Cuentos como churros

Cada día, un cuento recién hecho (cerramos festivos)
Como explicar el arte_Moises Menendez

Cómo explicar el arte

escrito por Sr.Churrero / ingrediente de Moisés Menéndez

Mi hija se mira las manos embadurnadas de pintura y nosotros, sus progenitores, contenemos la respiración. ¿Qué sucederá? ¿Qué camino se dispondrá a escoger nuestro pequeño churumbel? Mi hija extiende un dedo regordete manchado de amarillo y lo apoya en el lienzo. Es un instante crucial, que puede marcar su vida para siempre. Mi mujer y yo somos conscientes de ello. Los padres sabemos esas cosas: hay segundos que se extienden por toda tu vida como el eco de una palmada en una caverna. Contempla, mi hija, ese sol naciente que acaba de brotar en medio del cuadro; y sabe, mi hija, que ella es la única responsable de que ese sol exista; y comprende, mi hija, que suyo es el don de crear y que nada puede detener a una mente dispuesta y audaz. Con un gritito de júbilo, mi hija se abalanza sobre el lienzo.

¿Sabían ustedes que la punta de los pinceles se hace con pelos de comadreja de Siberia o, si el pincel es de buena calidad, de comadreja de Mongolia? Ese es un dato comprobable e irrefutable, que yo sé porque soy padre y porque, como padre, he aprendido a retener y a seleccionar la información que el mundo trae. La punta de los pinceles se hace con pelos de comadreja de Mongolia porque así el trazo es fino y compacto, tal y como el pintor profesional demanda. Mi hija, sin embargo, no necesita pinceles. No necesita comadrejas, tampoco. Ni caballos galopando, ni atardeceres en el mar, ni fruteros, ni paisajes con señora y sombrero, no necesita clases de anatomía, ni bailarinas en tutú, ni nenúfares, no necesita perspectiva axonométrica, ni proporción áurea, tampoco conocimientos básicos sobre cubismo. A mi hija le bastan sus dedos manchados de pintura y sus ganas. Porque dentro de mi hija late una artista de verdad. Como padre que soy, yo no tengo más que mirarla para saberlo. Dentro de mi hija vive una de esas raras criaturas que no aspiran a exponer en las galerías del Soho, una mujer insobornable que quema sus bocetos después de cada obra, un alma inspirada que, cuando dibuja caracolas, no calcula dividendos.

De la mano de mi hija van brotando unos trazos azules, igual que orinocos. Unos coletazos de rojo marcan los límites de Marte. Aquí, un cañonazo de rosa. Allá, un ramalazo de bermellón. Con cada gesto, mi hija embadurna y emborrona y embiste todos los conceptos artísticos que las escuelas de Arte han tardado cientos de años en desarrollar. Mi hija es el fuego que consume el bosque. Mi mujer y yo la dejamos hacer, nos tomamos de la mano y guardamos silencio.

Cuando termina, mi hija da dos pasos atrás. Con actitud satisfecha, coloca sus manos manchadas de pintura sobre su vestidito plisado. Apenas tiene dos años y, sin embargo, no cabe duda, ahora mismo se siente orgullosa de su trabajo. Sabe que de su voluntad ha brotado algo importante. Algo que todavía no tiene nombre. Yo me acuclillo junto a ella y le señalo el cuadro.

—Ar-te —le deletreo. Y repito, para que no le quepa ninguna duda—: Ar-te.

Y luego, con un poco de prisa por terminar cuanto antes, con algo de torpeza al principio, con el nerviosismo que siempre trae consigo la paternidad, me dirijo al cuadro y le doy dos patadas. Mi hija protesta con un balbuceo. Yo rasgo el lienzo con las uñas. Mi hija corre a refugiarse en el regazo de su madre, la pobrecita no entiende qué está pasando, le asusta mi actitud de vándalo; pero mi mujer sabe que esta es una lección importante: la sujeta por el cuello, obliga a mi hija a mirar cómo destrozo el cuadro bombardeado de colores que es un principio y es un precipicio para ella, tan pequeñita, tan influenciable. Le arreo puñetazos, al cuadro. Acuchillo el lienzo con una pequeña espátula. Lo muerdo.

—¡Ar-te! —digo.

Y me pregunto: ¿es posible que se me haya desencajado un poco el rostro? Podría ser, sí. Pero me animo pensando que un buen padre no debe estar exento de espontaneidad. También siento cómo, debido al esfuerzo, la respiración se me ha vuelto brava. Un poquito de sangre me gotea por las encías. Me he hecho daño al morder el cuadro. Los lienzos se fabrican usando tejido de lino, algodón o cáñamo, un tejido elástico y a la vez resistente. Ese es un dato comprobable e irrefutable. Yo insisto:

—¡Ar! ¡Te! ¡Ar! ¡Te!

Mi hija entierra el rostro en el pecho de su madre, no puede dejar de llorar. Por encima de la cabecita de mi pequeña, mi mujer me lanza una mirada de aprobación. De orgullo, también. De promesas sexuales para esta noche. No ha sido, desde luego, una tarea grata. ¿A quién le gusta desgañitarse así, sudar de esta manera, hacerse una herida en la encía? Pero tenemos una responsabilidad para con esa pequeña criatura que hemos creado y eso nos obliga a dejar los remilgos en casa, ensuciarnos si hace falta, pringarnos, como quien dice. No nos queda otra que esforzarnos por ser unos adultos coherentes. Figuras de referencia. Somos el destino y el mapa al mismo tiempo. Así de difícil y gratificante es ser padre hoy.

 

Sobre el ingrediente

Qué mala leche tenemos los churreros. Resulta que un viejo amigo de La Churrería nos manda una foto para enseñarnos que, albricias y vítores, ahora es papá, y a nosotros no se nos ocurre otra cosa que ponernos a escribir sobre las perversiones de la educación. ¿Por qué tanta ruindad por nuestra parte? ¿Es por la necesidad inherente de conflicto que tiene todo relato? ¿O es simplemente porque nos pegaban en el patio del colegio? En todo caso: dejad que os presentemos otra vez a Moisés Menéndez, un fotógrafo con un ojo espléndido para las imágenes con historia. ¿A qué esperáis? Entrad, entrad en su galería de Instagram y poneos moraos a base de fotos sabrosas. ¡Moisés, un abrazo para ti y para esa pequeñaja tan achuchable!

7 Comments

  1. Angela |

    Muy buenos días churreros!!! Geniaaaal el cuento de hoy, me ha recordado a un fragmento del libro, Un Mundo Feliz, de Huxley, en el que para” crear” niños que en un futuro tienen que ser obreros, les hacen pruebas bastante desagradables, para que huyan de los libros y las imágenes bonitas

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  2. Ángeles |

    Esto le pasa a la hija del DrJekyllyMrKyde y Morticia Adams.

    No te preocupes pequeña que en breve podrás crear y descrear sin intervención paternal!!!!

    Savethechild!!!

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  3. Chemari |

    A mi me da que a este hombre le ha dado un Síndrome de Stendhal en versión cazurra…

    O eso, o es un pedazo de capullo como padre.

    Espero que sea lo primero.

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