Cuentos como churros

Cada día, un cuento recién hecho (cerramos festivos)
Espectaculo_LazaroVentura

Espectáculo

escrito por Sr.Churrero / ingrediente de Gerardo-Javier Lázaro Ventura

El payaso triste ha terminado su función.

Las últimas notas de su trombón se deshacen sobre el escenario.

Ha sido tan hermoso, tan inesperado, tan nudo en el estómago.

Arrastrando sus zapatones, el payaso triste recoge los restos que ha dejado su espectáculo. Las dieciséis pelotas de malabarismo, la flor que escupe agua, la jirafa hecha con globos, esa pistola con el cartelito de BANG, el largo pañuelo que nunca parecía terminar de salir. El público observa expectante. ¿No se dan cuenta de que la función ha terminado? Claro que se dan cuenta. Pero siguen mudos y atentos. El payaso triste llama con un silbido al chucho que le ha ayudado en un par de números. Este aparece tras la cortina de la tramoya, el payaso triste lo recoge en brazos. Se aproxima al borde del escenario. Hace una reverencia. «Fin», parece querer decir. El perrito en brazos y dos lágrimas pintadas en la cara.

Pasan unos segundos de estupor antes de que alguien comience a aplaudir. Es un joven universitario de uñas pulcras, gafas estremecidas, pelusilla en el bigote. El aplauso suena poco convencido de sí mismo. Poco a poco, otros espectadores se le van sumando. Aleteo de manos. Una señora enorme y demasiado rubia se arma de valor y se pone en pie. Su marido, chiquitito y bigotudo, se levanta también.

—¡Bravo! —grita la gorda rubia de bote.

—¡Viva! —añade el marido chiquitito y bigotudo.

Un jubilado con un nivel de colesterol de 210 alza en alto a su nieto, quiere que sus palmaditas cobren el protagonismo que merecen. Un silbido brota de la fila 27. La gente se va poniendo en pie de dos en dos, de seis en seis. Comparten entre ellos una mirada de conformidad: todos a una, yo estoy de pie, tú estás de pie, este instante lo estamos creando entre todos, ahora mismo estamos de acuerdo en esto, todos estamos de pie.

—¡Guapo! —exclama una joven de pestañas postizas.

—¡Artista! —insiste un caballero con marcapasos y la voz se le rompe en un sollozo.

No es el único que llora. Las lágrimas aparecen discretas al principio. Gente que llora sin saber que está llorando. Pero, a medida que los aplausos crecen y engordan, las voces se quiebran con un gritito. Las piernas comienzan a temblar. El llanto se vuelve más descarado. Hay lágrimas enormes como diamantes de veinticuatro quilates. Hay hipos que atoran la garganta. Mocos que se descuelgan de las narices de damas respetables. El payaso triste lo contempla todo sin modificar su expresión pintada. En sus brazos, el perrito parece un bebé dormido. Nadie sabe cuánto rato llevan así. En todo caso mucho, mucho tiempo.

Ahora el aplauso suena a mojado. Como correr bajo un campo encharcado. Las primeras gotas de sangre brotan ya de las manos lastimadas. Con cada palmada vuelan gotitas en todas direcciones. Una palmada y, ¡plas!, la sangre salpica mejillas con exceso de colorete, calvas tristes, vestidos de lentejuelas, escotes, corbatas, camisas de domingo.

—¡Espectacular! —proclama un amargado crítico de cine.

—¡Insuperable! —solloza una adolescente desengañada de la vida.

Suena un brusco chasquido, algunas falanges han comenzado a partirse. Uñas arrancadas. La gente llora y patalea de puro dolor. Pero, aun así, no dejan de aplaudir. Todos a una, estamos de acuerdo en esto, aunque nos duela, estamos de acuerdo en esto, estamos de pie y aplaudimos. El rostro de las señoras es una mancha oscura; las lágrimas emborronan el rímel, lo vuelven máscara. Palmas de las manos despellejadas. Hueso que aplaude sobre hueso. Sale despedido un dedo anónimo, arrancado de cuajo.

Cae una viejecita desmayada. Sus manos rojas hasta las pulseras de perlas. Pierde el conocimiento un matrimonio homosexual, bronceados los dos, las gargantas quemadas de tanto animar. Un profesor de pádel se derrumba sobre el asiento; nunca podrá volver a sostener una raqueta. En el escenario, el payaso triste asiste a todo como si lo viera a través de la ventana de un edificio altísimo. El perrito en brazos y en la cara dos lágrimas pintadas.

Entonces el payaso triste se encoge de hombros. «Exagerados», piensa. «Madre mía, qué panda de exagerados». Pero si el trombón ha sonado desafinado, y el pañuelo larguísimo salió hecho un burruño, y el cartelito de BANG se atascó al salir de la pistola, y la jirafa hecha con globos parecía más bien una gacela, y la flor que escupe agua apenas lanzó dos gotitas, y las dieciséis pelotas de malabares se le cayeron antes de hora, y, sobre todo, el chucho de los cojones, hay que ver qué animal más inútil, no completó ninguna de las coreografías que habían ensayado, vaya mierda de show. Eso piensa el payaso triste mientras ve a la gente ahogarse entre vítores. ¿Por qué tienen que matarse a aplaudir precisamente hoy, que todo ha salido como el culo, y no ayer, cuando cada pieza encajó en su lugar, y el número salió redondo, sincero, especial?

Y sin embargo, nobleza obliga, así es el mundo del espectáculo, el payaso triste hace otra reverencia y saluda.

 

Sobre el ingrediente

Hacía mucho tiempo que no escribíamos un cuento inspirándonos en los cuadros de Gerardo-Javier Lázaro Ventura (otros ejemplos los tenéis aquí o aquí). ¿Y qué podemos decir? El cabrón lo ha vuelto a hacer. No sabemos qué tienen esas pinturas suyas que siempre hacen aflorar nuestro lado más bizarro, más incomodo, más babeante y arrastrado. A veces ni siquiera nos reconocemos nosotros en ese estilo, es como si el pincel de Lázaro Ventura nos poseyera. Así que cuidado, porque si visitáis su web es posible que el cerebro se os ponga del revés.

6 Comments

  1. Angela |

    Muy buenos noches churreros!!! Sin palabras me he quedado, por el churro y por el magnífico dibujo de Gerardo. 😀

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  2. Ana Santamaría |

    Muy bueno este churro. Un buen retrato de momentos en los que el premio es dispar, pero como leí hace un días: “No hay premio pequeño” (Siri Hustvedt). Un aplauso con un poco de retraso, pero espero que igualmente válido. 😉

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  3. Ángeles |

    El efecto dominó nos domina.

    El circo está en las gradas.

    Gerardo-Javier Lázaro Ventura… q pasada de descubrimiento!!! Si es que nos lleváis de la mano x ahí x el mundo a descubrir tesoros!!!

    Aplauso para ovación Equipo! (Me cuento los dedos y los tengo todos XD)

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Échale azúcar a este churro