Cuentos como churros

Cada día, un cuento recién hecho (cerramos festivos)
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El casco

escrito por Sr.Churrero / ingrediente de David García Pacheco

Mira a esos dos hermanos que se asoman al abrevadero. Contemplan su reflejo en el agua mansa y después sonríen. Los dos llevan casco. Últimamente todos los niños llevan casco. Me refiero a que todos van con un casco incrustado en la cabeza. Y no lo llevan porque vayan a practicar rafting, sean aficionados al parapente o piensen descender las cuestas a tumba abierta en su bicicleta de montaña. Estos hermanos, por ejemplo, han salido a la sierra de excursión, un apacible paseo, en compañía de sus padres. Y allá van los dos, con el casco en la cabeza. Llevan casco porque se ven así más guapos, y también porque es la moda.

No les vale con un casco bastardo. El casco que se lleve ha de ser de último modelo y firma reconocida. Han proliferado los fabricantes del norte de Europa. También hay cascos de manufactura canadiense. Cascos hechos en Alaska. Si vienen del frío gozan de un plus de credibilidad. Son de tierras inclementes, respiran aventura. Traen un diseño diferenciador, aerodinámica merecedora de todo elogio.

Desde los balcones y las ventanas los mayores jaleamos el paso de los niños con los cascos deslumbrantes que les hemos comprado. Somos los padres, los tíos orgullosos de todos esos críos. Desfilan perfumados, con camiseta y sandalias. Somos los padrinos de bautismo, el tutor del curso al que van, el profesor que les asiste en una academia privada para que suban la nota. Somos látigo cuando toca echar un rapapolvo y somos caricia la mayor parte de las veces. Queremos a esos niños. Los queremos mucho.

A veces nos vence la debilidad y nos decimos los unos a los otros qué bueno sería volver a acariciar sus cabecitas calientes sin una lámina de fibra de carbono de por medio. Palpar el pelo áspero, calado de rizos, pelo oxigenado por el sol. El sol de julio, el sol de agosto.

Llegan riéndose a casa a la hora de la merienda. Traen un hambre atroz, mucha sed y las rodillas magulladas. Arrastran un hilo de jadeo en la boca. Se cuelgan del grifo de la cocina y beben como si fuesen terneros y mamaran de la ubre. Les preparamos un bocadillo, les servimos el vaso de leche. Les decimos que se quiten el casco, al menos mientras están comiendo, que ya vale, que hagan el favor.  Pero ellos se revuelven. Desoyen nuestros ruegos. Sacuden la cabeza de izquierda a derecha, la cabeza de derecha a izquierda. Dicen que la moda es dejarse el casco puesto todo el tiempo. Terminan el bocadillo en tres bocados, salen de la casa en estampida y descienden a la calle zapateando las escaleras. A los adultos nos dejan en la cocina recogiendo los vasos y las migas. Así es como nos quedamos, con la palabra en los labios.

 

Sobre el ingrediente

Estas cosas pasan. Hay clientes que esperan dos años para ver su foto convertida en cuento y hay otros que en un mismo mes tocan churro dos veces. Los chavales de la foto son hijos de David García Pacheco. Están haciendo un alto junto a una fuente después de una ruta en bici por la provincia de Girona. Llevan casco, sí. Pero seguro que ellos son obedientes y se lo quitan para comer el bocata. Más fotos de David aquí mismo. Y, para leer el churro hiperbreve que nació de una foto anterior de la que es autor, por este camino se llega.

11 Comments

  1. Kasirucita |

    Mira una moderna, mira una moderna…
    Cuando tengas la duda entre ir a Zara o a Mango
    optaras por almacenes ¡NAVARRO!
    Mira una moderna, mira una moderna…
    [Mira una moderna, Putilatex]

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  2. Chemari |

    La jaula de Gorka, los cascos…

    Empiezo a pensar que no sabeis que hacer con los niños estas vacaciones eh??

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  3. Angela |

    Muy buenos días churreros!!! Geniaaaal el cuento de hoy. La culpa de esa moda, no la tienen los hijos, la culpa es sin duda de los padres, que para que sus hijos sean “Guays” les compran el casco, el monopatín, la tablet, el videojuego de moda y así nos va, que los tenemos todo el día idiotizados 😉

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  4. Ángeles |

    Tan chiquititos y ya acorazados… ooooooh!!! Cuantísimo trabajo van a tener los psicólogos! 😀

    El cuento es bellísimo , me lleváis a reflexionar con mucha frecuencia.

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Échale azúcar a este churro