Cuentos como churros

Cada día, un cuento recién hecho (cerramos festivos)
Pam Valdivia elogio fotógrafa

Elogio de la fotógrafa torpe

escrito por Sr.Churrero / ingrediente de Pam Valdivia

En la imagen que encabeza este texto se nos muestra la que, a priori, parece ser la peor fotógrafa del mundo. No en vano la muchacha se arrodilla en la acera, se hace ovillo de fotógrafa, para enfocar quién sabe qué grieta del empedrado, o tal vez un chicle con forma de pulmón, mientras a sus espaldas se desata un beso que es todo verano, un instante bellísimo que detiene la ciudad, un beso tan fotogénico que nada tiene que envidiar a los besos más fotogénicos de la historia. El día que recibimos esa imagen en nuestro correo los churreros nos miramos y compartimos un pensamiento: «pobre, pobre fotógrafa torpe». Nos palmeamos la espalda y suspiramos. ¡Y es que, ay, nos sentíamos tan identificados!

Porque cuando alguien decide fotografiar algo, o escribir algo, o pintar algo, al mismo tiempo está decidiendo sobre aquello que no va a fotografiar, o escribir, o pintar. Se te escurren entre los dedos miles de posibilidades, ángulos que no percibiste, misterios que se te escapan. Y es frustrante y odiosa esa sensación de tropezar continuamente con la misma piedra, querer ponerle diques al mar, la obligación de centrarnos en una mota de polvo cuando el desierto entero brilla bajo el sol. Ahora mismo, por ejemplo, quien esto escribe pensaba desarrollar un cuento sobre la peor fotógrafa del mundo, de verdad, ese era el propósito inicial. Un cuento clásico, con su introducción, nudo y desenlace bien marcados, con su narrador omnisciente y sus adjetivos floridos. Pretendía (ese era el plan) describir sus equívocos de fotógrafa desafortunada, sus porqués, hacerla desfilar por los grandes sucesos del siglo XX y dejarla siempre enfocando al lugar equivocado. Sin embargo, ya ven: al final el texto ha ido por donde le ha dado la gana, se ha convertido en ensayo, o divagación, o loquesea, y ya no hay jinete que controle los estribos de las palabras. Lo cual no quita para que ya sean tres las veces en que me interrumpo a mí mismo para preguntarme si no estoy aún a tiempo de dar marcha atrás, si no merece la pena volver a la tercera persona del singular, al relato breve en lugar de la confesión. Qué difícil es elegir. Qué difícil es no saber. Qué difícil es pensar siempre que la otra opción era siempre mucho mejor.

Recuerdo que Víctor Manuel cantaba: «a dónde irán los besos que guardamos, que no damos». Y no encontraba respuesta. Yo me pregunto: ¿a dónde irán todas esas historias cojonudas, brillantes como supernovas, que no supimos ver, que se nos escaparon por el rabillo del ojo? Oh, espera un segundo, acabo de caer: mucho mejor que el ejemplo de Víctor Manuel (que siempre fue un sosainas) podría quedar más resultón nombrar a Extremoduro (que me tocan más de cerca, qué coño) y entonar así su «¿dónde están los besos que te debo?». La respuesta: «en una cajita». ¿Y no es acaso eso lo que todos soñamos? Pensar que las historias que perdimos, todos esos érase una vez que no fueron, se encuentran a buen recaudo en una cajita, de cerrojo dorado y madera de abedul. Y que nosotros tenemos la llave. Y que, si de verdad nos lo proponemos, podemos abrirla, la cajita, y acariciar como si fuera el primer día esa idea magnífica que nunca debimos dejar pasar.

Pero aún podemos ir más allá: ¿dónde quedaron todas esas ideas geniales que los grandes artistas rechazaron en el último momento? El guionista de comics Neil Gaiman da a eso una respuesta maravillosa en su colección Sandman. Según él, en el Reino del Sueño existe una biblioteca de tamaño colosal, inimaginable, en la que se amontonan todos los libros que sus autores solo terminaron en sueños. Eso incluye, por ejemplo, La conciencia de Sherlock Holmes de Doyle o La novela que imaginé mientras esperaba el autobús y con la que me haré millonario de Stephen King. ¿No sería maravilloso echar un vistazo a todos esos descartes gloriosos? ¡Y de todos modos, malditas dudas! Ahora no sé si es buena idea citar a Neil Gaiman; a fin de cuentas es un autor de comic-books y no un reputado intelectual del siglo XX, y puede que a algún lector con ínfulas le suene a poca cosa y le desacredite el texto. Pero, ¡qué más me da a mí lo que piensen los lectores carcas! No todo va a ser Borges, Coetzee y Nicanor Parra. Además, justo arriba he citado a Víctor Manuel y a Extremoduro, así que de perdidos al río. Igual lo que de verdad debería plantearme es ir cerrando ya el texto, porque esto se está alargando demasiado. ¿O mejor sigo así, a lo loco, incontinencia de ideas entrelazadas? Cada paso que doy me lleva a una nueva encrucijada. ¿Elijo el camino de la izquierda o el de la derecha? ¿Escribo en primera persona o en tercera? ¿Narración en presente, que es más dinámica, o en pasado, que es más como beberse una buena copa de vino? No hay manera de saberlo a ciencia cierta: escribir es siempre dudar.

Y de nuevo, no puedo evitarlo, me asalta la idea original, la del cuento que tiene como protagonista a la fotógrafa torpe. Ya he dicho que mi plan era hacerla desfilar ante los sucesos magnos del siglo y que ella se perdiera una y otra vez la foto decisiva. Dejarla enfocando a un niño que se chupa el dedo mientras a sus espaldas un grupo de alemanes derrumba el muro de Berlín. Al final de mi relato (que ya nunca escribiré, que decidí no escribir para escribir este loquesea, y que sin embargo ahora no puedo dejar pasar) la fotógrafa torpe organizaría una exposición recopilando las grandes instantáneas de su carrera. Un atardecer pinchado de antenas parabólicas, un mendigo diminuto y gris, un chicle con forma de pulmón. Todas esas fotos mediocres que ella hizo en lugar de las grandes fotos que no supo ver, enmarcadas y bien iluminadas. La exposición, planeaba yo, terminaría siendo todo un éxito. Los críticos alabarían su buen hacer, la gente se asombraría ante su visión única del mundo. Ella, feliz e ignorante de todo lo que podría haber sido, se pasearía por la galería con una copa de vino entre las manos. Y mientras tanto, sobre su cabeza, flotaría como niebla el peso de millones y millones de historias maravillosas y para siempre inexistentes.

Caramba, creo que me gusta ese cuento. Creo que habría sido un buen cuento. Lástima que ya nunca vaya a escribirlo.

 

Sobre el ingrediente

Esta vez no sabemos si dar o no las gracias a nuestra cochurrera, porque más que un churro su foto nos ha inspirado un vendaval de dudas, verdades difíciles de asir y nudos en la garganta. ¡Puf, qué difícil de parir ha sido este texto! El nombre de la artista es Pam Valdivia Hernández, una fotógrafa chilena, profesora y viajera profesional. Su Instagram es Volantin sin cola, y como el resto de sus fotografías tengan tanta enjundia, a los churreros nos va a explotar la cabeza.

22 Comments

  1. Estela |

    Pero entonces… ¿Quién es la fotógrafa torpe? ¿la que sale en la foto o la que la sacó? Porque… ¿Quién sabe cual es la historia que nos hemos quedado sin ver?
    Otro churro de ideas conectadas ¡me encanta!

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    • Sr.Churrero |

      Como un río, como un grito, como una ventolera, así nos salió el cuento, amiga Pilar, se nos escurrían las palabras entre los dedos.

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  2. Volantin_sin_cola |

    Si bien la fotógrafa en el suelo es demasiado talentosa y me gran mentora, este cuento no deja de tener razón, “que hubiese pasado si…”
    “Que hubiese pasado si ese día era yo la del beso”, “que seria de mi si hubiese subido a ese tren”, nos pasamos la vida pensando en ese “pudo ser”, olvidando de vivir lo que somos hoy.
    Como siempre un tremendo cuento ha salido de la Churrería y, ha sido un honor ser parte de él.
    Abrazos desde Chile

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    • Sr.Churrero |

      Un honor para nosotros haber podido jugar con tu foto, Pam. Que sepas que nos enamoró la imagen desde el mismo momento en que la vimos. Y que sepas también que nos hace mucha ilusión que nos lean y sigan en Chile. Menudo país más hermoso tenéis, cachai.

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  3. JL Moreno |

    Grande el churro de Hoy! Ademas de genial, toca la vena de los que buscamos historias a través de la cámara fotográfica. Somos buscadores de momentos, entre los millones de instantes que nacen y mueren frente a nosotros en un abrir y cerrar de ojos, pero solo podemos capturar uno,quizás el mejor o el peor ,pero al final lo hacemos nuestro.

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    • Sr.Churrero |

      Efectivamente, JL, ese cuento de hoy iba dedicado a todos los fotógrafos, instagramers y cazadores de imágenes que tanto habéis ayudado a la churrería. ¡A vuestra salud!

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  4. Laura |

    “¿Adónde van las palabras que no se quedaron?…¿acaso flotan eternas como prisioneras de un ventarrón o se acurrucan entre las rendijas buscando calor?” (Silvio Rodríguez)
    Y sí, yo también me quedo con la sospecha de que están todas acurrucadas en el fondo de la caja más bonita, la que tiene forma de libreta con sitio propio en el bolso, o de cuaderno de bocetos de donde fue elegida la idea que salió mientras las demás la miraban marchar desde las páginas mientras pensaban: quizás, un día…
    Y, ¿por qué no? un día, quizás…

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    • Sr.Churrero |

      Vaya, a Silvio también podríamos haberlo citado en el cuento: qué fallo. Qué olvido más inexcusable.
      Gracias, Laura, por el comentario y la reflexión. Nos quedamos con ese “un día, quizás…”

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  5. Angela |

    Muy buenas tardes churreros!!! Magníficoo cuento, idea, relato o lo que queramos que sea, y que buena foto la de Valdivia, que nos hace pensar en todos esos momentos perdidos o ganados

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    • Sr.Churrero |

      Muchas gracias, Angela. Qué lujo tenerte aquí día sí, día también, llueva, nieve, o caiga un chirimiri de muy señor mío. ¡Un abrazo!

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  6. Silvia Vallejo |

    Una foto que invita a pensar en varias historias.
    Me encantaría encontrar a la “fotógrafa torpe” es el personaje principal para mí y conocer que imágenes logró ¿Qué intriga?

    Un churro que quedará en mi mente zumbando como abejorro.

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    • Sr.Churrero |

      Los cuentos-abejorro son los mejores, en eso están de acuerdo los más afamados críticos literarios. Muchas gracias por zumbar con nosotros, Silvia.

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  7. Ana Santamaría |

    Buenos días. Aunque la churería esté cerrada hoy he desayunado este churro de ayer que aún estaba riquísimo y lleno de mucha razón. Me ha encantado congratularme con quien se enfrenta a la hoja en blanco con una idea, ya se encargan las historias de buscarse camino que no sospechamos. Y mientras tanto, las libretas con sus líneas escritas casi taquigráficas y esa caja que está en algún sitio llena de historias que quieren su principio y su final. Y así las fotos, y así todo…de imprevisible.
    Un abrazo.

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  8. Oscar Parra |

    Interesante blog, no se como he llegado hasta aquí, pero tratándose de fotografía, me ha enganchado, ¿como decirlo?, este churro?. La fotógrafa torpe nos representa a muchos de nosotros, y si no…¿cuantas veces por milesimas de segundo hemos perdido una foto que, ademas hemos visto pasar por el visor?, o incluso ver algo mientras el objetivo apuntaba al suelo.

    Saludos desde “Záragozá”

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    • Sr.Churrero |

      Pues si tú no sabes cómo has llegado hasta aquí, Óscar, nosotros aún podemos saberlo menos. Pero en todo caso, oye, por si acaso dejas miguitas en el camino para que te sea más fácil regresar 😉

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  9. Carlosv126 |

    La que saco esa foto tuvo la oportunidad de retratar el mejor beso de la historia, pero prefirió retratar a una fotografa desperdiciando el mejor beso de la historia. ¿Habrá una tercera foto que en lugar de retratar el mejor beso de la historia retrata a las dos fotógrafas desperdiciándolo?

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    • Sr.Churrero |

      Carlos, colega, ese comentario tuyo es ya casi (o sin el casi) un cuento en sí mismo. Gracias por esa historia que se muerde la cola.

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  10. Ángeles |

    Churroensayo?
    Ensayo churrero??
    😀
    Y fluir… y expresar parte de un todo que se agolpa x salir de la “cajita” de los sueños. Y que sois un lujo maravilloso x diversidad , calidad… y (habrá que decirlo también…?) … precio!!!!

    Magnífico!!! (Aplauso y ovación)

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Échale azúcar a este churro