Cuentos como churros

Cada día, un cuento recién hecho (cerramos festivos)
autofoto

Yodo

escrito por Sr.Churrero / ingrediente de Javi Zurrón (Autofoto)

Uno llega a Asturias por el aire, aterriza y aún le queda una hora de coche a Gijón si es que algún conocido se aviene a hacer la espera y el porte.

Uno llega en tren que no es AVE. Es un tren de saldo, un despojo de otras estaciones, con máquina vending en vez de cafetería. Es un tren temeroso de las alturas. Recula al salir de León, toma resuello un par de veces y se atasca en Pajares.

Uno llega en autobús, que aquí es monopolio con nombre propio porque los asturianos no viajamos en autobús, viajamos en ALSA.

El Aeropuerto de Asturias fueron a ponerlo en tierra de nadie. Lo suficientemente lejos de Oviedo y Gijón como para que no se ofendan los de un lugar o el otro. El ALSA es caro. El tren también. Llegar a Gijón sin dejar de tocar suelo consume casi seis horas.

Un presidente de esta pequeña región remota y contradictoria, que acoge un principado y brama de pólvora y rojerío, dijo, hace ya unos cuantos años, que lo de la diáspora asturiana, lo de los asturianos de veinte a cuarenta desperdigados por el mundo, era «una leyenda urbana». Eso dijo: una leyenda urbana. Y se quedó tan contento, atrincherado en su despacho, cuan ancho era (el presidente y el despacho), con agradables vistas a las ardillas de El Campo San Francisco.

Hay en Asturias sobredosis de verde. Hay verde en El Campo San Francisco, en La Providencia y en El Cerro, lo hay en la costa y en el interior. De oriente a occidente todo es verde. El verde acuna el sueño del oso, acaricia las plumas del urogallo, el pelo hirsuto del rebeco. Se satura el roncón de la gaita de tanto verde. Da de comer a los rumiantes que se atraviesan en las cuestas de los que van de excursión en domingo.

Lo de la abundancia de verde es sabido. Lo que ignora el forastero es que también cunde el yodo. El yodo está en el aire de Gijón desde que uno desentumece los músculos, abandona el asiento y desciende por la escalerilla del ALSA. El yodo se hace notar. Está en el febrero que hoy empieza y en todos los febreros que hubo antes. Febrero es el mes océano y de su tesoro rojo coral coronado de espinas. Febrero es el mes del oricio y del retorno momentáneo de algunos expatriados que quieren volver a probarlo. El oricio es un morreo de sal que se devora a cucharaditas cortas, sorteando durezas galácticas. El oricio se toma en la barra de El Globo, parroquia del Cantábrico, calle de San Bernardo, con escupidera de plata, mantel de papel y vino blanco. Los oricios no exigen más compañía. Se comen en soledad, del mismo modo en que se reza. Más que manjar son un rito.

Dos días, una ración de oricios, un viaje de ida y vuelta que arrebata doce horas de la vida de uno, doce horas dormidas, transitando por la recta línea de asfalto que se abre en medio del cereal y el girasol. Castilla.

En el trayecto de vuelta, el acento de la tierra se desvanece. Según el ALSA se aleja de la cordillera, la vigorosa llamada del mar queda en murmullo. Ya no hay ni un resto del perfume a yodo. Se va retornando de este modo a la casa de uno, la de verdad, la de recogerse, la de casi todo el tiempo.

Vivo en un apartamento pequeño con vistas a poca cosa, a unas cuantas bocas de metro del centro de Madrid.

 

Sobre el ingrediente

En la foto de hoy, 1 de febrero, cabe mucha gente. Cabe Javi Zurrón, un locutor que saca adelante un programa todos los miércoles en una radio asturiana independiente, cabe una lectora atenta y buena amiga de la churrería que se llama Ángela Marcos (no confundir con la otra Ángela, la que comenta nuestros relatos todos lo días con tanta generosidad). También cabe León Tolstoi según lo dibujó otro amigo de la churrería hace ya más de un año. Hasta un churrero cabe.
Javi Zurrón nos invitó a su programa, Autofoto, en Radio Kras, donde entre muchos otros contenidos interesantes se hace repaso al momento cultural de Asturias. Tuvimos una charla de lo más entretenida que podéis escuchar aquí mismo. Luego nos sacamos la debida autofoto, como manda el ritual del programa. A partir de ese retrato a cuatro, nos pidió Javi que escribiéramos algo. A nosotros nos ha salido un cuento reivindicativo y nostálgico que rezuma sal por los cuatro costados.
Gracias, amigo, por atendernos tan bien en tu programa y por leer nuestros churros con ese vozarrón que tienes.

Nota de los churreros: Oricio, en castellano, erizo de mar. Equinodermo de forma globosa y exoesqueleto recubierto de púas móviles. Su carne, de un intenso tono anaranjado y rica en yodo, es muy apreciada en toda la costa asturiana. Puede tomarse cocido o escaldado pero nosotros recomendamos saborearlo en crudo.

23 Comments

  1. Gema |

    Bueno, bueno! Eso de que sobretodo en Gijón .. .Qué manía tiene todo el mundo en Asturias con que lo suyo es lo mejor… Pues yo no voy a ser menos. Los mejores oricios se comen en el occidente asturiano, que tambien existe. Los mejores se dice que son los de Loza por las algas y la costa abrupta y de pizzarra. En mi casa , de pequeña, se cubria la mesa de la cocina con periódico y comiamos por sacos . Si. Sacos. Bueno es q somos familia numerosa . Pero es q eran baratos los oricios . Grandes , los oricios , y llenos de huevas. Ahora es una ruina. Parecen pendientes y estan carisisimos . No hay algas en la costa. Y los han esquilmado a base de venderlos en los bares ( como el Globo) desde noviembre . Yo tambien emigré en los 80 y muchos, como mucha gente, q parece que solo la gente joven de ahora emigra. Y todos los febreros me acordaba de los oricios. Por que no podia permitirme volver . O lo hice una vez?

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    • Sr.Churrero |

      Jajaja. No te enfades, Gema. Quitamos la referencia a Gijón del comentario porque tienes razón. En realidad pretendíamos que el churro hablara de otras cosas. Los oricios eran sólo una disculpa.

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      • Gema |

        Uy pues si me pongo con el tema coger el ALSA… ( y llegar siempre con retraso por que el sr conductor esta tomando un café y total qué son cinco minutinos…) O tema cultural (lease moribundo Festival Cine Xixon) … Hoy estoy protestona. Lo siento. O no !.

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  2. Pilar |

    Si, si a todo churrero.
    Me has llenado de aroma, de color , de sabor , de nostalgia de ese padre devorador feliz de oricios a paladas.
    Pero me quedo con la foto

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    • Sr.Churrero |

      Una docena de oricios para Pilar. A ver si con media palada le ayudamos a sobrellevar la nostalgia. ;))

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  3. Angela |

    Muy buenos días churreros!! Fantásticoo el cuento de hoy, si es que no hay nada como la comida para recordar a los tuyos,yo no he probado los oricios crudos,pero seguro que son excelentes, los vuestros y los de Gema,por cierto, gracias de nuevo por nombrarme tan generosamente 😀

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  4. Estela |

    Ay, churreros… Que este churro me emociona, que esa también es mi tierra, que esos son mis sabores, olores y esa mala comunicación nuestra penitencia. Que nosotros también somos leyenda urbana… Ay, churreros, que este cuento no me lo esperaba…
    Besos de leyenda lejana

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  5. Silvia Vallejo |

    Mis Churreros amigos, desde la Mitad del Mundo – Ecuador me han transportado a esta sobredosis del verde de Asturias y me han obligado a buscar en Google el famoso ritual de comer oricios ya los saboreo y el olor a yodo ingresa por mi nariz de lo bien contado.
    Y mi búsqueda será mayor:
    viajamos en “ALSA” ?
    “Morreo” ? en fin…

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  6. Ángela M. |

    Se saborea, se huele, se ve, se siente… Gijón es yodo
    Emocionante!
    Gracias por dejarme acompañaros
    Un morreo de sal 😉
    Fdo: “una leyenda urbana” (por partida doble)

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  7. Chemari |

    Asturias patria querida… que cerca/lejos queda, y que diferente al resto de la península parece.

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  8. Roberto |

    La de mi madre! Vaya baño de asturianía y de recuerdos buenos. Qué ganas de volver a casina pero hasta Junio nada…

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