Cuentos como churros

Cada día, un cuento recién hecho (cerramos festivos)
Iván Casuso

Desternillante

escrito por Sr.Churrero / ingrediente de Iván Casuso

El payaso pide menú del día y, de postre, arroz con leche. Lleva la cara pintada de blanco, la sonrisa roja y rebosante, en un ojo un rombo, en el otro una estrella, traje parcheado de colores, peluca verde chillón, nariz postiza como un semáforo en ámbar. En el restaurante nadie le dedica siquiera una mirada. El payaso come solo en un rincón, en silencio. Se mancha la corbata de lunares con unas gotas de salsa tártara. Prueba a limpiarla mojando una servilleta en el vaso de agua. Imposible. El payaso paga la cuenta y deja cincuenta céntimos de propina. El camarero no le da ni las gracias.

El payaso se sube a un Fiat Punto gris marengo. Sale de la ciudad y se incorpora a la autopista. No es fácil pisar el acelerador con esos zapatones deformes, pero él ya está acostumbrado. En el transistor, suena un viejo CD de Nino Bravo. El payaso canta a viva voz durante un rato, pero, de pronto, se siente ridículo y pone la radio. El presentador entrevista a un hombre que asegura haber sido abducido por extraterrestres. El payaso para a repostar en una gasolinera. Entra en la estación de servicio y no puede evitar la tentación de llevarse una bolsa de patatas fritas, aunque tengan un precio prohibitivo, mucho más alto que en una tienda normal. La chica del mostrador es joven, guapa, mejillas de melocotón y pestañas largas. El payaso se coloca bien su margarita postiza, hace sonar el claxon portátil que siempre lleva consigo, exhibe su mejor sonrisa pintada. La muchacha no deja de teclear en su teléfono móvil, ignorándole. El payaso paga con tarjeta. Se sube al coche y sigue su camino.

Por fin, el payaso llega al circo. Aparca junto a la jaula de los leones. Cargando una maleta, pasa junto a las familias que forman cola: ansiosos los niños por sumergirse en la carpa multicolor, sonrientes y aburridos los padres. Nadie le dedica ni un gesto, nadie repara en su peluca, su cara pintada, su nariz postiza como un sol naciente.

Una vez en el camerino, el payaso se sienta frente al espejo. Muy concentrado, moja un algodón en agua oxigenada y comienza a desmaquillarse. Al principio, su cara se hace un borrón, luego se hace humana. Por fin, no queda ni rastro de pintura. Luego el payaso se deshace de su traje arcoíris, arroja al suelo la corbata de lunares, los zapatones incómodos, la margarita de mentira. Se pone, en su lugar, una camiseta beige y unos pantalones vaqueros. Zapatillas deportivas Converse.

Y vestido así, desmaquillado así, el payaso sale a la pista. Nada más verle, con esa cara de buenazo tan patética, el público comienza a partirse de risa.

 

Sobre el ingrediente

¡Damas y caballeros, pasen y vean! ¡Con todos ustedes, el cuento circense menos circense de la historia! Y para nuestro siguiente número (redoble de tambores) queremos presentarles a Iván Casuso, el insigne artista que nos pasó esa foto genial con la que inspirarnos. La imagen forma parte del proyecto “Mudar de ser”, donde el fotógrafo cuenta una historia de un modo conceptual y minimalista. Pero además de la fotografía, Iván es también un equilibrista de las letras. Por eso apostó por el más difícil todavía y fundó Inventa Editores, con la intención de dar salida a autores emergentes (payasos o no) y fomentar así la cultura en el Corredor de Henares y Guadalajara. ¡Gracias, Iván, por tus increíbles piruetas artísticas!

10 Comments

  1. Gema |

    Que historia tan triste. Adoro a los payasos pero siempre me dieron mucha pena. Ya de pequeña. Podia estar tronchandome de risa con sus andares , su torpeza , sus rutinas y a la vez sentir una profunda melancolia. Me los imaginaba tristes y solos mirandose al espejo retirando el maquillaje de cara de payaso despues de cada función. Un cliché lo sé. Pero asi es . Asi y todo era lo que más me gustaba cuando iba al circo, lo que tambien me producia una sensación encontrada. Curiosidad cuando llegaban al pueblo y merodeabas por la zona sin perder detalle cómo montaban la carpa y se colocaban carabanas. Y cierta congoja cuando se hacia de noche y volvias por alli a dar una vuelta a ver a “las fieras” y también a ver si te caía una entrada gratis que luego eran descuentos de mentira.Y veias salir de una carabana a uno a medio vestir con las mayas de acróbata muerto de frio con un abrigo viejo encima con pinta de estar cabreao por algo. Y veias las jaulas diminutas de los animales y sus miradas tristes . Y veias a algun niño de tu edad llevarse un bofetón o un zarandeo por no haber sido suficiente rápido con cualquier recado.Y de repente por ahí pasaba uno de los payasos, maquillado pero con ropa de calle y con cara de pocos amigos , echando un pito, o comiendo un bocata. Y , no sabes muy bien por qué , pero todo aquello te producia desasoguiego. Luego durante la funcion el oso
    vestido de chacha tropezando con las tarimas del suelo mal puestas. Y tu te morias de pena y ya solo te reias un poco cuando salia el payaso pero ya no te lo creias del todo.
    Al final preferia verlos en la tele . Nunca me reí tanto en mi vida como cuando ponian a Charly Rivel. Mi favorito . Ahora ya no salen payasos en la tele . El otro dia les puse a un grupo de niños y niñas el video de Charly Rivel haciendo de cantante de Opera en un festival de Eurovision que es magistral y solo el mas pequeño parecia divertirse. Los y las lasás indeferencia total y caras de aburrimiento. Pobres niños. Perderse todos esos sentimientos cuando ves un payaso.

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  2. Gema |

    Que historia tan triste ….Es broma!!!
    … Y perdón por las faltas de puntuación pero es muy dificil escribir desde el mobil y además el duende del teclado hace lo que la da la gana!!
    Un saludo
    Gema

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  3. Angela |

    Muy buenos días churreros!!! Fantásticoo el cuento de hoy, agridulce por otro lado, la verdad es que hay que tener mucho aguante para ser payaso de circo,la profesión en las venas,porque no todos los payasos gustan a la mayoría, de hecho a mi solo me gustaba,Fofó y Miliki,los veía geniales y no sólo de pequeña su humor inteligente, también me gusta ahora, como el de Charlie Rivel,es intemporal 😀

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  4. Virginia |

    Pues aquí una payasa de verdad os da las gracias por el churro, y os anima a escribir una historia alegre sobre payasos de hospital, que es lo que hago yo. Los payasos de hospital vamos al revés de este cuento, somos muy visibles en los blanquísimos hospitales y transparentes cuando nos quitamos la nariz, sólo en ese momento nos permitimos soltar las emociones del día, cuando ya no somos payasos.
    Un beso enorme, y millones de gracias por preparar desayunos tan ricos cada día!!!!!

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    • Kasirucita |

      Virginia, sois tan necesarios… ¡¡gracias por estar ahí!!
      ¡¡VIVAN LAS NARICES DE PAYASO!!

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  5. Kasirucita |

    -¿Qué quieres ser de mayor?
    -¿Por qué me preguntás eso?
    -¿Quieres ser payaso?
    -¡Pues claro! Como tú, como el abuelo, como todos…
    -¿Un payaso tonto?
    -Sí. El que hace reír a los niños.
    -No. Es mejor que seas payaso triste.
    -¿Por qué?
    -Porque has sufrido demasiado
    [Balada Triste de Trompeta – Alex de la Iglesia] … si, una película de historia sin historia, … alargada innecesariamente pero con algunas frases y escenas para salvar.
    ¡ay! hoy me habéis evocado una peli… ¡¡gracias churreros por estos desayunos tan variados!! sois la única churrería en la nunca saben igual los churros :)) ¡¡XGracias!!

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  6. Inventores |

    ” (…) Al principio, su cara se hace un borrón, luego se hace humana. (…)”
    Qué especial se hace lo auténtico en la función de la vida, ¿no?
    Gracias por este regalo, compañeros.

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  7. Silvia Vallejo |

    Mi disfraz favorito es de payaso, los amo, los admiro y estoy segura que detrás de esa careta hay una vida de…

    ¡Gracias a los payasos de hospital Virginia!

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  8. Santiago (77 años) |

    Extraordinario relato.
    Me ha inspirado mucha tristeza ver comer al payaso, solo y en aquella mesa arrinconada del restaurante. (¿?)
    Soledad.
    Creo que el ponerse una mascara o pintarse la cara, es una intención de ocultarse de los demás, crear un escudo que nos proteja de los ataques del exterior.
    Es inquietante el ver a alguien con una mascara, que nos muestra un rostro fingido, e inexpresivo y sin posibilidad de poder adivinar la persona que hay detras.
    Él juega con ventaja.
    Por ello, en este mundo de enmascarados aquel que se atreve a “desenmascararse”, causa risa, sorpresa y sospecha…
    Larga vida “churreros”!.

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Échale azúcar a este churro