Cuentos como churros

Cada día, un cuento recién hecho (cerramos festivos)
Hambre

Hambre

escrito por Sr.Churrero / ingrediente de Fem-ho

Un hombre camina por el sendero de un bosque quemado. Lleva puestas unas botas de goma y una gorra de cazador, y carga con una sillita de camping, una nevera portátil y una caña de pescar. Los esqueletos de los árboles le guían hasta una charca que fue lago. El hombre despliega sus enseres junto a un cartel mohoso que reza Por favor, no pescar. Saca de la nevera una lombriz gorda y carnosa y la ata al anzuelo de su caña. Se mete en el agua turbia, lleva el brazo hacia atrás y de un latigazo rompe el techo de la charca con el hilo del sedal. Las aguas mansas se revuelven. Una bandada raquítica de pájaros negros cruza el cielo.

El hombre, oculto bajo su gorra de cazador, regresa a la orilla. Todavía no se ha sentado en su sillita de camping cuando el sedal se tensa de golpe. El hombre se apresura a tirar de la caña con forma de cúpula y arrastra un pez danzarín hasta la orilla. Es un pez torcido y viscoso. Tiene la boca cerrada, como pespunteada por el hilo del sedal. El hombre le extrae la lombriz sin descoserle la boca y despacha su cuerpo húmedo sobre el lecho seco. El pez que no puede boquear se muere sin hacer ruido.

No hay nadie más en la charca prohibida. No hay guardas que vigilen el bosque muerto y los excursionistas prefieren paisajes verdes para sus paseos de domingo. El hombre mira dentro de la nevera. Está llena de lombrices que se enroscan unas con otras. El hombre también mira la charca revuelta. Está llena de peces que boquean en la superficie. Cierra la nevera y se decide por la lombriz, ahora más arrugada y más sucia, con la que pescó su primer pez. La ata de nuevo al anzuelo de su caña de pescar y repite el movimiento. Brazo hacia atrás y latigazo restallando sobre la piel de la charca.

Esta vez tiene que esperar un poco más, pero el sedal acaba por tensarse de nuevo. El ladrón, satisfecho bajo su gorra de cazador, recoge carrete y saca del agua otro pez, más flaco pero con la piel igual de viscosa que el anterior. La lombriz es apenas una mueca. El hombre arranza del pez con boca pespunteada lo poco que queda de ella y repite tarea con el siguiente ejemplar. La nevera, que rebosa lombrices nuevas, permanece cerrada. Sobre el lecho se amontonan silenciosos los peces muertos. Abajo los más grandes, arriba los más pequeños, pero todos igual de viscosos que el primero. Mientras, en el agua, los pocos peces que quedan vivos resisten hambrientos su turno para morder el anzuelo.

 

Sobre el ingrediente

Esta es la foto de un bosque quemado sobre el que alguien levantó una cruz en señal de duelo. Nos la envían Xevi, Olga y María, las tres almas generosas que están detrás de Fem-ho (hagámoslo), una iniciativa con la que tratan de devolver a la naturaleza un poquito de lo que ella nos da. Empezaron, nos cuentan, poniendo semillitas en los jardines de su ciudad y plantas en descampados cercanos. Los churreros no estamos seguros de que los cuentos se puedan regar, pero lo que sí sabemos es que sirven para dar a conocer a un montón de gente que hace cosas buenas. Enhorabuena a Xevi, Olga y María y larga vida a Fem-ho. ¡Hagámoslo!

20 Comments

  1. Hitos |

    Hoy vamos a necesitar un vaso de agua para acabar el desayuno. Se me atragantó el pez en medio de la garganta seca.

    Buenos días. Buen cuento.

    Responder
    • Sr.Churrero |

      Muchas gracias, Hitos. Trataremos de darte un poquito de agua con el próximo churro para pasar el mal trago. 🙂 ¡Abrazo, amiga!

      Responder
  2. Angela |

    Muy buenos días churreros!! Estupendo el cuento de hoy. si es que nos estamos cargando el planeta hace falta mas iniciativas como las de Xavi, Olga y María un aplauso para ellos

    Responder
  3. El carterista camuflado en tu vagón |

    Puagggg! Y en este caso que diga puagggg significa que el churro es muy muy bueno, aunque haga puagggg me lo he zampado 2 veces

    Responder
  4. Estela |

    Este churro sabe mal, amarga, sabe a lodo sucio, a marisma seca y huele a humano miserable. Y no corre ni una brizna de aire fresco. Qué angustia, churreros, qué angustia.

    Responder
  5. Chemari |

    Uy que alguien en la churrería se ha leído a Cormac McCarthy…

    O será que Cormac McCarthy se ha hecho pasar hoy por churrero??

    Responder
    • Sr.Churrero |

      Jijiji. ¡Muchas gracias, Chemari! Eres nuestro recomendador oficial de bibliografía. 🙂 ¡Abrazo!

      Responder
  6. CONNERY |

    No vuelvo a pescar en la vida. Sin duda los peces se vengaran. Y la lombrices no digamos. Un churro muy negro

    Responder
    • Sr.Churrero |

      Te dejamos que sigas con la pesca deportiva, Connery. 😉 Un abrazo y gracias por estar al pie del cañón.

      Responder
  7. salamandra |

    No sé si actuaba por evitar una terrible agonía a los peces o por aplacar su instinto depredador, pues, no había dios que se comiese lo que sacaba de la charca.
    Pero sí pensó, mientras pescaba, que nunca más fumaría en el bosque.

    Responder
  8. Fem-ho |

    ¡Muchas gracias! ¡Estamos que nos salimos por vuestra publicación! Os enviamos la foto en un arrebato porque nos encanta lo que haceis. Pero al ir leyendo los cuentos nos dimos cuenta que los ingredientes que os llegan son magnificos y muy buenos y elaborados. Pensamos en intentar aprendre ràpidamente los secretos de la fotografia para poder daros un ingredients mejor. ¡Pero os habeis adelantado demostrando que un buen churrero hace maravillas con todo! Y que, como en la vida misma, hay cuentos de todos los colores. A partir de ahora cada vez que pasamos por ahi nos acordaremos de los peces y de las veces que nos hemos sentido como ellos. ¡Un besazo!! ¡Soys geniales!

    Responder
    • Sr.Churrero |

      ¡Jo, qué ilusión leeros! Y qué grande saber que el espíritu de la churrería se contagia. De eso trata este proyecto: tarde o temprano, si el ingrediente se envía con cariño, la receta acaba saliendo. 🙂 Mucha suerte y larga vida a Fem-ho. ¡Abrazos a todos!

      Responder

Échale azúcar a este churro