Cuentos como churros

Cada día, un cuento recién hecho (cerramos festivos)
Así se vuela

Así se vuela

escrito por Sr.Churrero / ingrediente de Ana Inga Barabino

El padre y el hijo están en la playa, uno frente al otro, en esa franja junto al mar donde tienden a los ahogados y se levantan castillos de arena. El padre está enseñando a volar al hijo. Bien.

Han dibujado un pequeño círculo en la arena mojada y se han metido los dos dentro. Casi sin espacio para moverse, el padre ha escrito con el dedo gordo del pie una hache de helipuerto en el centro del círculo. No es el lugar idóneo para las primeras clases y además hace calor. Pero el padre quiere aprovechar estos últimos días de vacaciones para enseñar al hijo cómo se vuela. Bien. A ratos una ola les baña los pies y borra parte del círculo. El hijo lo señala y amaga con agacharse para repasar el trazo. Pero el padre hace un gesto como de no importa, olvídate del círculo, luego se pone de puntillas, coloca los brazos en cruz por encima de la cabeza, los dedos flojos y las manos ahuecadas como la sombra de un pato. Bien.

El padre no sabe volar. Esta gordo y no tiene idea de lo que significa la energía del primer impulso, el remontar suave sobre la espuma del mar. No ha disfrutado jamás del empuje de las brisas ascendentes ni de la vista panorámica del paseo marítimo, el puerto deportivo y los campos de naranjos. Con todo y eso, el padre hace el esfuerzo de enseñar a volar al hijo en sus últimos días de vacaciones. Bien.

A poco que corriera el aire, el padre podría darse un respiro, coger por la nuca al hijo y dar juntos un paseo camino de la playa nudista. Es lo que le pide el cuerpo. Bien. Podría aprovechar las miradas al suelo entre concha y concha para confesarle al niño que no sabe volar, que ambos son gordos y que nunca serán capaces de alzar del suelo los dos pies a un tiempo sin ayuda de una buena tumbona.

Ya puestos, podría decirle también que la culpa la tiene la madre. Que él insistió mucho para que la madre no mimara tanto a los hijos que nos van a salir gordos. Pero de volar no entiende la madre, ella qué va a entender. De ahí que el padre aguante sobre el círculo desleído, soportando la mirada entusiasta del hijo y la calina de la tarde. Él está enseñando a volar a su hijo. Bien. Por eso se pone de puntillas, coloca los brazos en cruz por encima de la cabeza, los dedos flojos y las manos ahuecadas como la sombra de un pato, para que el niño se fije y aprenda a volar de una vez.

 

Sobre el ingrediente

Hay algunos ingredientes, no muchos, que pueden cocinarse de un millón de maneras distintas. Los ingredientes de Ana Inga Barabino son así: repletos de historias posibles. Ana Inga acaba de abrir una web y tiene tropecientos followers en Instagram. En la churrería no sabemos mucho de fotografía, pero una cosa sí tenemos clara: en las fotos de Ana Inga pasan cosas. Y eso nos encanta.

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Échale azúcar a este churro