Cuentos como churros

Cada día, un cuento recién hecho (cerramos festivos)
nórdicas

Aves nocturnas

escrito por Sr.Churrero / ingrediente de José Mª Giménez

—Pase lo que pase, tú sonríe.
—¿Y si alguien se vuela la cabeza?
—Entonces se reparte el dinero y fin del espectáculo.
—¿Y tú disfrutas, como dices, del espectáculo?
—La verdad es que no, pero es parte de nuestro trabajo, Parrita. De todas formas, tú, hoy, calladito, déjame apostar a mí.
—¿Vamos por la M-30?
—No, iremos por Atocha hasta Embajadores y luego ya te voy diciendo.

—Mira ese gordo, el de la bici.
—¿Qué le pasa?
—Joder, que le va a dar un infarto. Los gordos no deberían montar en bici, y menos a estas horas de la noche.
—Deja en paz a los gordos, Parrita.
—Si a mí los gordos me caen bien, no te creas, nunca se quejan cuando les das una hostia. Los flacos se ponen más nerviosos, se resisten, patalean, pero los gordos no, son sumisos, las encajan mejor, tienen las hostias asumidas desde la infancia: a los gordos siempre les zurran en los recreos. Bueno, a los gordos y a los empollones.
—Eso te lo acabas de inventar.
—Mira Martínez, el de la Científica, a ese le pegaban casi todos los días.
—¿Por empollón?
—Que va, por gordo.
—¡No jodas!
—Me lo contó mi hermano Luis, fueron juntos al colegio. Por lo visto Martínez era un “collejas”.
—Pues se cree John Wayne, ¿tú has visto cómo anda?
— Los lupas andan todos así, parece que llevan un palo metido por el culo, pero es por culpa de la televisión, el CSI de los cojones.
—Eso es verdad, Parrita, ahora son ellos los héroes.

—Aquí en Embajadores cada día hay más yonkis.
—Ya te digo.
—Ese de la trenza parece un indio, eh, Arturo, ¿a que parece un indio?
—Sí, un indio en chándal.
—¿Le damos un susto?
—Nada de sustos, Parrita, que llevamos prisa.
—Venga, hombre, si va a ser un momento, solo para ver qué cara pone.
—¡Que no, hostias!
—¿Tú sabes por qué los indios les cortaban la cabellera a sus víctimas?
—Porque eran unos sádicos.
—Eso era lo que yo pensaba, pero lo hacían para saber el número exacto de hombres que habían matado, ¿entiendes?, así llevaban la cuenta.

—Pues era un delincuente. Estoy seguro.
—¿Quién?
—El indio.
—Todos los yonkis son unos delincuentes, Parrita, solo es cuestión de tiempo.
—No, todos no. Mi hermano Luis no es ningún delincuente.
—Tu hermano Luis tuvo suerte. Mucha suerte. Si no llega a ser por nosotros ahora mismo estaría en la cárcel, o puede que muerto. En la rotonda coge la segunda salida y baja hasta Legazpi.
—Vale, pero no es un delincuente. A mi hermano Luis lo engañó la zorra de su mujer, eso fue todo.
—Pongamos que sí, que su mujer era una zorra, pero admitamos también que era mucha hembra para el sosaina de tu hermano. Por cierto, ¿qué tal le va?
—Ahí anda.
—¿Trabaja en algo?
—De chófer, los jueves por la noche lleva putas al Ritz, dice que algunas no son putas putas, que son chicas normales que están estudiando o que tienen otro trabajo, pero que la vida les ha llevado a eso, y yo le digo, sí, claro, la vida, y él dice que sí, que la vida.
—Pues ¿sabes una cosa, Parrita? Me da no sé qué contártelo, pero tu hermano Luis siempre me ha recordado al tipo este de la matanza de Herrera Oria, ¿cómo le llamábamos?
—¿Quién?
—Era flacucho, con patillas de bandolero, se cargó a una familia entera.
—¿El Panoli?
—Sí, eso es, el Panoli… ¿cuál era su verdadero nombre?
—Creo que Ángel o Armando, pero ¿por qué dices que el Panoli te recuerda a mi hermano?
—No sé explicarlo, Parrita, es complicado.

—Mira esas guiris, las que están sentadas en la parada del autobús. Joder, me encantan las nórdicas. ¿Te has fijado que algunas tienen cara de oso polar? Me refiero a esa belleza pura y bondadosa de los osos polares.
—¿Como la mujer de tu hermano?
—Que cabrón, tú sabes que una nórdica jamás le haría a su marido lo que esa zorra le hizo a mi hermano. Ellas son más elegantes, tienen otra forma de entender la vida.
—Pues ahora que lo dices, las nórdicas me acaban de recordar en qué se parecen tu hermano y el Panoli.
—Vete a la mierda, Arturo.
—No, en serio, ¿te acuerdas del interrogatorio del Panoli?
—¿De qué tengo que acordarme?
—Pues del Panoli, de su forma de sentarse, con las piernas cruzadas una sobre otra, como se sientan las mujeres y los maricas.
—¿Quieres decir que mi hermano y el panoli se sientan de la misma manera?
—Escúchame, Parrita. A ti no te dejaron interrogar a tu hermano cuando lo encalomaron, pero a mí sí.
—¿Y eso qué tiene que ver?
—Pues mucho, porque yo los he visto a los dos, a tu hermano y al Panoli, en la misma sala de interrogatorios, sentados en la misma silla, con la luz pegándoles desde arriba, en todo el cartón. Y maldita sea: a veces parecían la misma persona.
—¿Cómo que la misma persona?
—No te lo quería contar porque suena un poco raro pero es así.
—¿De qué cojones hablas?
—Me refiero a la misma persona por dentro, unas veces en el cuerpo del Panoli y otras en el cuerpo de tu hermano. La misma persona en esencia, Parrita, en esencia.
—Pero si el Panoli es un psicópata y mi hermano es un puto yonki, ¿cómo van a ser la misma persona?
—Baja la calle hasta el final y gira a la derecha.

—¿Me vas a contestar o qué?
—A ver, Parrita, yo no estoy diciendo que tu hermano sea un asesino, no sé cómo explicártelo, pero te aseguro que eran la misma persona: los mismos gestos con las manos, la misma forma de sentarse, de apoyar los codos sobre la mesa. Tú no puedes compararlos porque no estuviste allí, pero yo sí, y créeme, eran clavados.
—Y una mierda clavados.
— ¿Tú sabes algo del desdoblamiento del alma, Parrita?
—Yo solo sé que mi hermano no es un asesino.
—Nada, que no quieres entender. Pues que sepas que el Panoli, antes de ser un asesino, como tú dices, era un tío muy normal, con su trabajo de ocho a tres y su hipoteca a treinta años.
—¿El Panoli un tío normal? Venga ya.
—Tan normal como el yonki de tu hermano.
—El Panoli no tenía nada de normal, Arturo, que aquel taxista atropellara a su hija fue un accidente, por eso lo que hizo el Panoli no puede catalogarse como algo normal, ni siquiera debido a un calentón, como dijeron.
—Enajenación mental.
—Enajenación pollas, ¿sigo por aquí?
—Sí, todo recto, y luego a la izquierda.
—El Panoli era un psicópata, ¿o es que no te acuerdas de lo tranquilo que estaba cuando confesó? Que llegamos al piso del taxista y estaban todos muertos, ¿te acuerdas de la vieja degollada en la silla de ruedas?, ¿y del perro?, ¿qué me dices del perro? Dijo que lo mató porque no dejaba de ladrar. Joder, entonces pensé en algo que me asustó.
—¿En qué?
—En esos psicópatas que ahora estarán cenando en sus casas tan tranquilos, o bebiendo en el bar, o conduciendo un autobús, ajenos a su verdadera naturaleza, pensé en que, tarde o temprano, todos ellos sacarán lo que llevan dentro.
—Pues eso es lo que yo digo, Parrita, que cualquiera puede ser el Panoli llegado el caso, incluso el yonki de tu hermano.
—Mira, Arturo, si vas a seguir con eso de que el Panoli y mi hermano Luis son la misma persona o alguna otra gilipollez mística, me vuelvo a comisaría.
—Venga, Parrita, no te calientes, ya está. Olvidado. Mira, es ahí, en la esquina, la puerta negra.
—Vale, pero antes de entrar dime una cosa, ¿cuál será tu apuesta, susto o muerte?
—Siempre muerte, Parrita, nosotros no podemos flaquear, ya lo sabes.

 

Sobre el ingrediente

La fotografía que nos transporta a la nocturnidad y, por qué no decirlo, también a la alevosía es de José Mª Giménez, fotógrafo aficionado, madrileño y amigo de Isabel (un saludo para todas las Isabeles). Decir que ha estado expuesta en una exposición titulada NOCTÁMBULO en el Centro Cultural Carril en el barrio de Canillas. Para curiosos y espíritus inquietos, aquí os dejamos el Flickr de Jose Mª. Gracias por cocinar con nosotros.

11 Comments

  1. Ana Santamaría |

    Qué pareja más cinematográfica. Da gusto “apatrullar” tan de mañana con personajes así. Veo que seguís por el barrio, ¡bien! Ya se os quiere y se os conoce por aquí. Buen día. Un abrazo.

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  2. Angela |

    Muy buenos días churreros!! Estupendooo el cuento de hoy, ese diálogo entre policías es digno de una película de Tarantino, si este hubiera nacido en España, claro 😉

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  3. paca |

    Huy! Pues ya me ha dejado inquieta para todo el día, por si se me despierta la psicópata que llevo dentro. Fantásticas fotografías.

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  4. Isabel |

    Bieeen, ¡la foto de Jose Mª! NOCTÁMBULO fue un expo de la que habríais sacado muchos ingredientes. Como dice Ana, qué bien que, de alguna manera, sigáis hoy por el barrio. Un abrazo. 🙂

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  5. Silvia Vallejo |

    Me deja un sabor amargo de xenofobia.
    El cuento debió llamarse Aves de RAPIÑA nocturnas.
    Me quedó con la ¡Fotografía!!

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  6. Chemari |

    Pues por muy psicopata que sea el Panoli, tampoco se yo si me quedaría muy tranquilo cruzándome con el Arturo este en un callejón oscuro…

    Por cierto, soy el único al que no le sale la foto junto al churro???

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  7. Sr.Churrero |

    Ay, la tecnología, pedimos disculpas encarecidamente por la ausencia temporal de la magnifica foto que acompaña al churro de hoy. Ya ha venido el técnico y lo ha dispuesto todo. Nos ha hecho factura, eso sí. Y dicho esto, aprovechamos para daros las gracias en nombre de Arturo y Parrita por vuestros comentarios, se han reído con ellos, Paca, Chemari, Silvia, Isabel, Angela y Ana… qué haríamos sin vosotros..!!!

    Abrazos nocturnos..!!

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    • Chemari |

      Jajajaajajaajaja… efectivamente, todo solucionado.
      No habreis llamado al Panoli para que os lo arregle?? Creo que ahora tiene una empresa de mantenimiento y chapuzas varias con su cuñado, el Moñas.

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  8. José M |

    Gracias por publicar mi foto!!!. La historia me encanta, os lo habéis currado….como siempre.

    Un abrazo

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  9. Ángeles |

    Bufffffff y rebuuuuffffff!!!!

    Cómo hacéis eso de superaros taaaaanto con cada churro???? Me declaro culpable en perplejidad , asombro y admiración!
    Me teletransportais día a día al cine xq mi imaginación gráfica lo escenifica todo.
    Voy a releerlo de nuevo… :)))

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