Cuentos como churros

Cada día, un cuento recién hecho (cerramos festivos)
El imbatible precio de la carne humana_Miguel de Prada 2

El imbatible precio de la carne humana

escrito por Sr.Churrero / ingrediente de Miguel de Prada

En un edificio de ladrillo naranja, detrás de la oficina de Correos, la escalera B, el quinto piso, a mano derecha, viven los Hamilton.

Mamá, papá y tres hijitos. El mayor, Ernesto. El mediano, Fernando. La tercera, la pequeña, es una niña. Se llama Sofía. También vive con ellos un perro de aguas, uno de esos perros que son más felices en zonas frías, lanudo y blanco, un poco amarillento porque se hace viejo.

El origen anglosajón de su apellido responde a que el abuelo nació en Lanarkshire, Escocia. El abuelo también vive con ellos. Es un viejo que toma el sol en la terraza, con restos de pelo pelirrojo en las cejas. Una parálisis del nervio facial le mantiene congelado en una mueca de continuo disgusto.

La mayoría de las familias del barrio tienen un abuelo enfermo, o un perro de lanas. Algunas también tienen tres hijos, puesto que es un área familiar. Lo que definitivamente diferencia a los Hamilton del resto de sus vecinos es su inesperada afición a comer carne humana.

Papá y mamá ya compartían este vicio cuando eran novios, y a los niños les han ido aficionando poco a poco, siguiendo las indicaciones del pediatra en cuanto a la introducción de nuevos alimentos. Primero en puré, bien cocido y evitando huesos que puedan atravesarse en la garganta y provocar asfixia. Luego, en pequeños trozos, les iban ofreciendo las carnes más duras: chuletas, paletilla, osobuco, para acabar con elaborados platos recubiertos de especiadas salsas y mandiocas.

Mamá hace verdaderas virguerías culinarias, atreviéndose, incluso, con la casquería. Riñones al jerez, hígado frito y lecherillas en jugo que hacen las delicias de papá los días de fiesta.

—Lo mejor de este tipo de carne, además de su delicioso sabor, es el precio —presume mamá cuando tienen invitados.

Tiene razón. Los niños están creciendo y necesitan proteínas en la dieta. Y, teniendo en cuenta los precios a los que está el mercado, es una verdadera odisea alimentar correctamente a una familia numerosa como la suya, y todo con un único sueldo. Las vacas, los cerdos, las gallinas se crían lejos y hay que transportarlos; el IVA, la tasa de la gasolina, los costes de sanidad. Eso sin mencionar la sarta de porquerías que utilizan para engordar a los animales, con tantos químicos industriales es normal que luego lleguen los cánceres. Desde que el abuelo vive con ellos, le han descendido milagrosamente las cifras de colesterol y eso les parece una prueba irrefutable de su acierto nutricional.

—No hay como quitarse los químicos —le dice mamá al médico cuando reciben los resultados de los análisis.

También les desagradan a los Hamilton, y esto se han preocupado de inculcárselo a los niños, las condiciones en las que crían a los animales en las grandes ganaderías. Unos espacios tan estrechos, tan privados de la luz del sol. Por no hablar de las lecherías y hueverías. Lo consideran una absoluta barbarie.

La actitud de los Hamilton en cuanto a la alimentación se rige, sin duda, por sus principios de ecología y humanidad.

Libres de prejuicios, mamá y papá se pasean por la ciudad con una cámara al cuello y fotografían a las personas que les parecen más prescindibles. Prescindibles, sobretodo, para ellas mismas: personas desgraciadas. Enfermas no, que luego vienen las gastroenteritis. Las siguen durante unos días, poniendo atención en los gestos rígidos de los dedos, en las arcadas de las cejas, en las reacciones al subir y bajar del metro, al sacar las llaves del portal, al recibir el cambio en la panadería.

Luego, los domingos, después de la merienda, ponen las fotografías en la mesa del salón y, entre todos, eligen la pieza que desean cocinar para el mes siguiente. El abuelo apenas participa.

—A mí para una sopita me vale cualquier cosa —suele decir, prudente.

Pero disfruta de la animación familiar y da golpecitos de alegría en el suelo, con su pierna buena, cuando consensan un ganador. Los niños, golosos, hacen trampas y se fijan solo en las papadas, las barrigas o las pechugas turgentes, pero papá les reprende.

—Fijaos en los ojos —dice—, y en las comisuras de los labios.

El hecho es que hoy es el cumpleaños de Ernesto, el mayor, y sus padres le han regalado una cámara fotográfica. Orgulloso de ser considerado ya un adulto, Ernesto ha corrido en busca de su gorro de lana, y ha dado un beso a su madre antes de salir, con ese ímpetu vital propio de los adolescentes, hacia la calle. Mamá, que estaba recogiendo los restos del delicioso pastel de riñones que habían tomado de cena, ha mirado a papá con los ojos acuosos.

—No vayas a llorar, eh —le ha dicho él, cariñosamente.

 

Sobre el ingrediente

Esta fotografía que da tan mal rollo nos la envía Miguel de Prada. Miguel es un ventipocosañero con voracidad por las historias en todos sus formatos. Miguel escribe, captura imágenes, musicalea y se emborracha de cine. Ya ha colaborado con nosotros en Un lunes muy largo. Si queréis meter un poco la nariz en sus cosas, aquí tenéis su blog de relatos. Y con las mismas os dejamos, porque se nos ha despertado un hambre atroz y nos vamos a picar algo. ¡Feliz fin de semana y no os olvidéis de sonreír si alguien os hace una foto!

5 Comments

  1. Chemari |

    Ideal para después de comer, si señor…

    Joder, os habeis superado con creces muchachos!! Que manera de llevar la historia desde un retrato familiar surrealista a una película de Michael Haneke (Funny Games a su lado es poco menos que una sitcom).

    Y que pedazo de foto, ya de paso.

    Feliz fin de semana… y cuidaito si cenais fuera de casa!!!

    Responder
  2. Ángeles |

    Esto… Q FUEEEERRRRTEEEEE!!!!

    Entre q me encojo y me estiro muchísimo para haceros la ola!!!
    No dejáis registro sin tocar magistralmente, alucinopepinillos… voy a releerlo again y me declaro vegetariana.

    La foto… Madredelamorhermoso La foto!!! Plas plas plas plas!!!

    Responder
  3. Angela |

    Muy buenos días churreros, hoy también comento con retraso, pero más vale tarde que nunca… Por cierto, brutaaal el cuento de la familia carnívora, y la foto fantásticaaaaa. Aplausos, aplausos, aplausos 😀

    Responder

Échale azúcar a este churro