Cuentos como churros

Cada día, un cuento recién hecho (cerramos festivos)
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El farol

escrito por Sr.Churrero / ingrediente de Agustín Calenzani

Vivo en un pueblo chico de fachadas encaladas. Las ventanas de mi casa dan a la calle ancha. Antes de que levantaran la biblioteca, desde mi balcón se podía ver la plaza.

Justo debajo de mi balcón, sobresale un farol con su palomilla de forja. Es la única luz en todo ese tramo de la calle. Yo soy el responsable del funcionamiento del farol, de mantener sus cristales limpios, de vigilar que nuestra calle no quede a oscuras. El alcalde me dio una escalera para que cuidara del farol. Guardo la escalera en el almacén del aserradero.

En las últimas semanas algún vecino gracioso se ha empeñado en fastidiar el farol y dejarnos a oscuras. No lo quiebra a pedradas, ni busca mayor destrozo. Solo deja un cartoncito en el interior del casquillo o afloja la bombilla para que no luzca. Nos deja sin iluminación casi todas las noches y yo no entiendo el beneficio que puede sacar alguien de eso. Cada mañana me toca agarrar la escalera y componer con paciencia la avería. No soy de tratar a mis vecinos, tampoco tengo enemigos. Aún no he descubierto al culpable, pero el pueblo es chico y sé que no es cosa de críos.

Como empezaba a sospechar de todo el mundo, fui a ver al bibliotecario. Estaba tras el mostrador echando un sueñecito. Le pasa a menudo. Dice que en su casa no duerme porque tiene muchos ruidos. Le sacudí del brazo. Luego le pregunté qué podía hacer para descubrir al vecino que estropeaba mi farol. «Quizá no quiera estropeártelo», me dijo en un bostezo, «quizá sea su manera de comunicarse contigo».

Han pasado cinco días desde que visité al bibliotecario y el vecino misterioso no ha vuelto a dar señales de vida. No ha tocado el farol de luz. No se ha manifestado. Al atardecer saco la escalera del aserradero, la apoyo contra la fachada y me doy un paseo por los campos. Casi deseo volver de paseo y encontrarme la calle a oscuras y el farol apagado. Llevo cinco días sin noticias del vecino misterioso. Pienso en las maneras posibles de contestar a sus mensajes, en cómo los recibirá, en si lo habré espantado.

 

Sobre el ingrediente

El autor de la fotografía se llama Agustín Calenzani, vive en Perú y trabaja en el área de comunicación audiovisual, realización televisiva y fotografía. Imparte talleres a jóvenes de stop motion, foto y audiovisuales y aún le queda tiempo para organizar exposiciones como esta sobre César Vallejo de la que os dejamos un vídeo. Si queréis echar un ojo a más fotos de Agustín Calenzani, ahí os queda esta red de fotógrafos donde está publicando. Un abrazo grande, Agustín, y mucha fuerza en todos tus proyectos.

12 Comments

  1. Estela |

    Qué bonitos son los faroles, qué bonita la luz que dan, pero qué difícil es a vecer comunicarse con ellos.

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  2. Angela |

    Muy buenas tardes churreros preciosooo el cuento de hoy, yo también quiero saber si volverá el vecino o vecina musterios@ a apagar el farol 😀

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    • Sr.Churrero |

      Gracias, Ángela. Habrá que tener paciencia, que esto de la comunicación es una cosa que va lenta 🙂

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  3. Chemari |

    Uhmmmm… un vecino misterioso, un farol que sirve para comunicarse, un bibliotecario que sabe cosas que no cuenta, un hombre solo que quiere dejar de estarlo…

    Habra segunda parte de este farol???

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  4. Angela |

    Detén la búsqueda del estropeador de tu farol .Creo que puedo ayudarte.Indaga en el día a día de tu vecino bibliotecario. El cuento…completo.

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    • Sr.Churrero |

      Toda la razón, Ángela. Nosostros también sospechamos del bibliotecario. Eso de dormir tanto…

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Échale azúcar a este churro