Cuentos como churros

Cada día, un cuento recién hecho (cerramos festivos)
3 cuentos para_Imanol Irrestarazu 2

3 cuentos para un montón de ropa frente al mar

escrito por Sr.Churrero / ingrediente de Imanol Irrestarazu

Cuento nº1: El Mesías

Un extranjero cruzó esta tarde el Estrecho de Gibraltar. Lo hizo andando sobre las aguas. Nada más tocar tierra lo detuvo una pareja de la Guardia Civil. Los testigos declaran: es cierto que el aura dorada de su cabeza impresionaba bastante, que olía a incienso, que llegó hablando en una lengua llena de recovecos mencionando a Getsemaní y a Yahvé. Pero en seguida matizan: lo delataba la piel de aceituna, los rizos de alambre, la ropa hecha harapos, los pies grandes, tan descalzos.

 

Cuento nº2: El ahogado

El mar es un animal baboso que se estrella una y otra vez contra la orilla. Hay espuma y hay olor a sal. Hay un sol que se muere a lo lejos. Y hay también, tirada sobre el espigón de cualquier manera, una chaqueta que es igual a la mía.

Recojo la prenda y la observo; le falta un botón, igual que le falta un botón a mi chaqueta. Reviso sus bolsillos y encuentro un paquete de tabaco; la misma marca que fumo yo, el mismo paquete que guardo ahora mismo en el bolsillo del corazón. En el otro bolsillo hay unas monedas, las cuento: seis euros con cincuenta. Meto la mano en mi propia chaqueta y saco la calderilla que me ha sobrado del estanco: seis euros con cincuenta.

Oigo un grito, entonces. Un grito de auxilio, socorro, socorro, y una silueta allá a lo lejos, donde las olas se vuelven negras. No puedo distinguirlo bien pero asoma, de vez en cuando, una cabecita de pelo pajizo, como el mío, una camisa a cuadros como la mía. Me pregunto: ¿por qué alguien nadaría tan lejos? El grito se repite, por favor, por favor, ayuda. La voz me resulta familiar. Supongo que, con la dosis de pánico suficiente, yo también podría sonar exactamente así.

Me siento muy tentado de desprenderme de la chaqueta, dejarla tirada de cualquier manera junto a la del desconocido, zambullirme, intentar salvarlo, intentar salvarme. Pero, ¿cómo ignorar esas olas enfadadas? Parece el mar un perro rabioso que estrella sus fauces contra una jaula. ¿Quién le mandaba al desconocido tirarse al agua en estas circunstancias? Desde luego yo no lo haría. Eso es un alivio: saber que no somos tan parecidos.

Decido que lo más sensato es seguir mi camino, avisar si eso a la Guardia Costera, dejar que otros se hagan cargo. Yo tengo una hija, tengo un trabajo, tengo un coche a medio pagar, tengo una vida. Abandono la chaqueta allá donde la he encontrado. Poco a poco sus gritos iguales a los míos se van acallando.

 

Cuento nº3: El náufrago

Muchos años después de su rescate, Robinson Crusoe regresa a la isla donde naufragó. Llega en un transatlántico de tamaño colosal; la isla es solo una parada más dentro de un crucero fastuoso por los Mares del Sur. Robinson Crusoe es ahora un anciano respetable, se sujeta los pantalones con tirantes, lleva boina escocesa, bastón con empuñadura de plata. La pasarela del transatlántico toca tierra y Robinson Crusoe desciende. Es ese un momento muy especial que él apenas puede paladear; le acompañan en la pasarela otros doscientos jubilados de piel de harina, matrimonios pegajosos de luna de miel, camisas hawaianas, cámaras de fotos, gafas de sol, jaleo.

Robinson Crusoe mira a su alrededor y no reconoce nada. Decide acercarse a un punto de Información Turística, se hace con un mapa y varios folletos. Los folletos anuncian: alquiler de motos de agua en el malecón, un tour panorámico todos los días a las 10:00 pm, una excursión a una cascada, que él recuerda brutal e indomable, y que en las fotos del folleto aparece domesticada, rodeada por vallas y japoneses en pantalón corto. Un cartel grita: ¡UNA EXPERIENCIA ÚNICA! Por solo 30 dólares Menú Degustación Gourmet de platos típicos de la región.

¿Qué mierda es esa de “platos típicos de la región”?, se pregunta Robinson Crusoe. Caníbales, eso es lo que eran los habitantes de esa isla perdida de la mano de Dios. Caníbales arrogantes y salvajes. ¿Y ahora? Robinson Crusoe deambula por el paseo marítimo y observa cómo, a su alrededor, los lugareños sirven mesas y cargan bandejas. Tan morenos y tan tímidos dentro de sus camisas blancas, tan educaditos, tan silenciosos y aplicados. Con el mapa en una mano y el bastón en la otra, Robinson Crusoe comienza su expedición.

Varias horas después, y tras mucho preguntar, Robinson Crusoe está relativamente seguro de que ahí, exactamente ahí, se encontraba su cabaña hecha de maderas podridas, lianas entrelazadas y barro. En su lugar, ahora se levanta un Seven Eleven. En la playa en la que naufragó, y donde durante semanas fue recuperando instrumentos del barco brasileño en el que viajaba, se levanta un chiringuito de luces chillonas. Robinson Crusoe se abanica con el mapa y suspira. De pronto le parece distinguir, entre el gentío, a un joven que es la viva imagen de su amigo Viernes, el buen salvaje. ¿Es posible que sea el nieto, el bisnieto, el sobrino de Viernes? El joven arrastra un carrito que casi parece de juguete, de vez en cuando anuncia: ¡Coca-Cola, Fanta, Beer! Le faltan varios dientes y lleva la camiseta rota. Robinson Crusoe lo ve pasar y no se atreve a decirle nada.

Robinson Crusoe baja las escalinatas del paseo marítimo y desciende a la playa. Sombrillas de colores y cientos de bikinis de colores, igual que pájaros exóticos. Robinson Crusoe comienza a desnudarse sin dejar de andar, mientras sortea bañistas. La gente lo ve quitándose los pantalones y murmura, algunos lo señalan, ríen al ver su culo flácido, su pito de anciano respetable. Totalmente desnudo, el viejo Robinson Crusoe se lanza al mar y comienza a nadar. Cuanto más se aleja de la orilla, más lo reconoce todo, más le mordisquean los pececillos los pies.

 

Sobre el ingrediente

Sí, sí, tres cuentos, tres. ¿Qué pasa? Los churreros somos así: hiperbólicos, desatados, enamorados de nuestras ideas. ¿Qué habría hecho un escritor normal? Pues elegir una de las tres ideas y sacrificar las otras. ¿Qué hemos hecho los churreros? Pues dejarnos las pestañas escribiendo hasta las tantas de la noche para hacer exactamente lo que nos da la gana (para más detalles sobre lo difícil que es elegir una idea y matar otra, nos remetimos a este otro cuento). En todo caso: gracias a Imanol Irrestarazu por mandarnos esa foto tan cojonuda. ¡La de historias que escondía dentro! Eso solo pueden hacerlo los grandes artistas. Por eso os recomendamos muchísimo que entréis en su Instagram y os pongáis las botas.

15 Comments

    • Sr.Churrero |

      Gracias, Lucía. Nos gusta el concepto de “trichurro” que acabas de acuñar. Quién sabe, igual volvemos a usarlo en breve, jeje.

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  1. Pilar |

    A mi me pasa igual y me quedo con los tres y los vuelvo a leer aunque llegue tarde a yoga.

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  2. Kasirucita |

    ¡¡Un gran desayuno para empezar la semana con energía!!
    Un churro gusta ¡que ríco!
    mmmmmmm, dos… me apetece ¡voy a por otro!
    y para darme el gustazo ¡un tercero!,
    si, tres, ahora si… ¡¡satisfecha!! ¡¡ya tengo sensaciones para todo el día!! 🙂

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  3. Ángeles |

    ¿Qué pasa?
    ¿Qué pasa?
    ¿Qué paaassssaaaa??

    TRES!!! y qué tres!!!

    Cada uno de ellos es sublime, una invitación a sumergirnos en mares de pensamientos e historias… tela lo q había escondido en esta fotaza… Aplauso y ovación al Equipo Churrero y a Imanol!!!!

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  4. Domingo |

    Buenos churros, me ha encantado la rotundidad y melancolía del tercero y me dan ganas de dejar tambien la chaqueta o los pantalones en la orilla

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    • Sr.Churrero |

      Menos mal que alguien se moja y elige uno de los tres churros, Domingo. ¡Un saludo!

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  5. Chemari |

    Con permiso de Kasirucita…

    “A por el mar,
    a por el mar que ya se adivina,
    a por el mar,
    a por el mar, promesa y semilla
    de libertad,
    a por el mar, a por el mar…”

    A por el mar (L.E. Aute)

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      • Sr.Churrero |

        Tentados estamos de poneros un par de cañas y una tapa, y ale, que dure la conversación lo que dura una tarde entre colegas. Qué gusto ver cómo habláis entre vosotros, cómo os tuteáis, cómo cantáis a coro 😉

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        • Chemari |

          Ostras, bajaros a Murcia y os pongo unas marineras y unas pataticas con limón pa que charlemos de lo que os de la gana

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Échale azúcar a este churro