Cuentos como churros

Cada día, un cuento recién hecho (cerramos festivos)
enesima

A la enésima va la vencida

escrito por Sr.Churrero / ingrediente de Arkaitz Zapatero

Es sábado por la mañana y Eugenio Maroto encara el madrugón a golpe de mantra, entonando el consabido om de “eme” infinita y vibrante, muy bien, Eugenio, respira, interioriza, que vibre, que vibre, después, en ayunas, conduce con la radio apagada camino de las afueras y en diez minutos llega Eugenio a la arboleda de siempre, la que está junto a la playa, aparca ahí mismo, con decisión, sin darle importancia, esta vez, a los incendios forestales, que sí, que nunca pasa nada hasta que pasa, piensa Eugenio, que camina entre los pinos como perdido, en busca de la escalera de madera que asciende por el acantilado, la sube en silencio, respirando con el estómago, bien Eugenio, bien, la escalera se termina pero él continúa, trepando por la roca viva, las vistas desde allí son magníficas, la ciudad a lo lejos, el océano a sus pies y el amanecer de fondo sobre el mar igual que un salvapantallas, de pronto la brisa marina le recuerda que ha salido de casa muy fresco, camiseta de tirantes y pantalones bombachos, el atuendo estipulado para la práctica del yoga, en fin, a duras penas consigue coronar la cima, bajo él un puñado de olas desacompasadas vienen y van sin ningún sentido, en el cielo ambar, que diría el poeta, una inmensa nube de algodón le ofrece cobijo, qué más quieres, Eugenio, qué más quieres, entonces abre las piernas y junta las manos igual que le enseñaron en clase todos los jueves por las tardes de siete a nueve, y la mente en blanco, Eugenio, claro, claro, es que son muchas cosas, y solo con pensarlo ya la estás cagando, se dice, mecachis en la mar, y Eugenio estira los brazos hacia arriba combando su espalda hacia atrás para luego, como arrepentido, dirigir con un movimiento certero y preciso sus manos hacia delante, hacia la piedra erosionada a lo largo de los años a causa del viento, un dato que a Eugenio le viene de perilla, lo que sea con tal de no pensar en la siguiente posición, la del culo en pompa, las gaviotas le sobrevuelan, se ríen como hienas, mente en blanco, Eugenio, mente en blanco, que lo siguiente es tumbarse boca abajo sin tocar el suelo con el pecho y ejecutar la flexión muy despacio, aunque mil agujas de fuego te pinchen en los brazos, y el pompis en pompa para más inri, no lo pienses, Eugenio, aunque ya es tarde, venga, respira, interioriza, y levanta la cabeza, bien, y estira los brazos, bien, y estira también la espalda, eso es, hay que conseguir el ángulo recto, eso decía el maestro yogui, acuérdate, hombre, y Eugenio claro que se acuerda, y luego comienza a erguirse a cámara lenta, con una pierna detrás y la otra levemente flexionada hacia delante, a fin de despegar sus manos de la roca y levantar los brazos hacia arriba, así como pidiéndole a dios, bien, Eugenio, bien, y de pronto un cosquilleo subiéndole por la pierna, podría ser la paz interior o podría ser una hormiga, quién sabe, respira, respira, y luego un picotazo en la ingle, una lesión irreversible, no importa, Eugenio, no hay dolor, el cuerpo es una vaina, y entonces sucede que le baja la tensión y Eugenio cae al agua semiinconsciente, semihombre, semieugenio, el vuelo es corto y la zambullida solemne, Eugenio al baño maría se hunde despacio, al ritmo de las olas, mientras el cielo se le desdibuja tras una cortina acuosa, aguanta, Eugenio, aguanta, y pasan cuatro, cinco, seis segundos que parecen una eternidad, hasta que se escucha a lo lejos el silbato y el bendito chapoteo del socorrista que lo arrastra hasta la orilla, con prisa cansada lo tumba en la arena, madrugadores y curiosos presencian el milagro del boca a boca y Eugenio resucita entre vítores y aplausos, y claro, se emociona, por fin, Eugenio, por fin, respira, interioriza, ahora sí, la paz interior.

 

Sobre el ingrediente

Hoy, por ser viernes, no queremos darles más trabajo, así que solo diremos que la fotografía es de Arkaitz Zapatero y que aquí pueden ver su galería de instagram. Ommmmmmmmmmmm

12 Comments

  1. Domingo |

    Accidentado yoga en cuerpos de cuarentones. Me es fácil sentirme identificado, en ese “quiero y no puedo”. Gracias por el churro de hoy. Intentaremos empezar el día con una respiración más acertada.

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    • Sr.Churrero |

      Gracias a ti, domingo, y sentimos lo del yoga, has probado con el pilates? un abrazo..!!

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  2. Kasirucita |

    Y al respirar propongo ser quien ponga el aire
    que al inhalar me traiga el mundo de esta parte
    Y respirar tan fuerte que se rompa el aire
    Aunque esta vez si no respiro es por no ahogarme
    [Al Respirar – Vetusta Morla]

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    • Sr.Churrero |

      Kasi, que bien te sabes el mantra, no serás de las que hace yoga en los campos manchegos…jeje… Besicos…!!!

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  3. Kasirucita |

    ¡viernes!, un mantra a para elevar el estado de animo y la felicidad:

    OOOOMMMM HRIM BRAHMAYA NAMAH

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  4. Ana Santamaría |

    Me troncho. Buenos días. Lo que cuesta lograr la paz interior. Hala, perseverancia y a por ello. Preciosa foto y un churro muy adecuado para el viernes.
    Un abrazo.

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    • Sr.Churrero |

      Ana..!! Qué alegría leerte, pues sí, los viernes Hay que reservarlos para La Paz interior Un abrazo..!!

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  5. Angela |

    Muy buenos días churreros!!! Geniaaaal el cuento de hoy, mantra mucho mantra me hace falta a mi para encarar las mañanas, menos mal que con vuestros cuentos consigo tener un poquito de Ommmmmmmmmm. Feliz finde 😉

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    • Sr.Churrero |

      Gracias, Ángela, aqui en la churrería otra cosa no, pero ommmmmm… Todo el que quieras… Abrazommmmm..!!!

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  6. Estela |

    Lo que hacen algunos por encontrar la paz… con lo fácil que es zambullirse en la churrería y pensar sólo en harina, agua, azúcar y aceite… Eso también es meditar ;o)

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Échale azúcar a este churro