Cuentos como churros

Cada día, un cuento recién hecho (cerramos festivos)
Miguel Luque

El monstruo amable

escrito por Sr.Churrero / ingrediente de Miguel Luque

Jorge lo sabe: el monstruo está ahí afuera, junto al portal. El cielo clarea entre los edificios de Madrid y el monstruo le espera fumando un cigarrillo, saludando a los madrugadores, sujetando la puerta a la vecina del quinto, que lleva al niño a la guardería en carrito. Ante todo, es un monstruo educado. Hoy es un monstruo de estatura media, calcula Jorge, metro setenta y cinco. Otras veces su cabeza peluda roza las ramas de los árboles que el ayuntamiento se olvida de podar.

Jorge se toma el café de pie, junto a la ventana, observando al monstruo. Jorge se ha duchado, se ha vestido, ha engullido una tostada con mantequilla y ahora sostiene la taza esperando a que el café se enfríe, esperando a que el reloj de la cocina marque las ocho para salir de casa, esperando igual que el monstruo le espera a él junto al portal. Buenos días, saluda el monstruo a la dueña de la ferretería, que abre su negocio con el rugido de la persiana metálica y desaparece entre tornillos, herramientas y pistolas de silicona.

Jorge sorbe el café con tragos cortos que son como un salvavidas arrastrado por la corriente: el minutero del reloj avanza hacia la hora de salida. El monstruo sigue en su puesto de guardia. A pesar de la altura, un cuarto piso sin ascensor, Jorge intuye la sonrisa del monstruo. Siempre esa sonrisa. Cinco minutos antes de las ocho, Jorge apura el café, deja la taza en el fregadero y se va al cuarto de baño a lavarse los dientes. Frota con esmero, elimina las migas de pan que se quedan en tierra de nadie, borra el rastro amargo que le deja el café en la lengua. Se enjuaga, escupe, se enjuaga, escupe. Dos veces. Sonríe brevemente ante el espejo pero no es una sonrisa espontánea como la del monstruo, es un enseñar los dientes, un control de seguridad.

Jorge sale del baño y coge el abrigo del perchero, comprueba que la tarjeta de acceso al trabajo está en el bolsillo y se la cuelga del cuello. Luego, se dirige a la cocina, pega la nariz al cristal de la ventana: allí, a cuatro pisos de distancia, sigue el monstruo sonriendo y fumando.

Jorge mira el reloj. Son las ocho y dos minutos. Se va de casa. Cierra la puerta y se asegura de haber guardado las llaves en el bolsillo. ¿Se ha dejado una luz encendida? Abre otra vez, observa el interior. No hay luces. Cierra, se guarda las llaves en el bolsillo, las palpa por fuera de la tela. Se pone los cascos y sube el volumen de la música al máximo. Baja por las escaleras sin demorarse, ya no tiene remedio. Sale a la calle, la luz suave del amanecer, un mordisquito de frío, el monstruo que le saluda con un gesto amable y se coloca a su lado.

Es así todos los días: caminan hasta la parada de metro, se colocan al final del andén, se suben en el vagón abarrotado. Jorge escucha música, a veces lee. No hablan, no se tocan, quizás un leve roce cuando el maquinista frena de manera brusca al llegar a una estación. Al principio, las primeras veces, Jorge se preguntaba con un sobresalto en el pecho de dónde había salido el monstruo, de qué estaba hecho. Pero, poco a poco, Jorge se ha ido acostumbrando a su compañía silenciosa, a la cadencia lenta de su paso, a su presencia cotidiana en el portal de su casa y también en la salida del trabajo, a las 18.00h, siempre puntual, fumando un cigarrillo. Alguna vez, en el metro, Jorge le ha pillado mirándose en el reflejo del espejo. Reconoce el brillo triste en los ojos: como si él también se preguntara quién es, de dónde ha salido.

 

Sobre el ingrediente

El monstruo en el cristal lo ha dibujado Miguel Luque. Miguel Luque dibuja en todos lados, no sólo en los cristales: también en las servilletas, en la libreta que lleva siempre encima, incluso en su propia piel. Pero, además de dibujar, Miguel Luque diseña portadas de discos, etiquetas de cerveza, premios, colecciones de libros o restaurantes de Madrid. En su página web lo tiene todo muy recogidito y también podéis seguirle en Facebook para no perderle la pista. Merece la pena, palabra de churreros.

12 Comments

  1. Angela |

    Muy buenos días churreros!!! Fantásticoo el cuento de hoy, puede que como el protagonista, a tod@s nos aconpañe un monstruo, a veces amable y otras no tanto,habrá alguien que ya lo lleve dentro, pero tod@s tenemos ese puntito que nos convierte en uno en cuanto nos descuidamos 😉

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    • Sr.Churrero |

      Los doctores recomiendan el consumo de un churro al día para calmar al monstruo interior, Ángela. Vamos bien.

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  2. Salamandra |

    Desde luego que todos tenemos no uno, sino muchos monstruos que nos están esperando al salir de casa: ese trabajo que aborrecemos, la rutina de la conversación, la hipocresía de los gente y cómo no, hasta el monstruo de la contaminación que no nos aguarda con un cigarrillo, sino con un gran puro. Sin embargo, el que llevamos dentro no nos espera, solo sale.

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  3. Santiago (77 años) |

    Churreros, otro buen relato.
    Pero que “raritos” somos, me he identificado en muchos detalles de nuestro personaje.
    Ese volver a abrir la puerta para comprobar que has apagado la luz o la calefacción (eso me ha llegado al alma).
    Y cuando a pesar de tener esa duda, no quieres pecar de inseguro, no vuelves a abrir la puerta, te vas a tu trabajo; y luego estas toda mañana con esa duda dándote vueltas a la cabeza y esperando ansioso el momento del regreso para comprobar, que….
    Un buen amigo me dijo en cierta ocasión que este monstruo (que decis vosotros), lo llevamos subido a nuestra espalda y puedo aseguraros que en algunos momentos he podido hablar con él.
    Salud y larga vida, churreros.

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    • Sr.Churrero |

      El nuestro es silencioso, ¡no le sacamos una palabra! ¿Qué te dice el tuyo? Gracias por pasarte, Santiago, te vemos mañana en tu mesa de siempre.

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  4. Estela |

    Una semana en la que sólo he podido pasar de puntillas por la churrería… y me toca comentar el monstruo! Cómo me gusta, churreros míos. Este cuento me encanta, igual que los monstruos amables, la compañía silenciosa y las sonrisas mañaneras.

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  5. Pilar C. |

    Ay, pues mi monstruo es lo mejor que tengo, nos vuelve locos a todos pero alegra la casa. Me encantó vuestro cuento churreros, yo os sigo a menudo, aunque a destiempo ¡Besos!

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