Cuentos como churros

Cada día, un cuento recién hecho (cerramos festivos)
irene_hidalgo_pequeño

El señor (I)

escrito por Sr.Churrero / ingrediente de Irene Hidalgo

I

En la casa hay un silencio grueso. Es como si la arboleda que rodea la casa ahogara los sonidos del interior igual que la oscuridad de la noche se traga la luz débil de las lámparas y los candelabros que se filtra por las ventanas. Sin embargo, si se presta atención, se comprende que en realidad no hay nada en esa casa que haga ruido. Ni unos pasos en la escalera de madera, ni una cocinera dando órdenes a su aprendiz, ni el mayordomo preguntando solícito a la señora si quiere cenar en el salón o en el cuartito. Y sin embargo hay actividad en el interior de la casa, pero es una actividad muda que no quiere perturbar los últimos momentos de vida del señor, que se está muriendo también en silencio en su habitación.

II

Un murmullo de voces se acerca a la puerta de servicio. Son voces extrañas y, sin embargo, familiares. El señorito las conoce bien pero no las entiende. El señorito sale y el mayordomo le sostiene la puerta, se queda en la penumbra del vano, esperando, protector. El murmullo no se interrumpe. Son los esquiladores que han subido desde las cabañas y hablan en su propia lengua. Palabras transparentes que se confunden en la maleza. Miradas que se esconden. Hombros que se encogen bajo capas raídas. El señorito querría tener bigote y no esa pelusilla floja. Tener las piernas fuertes y velludas y no esos tobillos que se le tuercen en la montaña. Las manos encallecidas y no esos dedos finos y blanquecinos.

—Sabemos que es mal momento para venir, pero han pasado dos semanas. Si usted pudiera hablar con su madre…

Ahora usan las palabras del señorito. El esquilador que habla las pronuncia con voz pausada, temerosa. Luego retira la vista, aprieta algo entre las manos que el señorito no sabe qué es. Una sombra amorfa entre los dedos nerviosos del esquilador. El señorito piensa en sangre, en piel, en vísceras, en algo caliente e hinchado.

No puede hablar con su madre pero tampoco puede explicar la razón a los esquiladores, así que no dice nada, se queda en la puerta, frente al grupo de hombres, frente a las ramas en penumbra, con la mirada del mayordomo pesándole en la espalda. No siente el frío que hace a esas horas de la noche.

—Dos semanas —dice otro, y su voz parece un gruñido animal.

III

La señora está sentada en una silla de mimbre. La silla está en una esquina, junto a una lámpara que mancha de naranja la pared. La señora cruza las manos en el regazo, sobre una falda de tela buena que se hizo en la ciudad. Sus ojos están perdidos en el bulto que ocupa la cama. Sólo hay un movimiento en la habitación: la sábana que sube y baja lentamente. Unos nudillos en la puerta de la habitación interrumpen el silencio. Alguien entra.

—Señora, otra oveja ha aparecido muerta.

Nada se mueve en la habitación. Las manos siguen en su sitio, la mirada de la señora sigue clavada en la cama.

—Señora…

La señora retiene el aire un instante y cuando lo suelta hay una ligera perturbación en la habitación. Sólo un instante. Luego todo vuelve a su lugar: la sábana que sube y baja, sube y baja.

—Es la tercera esta semana, señora. Son los esquiladores…

Ahora sí, el cuello de la señora gira y con él giran la barbilla y el rostro entero. Y los ojos se trasladan hasta la figura del mayordomo, que está de pie junto a la puerta y se retuerce los dedos de las manos. No hay nada en esos ojos que indiquen reconocimiento. Dos agujeros vacíos.

—Jaime lo solucionará.

El mayordomo se retira sin decir nada más.

 

Sobre el ingrediente

Esta foto tiene dos madres. La primera es Irene Hidalgo, que nos mandó esta foto hace ya casi un año en memoria de su abuelo, que cumplía años por estas fechas. La segunda es el podcast Catástrofe Ultravioleta, un programa sobre ciencia que escuchamos a veces en la churrería. Y en su último podcast hablan de lenguas que están a punto de desaparecer, entre ella la mingaña, una lengua que hablaban los esquiladores de la alcarria y que nos llamó mucho la atención. Escuchad el podcast que no os arrepentiréis. En la churrería nos han entrado ganas de inventarnos nuestra propia lengua.

11 Comments

  1. Kasirucita |

    “El tiempo es una lluvia paciente y amarilla que apaga poco a poco los fuegos más violentos. Pero hay hogueras que arden bajo la tierra, grietas de la memoria tan secas y profundas que ni siquiera el diluvio de la muerte bastaría tal vez para borrarlas. Uno trata de acostumbrarse a convivir con ellas, amontona silencios y óxido encima del recuerdo y, cuando cree que ya todo lo ha olvidado, basta una simple carta, una fotografía ( 😉 ), para que salte en mil pedazos la lámina del hielo del olvido”
    [La lluvia amarilla, Julio Llamazares]

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  2. Ángeles |

    No me canso de leerlo… necesitaría cientos de capítulos más. Ahí es nada dónde han soltado al señorito. En tiempos de necesidad la fortaleza es una gran aliada o una gran desconocida y yo quisiera seguir leyendoooooooooooooo!!!!
    Me transportáis a otros lugares y palabras… mingaña… palabras transparentes…
    Equipo en la Churrería, Irene, Catástrofe Ultravioleta… aplauso y ovación!!!!

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      • Ángeles |

        Wualaaaaa!
        Escuchado el podcast, estoy maravillada! Conozco El Silbo por mi relación con las islas (a mí no me sale!!!) y es muy de valorar lo q se hace por salvar estas lenguas del olvido. Son Patrimonio cultural de la humanidad, todo evoluciona como las profesiones, usos y costumbres, pero no debería ser significativo de pérdida, si no más bien de ampliación, verdad?
        Sois únicos encontrando tesoros y Catástrofe Ultravioleta lo son. Los seguiré!!!

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  3. Angela |

    Muy buenos días churreros!!! Fantásticooooo el cuento de hoy, estoy con Angeles, dan ganas de seguir leyendo mucho más, saber lo que le pasará a los esquiladores, y cuando crezca el señorito, seguirá los pasos de su madre o se unirá a los ganaderos? 😀

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    • Sr.Churrero |

      No se muevan de sus asientos, el próximo episodio aquí, a la misma hora, crujientito y bien de grasa. ¡Beso, Ángela!

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    • Sr.Churrero |

      Bueno, bueno, ¡que nos venimos arriba! Chemari, esto pinta para bilogía (¿esa palabra existe?) pero te agradecemos el entusiasmo, como siempre 🙂

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Échale azúcar a este churro