Cuentos como churros

Cada día, un cuento recién hecho (cerramos festivos)
El niño II_Marina Perdiguero

El niño II

escrito por Sr.Churrero / ingrediente de Marina Perdiguero

Ese niño que lleva tiritas en las rodillas y tiritas en los codos y cardenales en la frente y rasguños en las mejillas sabe que si entra en el tobogán sus problemas se habrán acabado.

Él mismo vio como su amigo Nico entraba y surgía siendo otro. Tobogán abandonado de parque acuático abandonado, en el que Nico se metió estremecido y brotó al otro lado solidificado. Se levantó, el flacucho de Nico, y se limpió el polvo del pantalón con esmero, se examinó las uñas como si fuera la primera vez que las veía, levantó la cabeza y enfocó directamente al sol, mucho rato, haciendo visera con la mano. ¿Desde cuándo hacía Nico cosas como esas? Después se subió a la bicicleta de un salto, pedaleó con ganas, sin despedirse, y al poco levantó la rueda delantera de la bici. Se mantuvo así, en equilibrio, por lo menos durante cinco o seis metros. Nico, que había llorado y llorado porque su padre se había empeñado en quitarle los ruedines, haciendo un caballito feroz y zigzagueante. Nico, el flacucho de Nico.

El niño de pelo repeinado y gafas delicadas como colgante de orfebre lo vio todo. Y comprendió al momento que Nico había cambiado. O que lo habían cambiado por otro. Que el tobogán era mágico y que Nico ya no era Nico.

Luego vino lo evidente: los goles de chilena en el patio del colegio, el modo arrogante con que Nico escupía las cáscaras de las pipas, bautizar a la señorita Macarena con el nombre de Macanuda. En el colegio se corrió la voz de que Nico se había besado con Charlotte, que era la niña francesa del colegio, muy rubia y muy alta, mucho más que Nico, ¿en qué cabeza cabía todo aquello? Nico deambulando por los pasillos del instituto, con la mochila colgando solo de un hombro, como un espectro, con las manos en los bolsillos, como un actor de cine.

El niño que cada vez que tiene clase de gimnasia siente un enredo de nudos marineros en el estómago ha tomado nota de todos esos sucesos. Ha sacado sus propias conclusiones. Es un niño inteligente, a fin de cuentas. El principio de todos esos milagros, el punto cero del nuevo Nico es,sin dudas, el tobogán abandonado.

El niño al que nadie invita a sus cumpleaños si no es por mediación de su madre ha tomado, por fin, una decisión. Va a entrar en el tobogán y va así a cambiar su vida. Por eso, ahora aprieta fuerte los puños y aprieta los dientes y aprieta las costillas en su interior para que todo permanezca en su sitio. Clava su vista en el interior oscuro del tobogán. Solo un paso y tan fácil, deslizarse y ya está, solo un paso y por qué todavía permanece quieto.

El niño que todas las noches lee hasta que le duelen las pestañas duda. El niño que colecciona billetes del mundo y que luego consulta el globo terráqueo de su habitación ubicando cada país y cada capital con nombre de mariposa exótica sopesa los pros y los contras. El niño que puede recitar de carrerilla el poema La Canción del Pirata de Espronceda sabe que la decisión que tome ahora le marcará para toda la vida: quién será, a dónde irá, con quién compartirá su vida, si será feliz o desgraciado o nadie.

 

Sobre el ingrediente

A este niño ya lo conocemos. Es el mismo niño que se colocaba una escafandra de astronauta en otro de nuestros cuentos. Hoy se enfrenta a una peliaguda elección: ¿vosotros creéis que se deslizará por el tobogán o dará la vuelta? En todo caso, a la autora de la fotografía, Marina Perdiguero, le debemos una disculpa. Cuando la churrería estaba todavía desempacando la freidora, Marina nos envió un ramillete de ingredientes frescos. Han pasado ya dos años, y Marina, que tenía 17 cuando retrató esa imagen, ya se nos ha hecho mayor de edad. Pero sigue siendo de Barcelona, y estamos seguros de que sigue encontrando belleza en los lugares donde nadie mira.

9 Comments

  1. Angela |

    Muy buenos días churreros!!! Estupendoo el cuento de hoy, estoy con Pilar, hay que reinventarse, salir de la zona de confort (ahora que está tan de moda) 😉

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  2. Estela |

    Al oler este churro mi vocecita interior decía ¡¡tobogán!!, al primer mordisco, ¡¡tírate!! Pero ahora que lo he terminado… Casi le diría que no se tire, que no hace falta, que no lo necesita. No hace falta ser com Nico ni como ningún otro niño, es perfecto si le gusta leer, coleccionar billetes y mirar mapas del mundo… Pero también es cierto que sienta genial vencer nuestros miedos así que ¿sabes qué te digo, niño de cuento? ¡Tírate y sal de ese tobogán siendo más tú de lo que eres ahora!
    Buenos días, churreros y muchas gracias por este churro de vida.

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  3. Chemari |

    Uy que teneis a la clientela revuelta…

    Yo estoy en el equipo de Estela, sin duda.

    Si quieres, tírate y prueba, a ver qué pasa!

    Pero si no quieres, da igual. Disfruta de como eres y no te preocupes. Eres único, como Nico, como Charlotte, como todos los niños. Y como tal aprenderás a encontrar tus mejores cualidades, y los demás también aprenderán a quererte y valorarte como eres. Aunque a Charlotte le gusten más los malotes. Si no lo tienes claro, vuelve a casa y espera. El tobogán no se va a mover del sitio. El futuro tampoco.

    Mucha suerte, niño.

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    • Estela |

      Tiene un peligro esta clientela… Se junta alrededor de un chocolate con churros y le da la vuelta al mundo si hace falta :o)

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        • Estela |

          Un día habrá que celebrar una fiesta churrera, para entonces espero que ya estemos viviendo al otro lado del charco de nuevo y pueda apuntarme yo tambien!

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  4. Raúl Rivas |

    Ay, Angela. Eso de la zona de confort es el mayor camelo de la década. Cadavez que lo escucho se me eriza el vello. A ver por que demonios tenemos que abandonar la zona de confort para entrar en zona hostil si estamos agustito en esa zona de confort tan confortable. ¿Te lo ha dicho algun jefe? Sal de la zona de confort. Hazle en mi nombre una gran pedorreta.
    Estupendo el churro, amigos. Pero el niño que pase del tobogán ese. Que sea el.

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Échale azúcar a este churro