Cuentos como churros

Cada día, un cuento recién hecho (cerramos festivos)
libres de pecado

Vestidos de comunión

escrito por Sr.Churrero / ingrediente de Mónica Muñoz Pollo

Un sol amarillo y picante lo anuncia: el gran día ha llegado. En la puerta de la iglesia los hombres de campo esperan fumando a la sombra. Entre ruido de tacones aparece el cura, puntual, con gafas negras y olor a camisa recién planchada, ese olor que le acerca a Dios. Da los buenos días. Nadie contesta. A los hombres de campo les gusta el silencio. En lo alto del campanario, las palomas arrullan y zurean ajenas al movimiento del planeta, a las prisas de las madres, a los llantos de las abuelas conmocionadas de ver lo rápido que pasa el tiempo.

Unas y otras avanzan por la calle, camino de la iglesia, como un ejército engalanado. Las niñas inundan la calle con vestidos blancos que parecen coliflores, que parecen iglús, que parecen tulipanes; adornadas con medallitas y diademas florales, maniatadas a relojes de oro blanco que marcan la hora temprana de la infancia que se agota. Los niños caminan detrás, marineritos, abogaditos, generalitos de infantería. El mundo entero les sonríe. Les gritan salvas desde los balcones. Luego se celebrará un banquete y habrá regalos y besos que pitan en los oídos y alguna palabra más alta que otra por culpa del vino y la envidia.

Se arremolinan en la puerta de la iglesia, nerviosas, las de los vestidos blancos de coliflor. Se arremolinan bajo el sol amarillo, unas con otras. Los volantes se encajan como engranajes. Que te vas a marear, les dicen. Pero no hay manera. El vuelo del vestido es hipnótico, las niñas no pueden dejar de dar vueltas, de girar como peonzas libres de pecado y protegidas de toda perturbación. Los niños, en cambio, no giran, sus trajes no vuelan, sus trajes navegan o luchan, pero no vuelan. Pon cara de bueno, les dicen. Y obedecen, los niños, peinados a raya, impecables, con los pies en la tierra.

Es la hora, suenan las campanas. El cura de olor a nube abre el portón de madera desde dentro: adelante, dice con voz piadosa; entrad sin miedo, dice embaucador. Pero el vuelo de los vestidos ha cogido fuerza y las niñas comienzan a elevarse en el aire. Madres y abuelas jalean con la boca abierta, con empastes de amalgama. Tranquila, mi vida, que no pasa nada, les dicen. Y mientras tanto, las niñas van subiendo como el humo, todo lo alta que es la iglesia, impulsadas por la confección aerodinámica de sus vestidos. Los niños las señalan con el dedo, los hombres de campo las miran con la mano en la frente a modo de visera. El cura les pide calma, les pide mesura, les pide, por Dios, que bajen. Sin embargo, hoy es el gran día y las niñas con faldas de tulipán sobrepasan el campanario y se elevan, se elevan, se elevan. Eso es lo que hacen.

 

Sobre el ingrediente

La fotografía que ha inspirado el churro de hoy pertenece a Mónica Muñoz Pollo. Oriunda de Noblejas para más señas. Se sabe que estudió Bellas Artes y que luego viajó a Italia y que suele llevar unos bolsos y unos abrigos muy chulos porque ella es muy moderna. Algunos podemos presumir de haber cerrado algún que otro bar en su compañía. Ahora, también, de haber escrito un cuento a la sombra de una foto suya. La Pollo (así la llamamos) no tiene página web ni blog ni Instagram. Y ni puñetera falta que le hace. En fin. Buen provecho.

12 Comments

  1. Cristina Izquierdo |

    Flipante la foto. Flipante el cuento. Yo hago todo lo posible cada día porque mis hijas aprendan a volar con sus vestidos…
    ¡Buenos días, churreros!

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  2. Ana |

    “Las niñas no pueden dejar de dar vueltas, de girar como peonzas libres de pecado y protegidas de toda perturbación” Solo por esa frase el churro ya se merece unas cuantas salvas. Debieráis recordar este churro según se acerque el mes de mayo por lo que pudiera ocurrir. 😉 Buen día.

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  3. Angela |

    Muy buenos días churreros!!! Maravillosooo el cuento de hoy, ya me estoy imaginando yo a las niñas, girando y girando hasta que se elevan hacia lo más alto de la iglesia, si fuera yo,me largaba por la puerta y me iba volando a ver mundo 😉

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  4. Salamandra |

    Cual Sema mevleví, las chicas siempre fueron más de altos vuelos, que los chicos con sus vuelos rasantes. 🙂

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  5. Maria |

    ¿Nadie se ha dado cuenta de que las niñas llevan atado al tobillo un fino cordon de seda? ¿Y que el final de ese cordón está en la mano de un niño?
    Cuando el cordón ya no de más de sí, el niño tirará del cordón hasta que cada niña tenga los pies en el suelo. Sólo seguirán volando unas pocas afortunadas. Las que han dado con un niño generoso, o quizás despistado.

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  6. Kasirucita |

    Me importa un pito que las mujeres tengan los senos como magnolias o como pasas de higo; un cutis de durazno o de papel de lija. Le doy una importancia igual a cero al hecho de que amanezcan con un aliento afrodisíaco o con un aliento insecticida. Soy perfectamente capaz de soportarles una nariz que sacaría el primer premio en una exposición de zanahorias; ¡pero eso sí! y en esto soy irreductible: no les perdono, bajo ningún pretexto, que no sepan VOLAR. ¡Si no saben volar pierden el tiempo conmigo!
    [El lado oscuro del corazón – Eliseo Subiela 1992]

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  7. Chemari |

    Debes dejarte evaporar. Dejar que tus músculos se relajen, respirar hasta que sientes que tu alma sale de ti, y luego cerrar los ojos. Así es como se hace. El vacío dentro de tu cuerpo se vuelve más ligero que el aire que te rodea. Poco a poco, empiezas a pesar menos que nada. Cierras los ojos; extiendes los brazos; te dejas evaporar. Y luego, poco a poco, te elevas del suelo.
    Así.

    Mr. Vértigo (Paul Auster, 1994)

    Un homenaje a la libertad,

    Y a los comentarios de Kasirucita que me tienen enamoraito!!

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  8. Estela |

    Como me alegro de haber llegado tarde hoy porque no sé qué me gusta más si el churro o los comentarios. Lo que sí que sé es que cada día me gusta más esta churrería. Y lo que se aprende en ella.

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Échale azúcar a este churro