 😉

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  2. Daniela |

    Ay, Kasirucita, me llegas al corazón. Después de haber leído esta historia yo también me siento blanda por fuera y por dentro. Que pena la chica elástica! un día se meterá en el dedal y ya no va a poder salir y nadie la echará de menos porque hay mucha gente elástica en el mundo y mucho lanzador de cuchillos.

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  3. Angela |

    Muy buenas tardes churreros!! Estupendooo el cuento de hoy. Pobre chica elástica, de tanto adaptarse a las exigencias del circo, ha llegado a doblarse tanto que un día desaparecerá y seguro que entonces la echan de menos…

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  4. Chemari |

    Un día la chica de goma se empezará a estirar, estirar y estirar… y entonces se hará grande, muy grande, inmensa…

    Y ese dia se va a cagar la perra.

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  5. Ángeles |

    Pobre chica de goma…
    Sal del dedal, te adopto!!!
    Podemos inventar pociones y pócimas para recuperar ese esqueleto interior que te aporte firmeza hasta donde desees, o construir un exoesqueleto de lo q más te guste, corteza de árbol, escamas…

    Vente p’a Madrid!!!!

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Échale azúcar a este churro