Cuentos como churros

Cada día, un cuento recién hecho (cerramos festivos)

Así funciona nuestra churrería

Churros frescos

mendigo torres colon

Manzanas, galletas maría y tetrabrik de zumo

En el edificio de oficinas donde trabajo vivía un hombre. Se encaramaba a la fachada y se pasaba el día con las piernas colgando, la camisa planchada, el cuello almidonado y una lata de cerveza en la mano. Se afeitaba una vez a la semana y se cambiaba de ropa todos los días. Nunca se arropó con cartones, nunca sostuvo una manta, un perro o una flauta. Fumaba cigarrillos que pedía […]Leer churro

paja cósmica

La vida es paja

Una mañana cualquiera, en una ciudad cualquiera, una señora anónima se dirige al ayuntamiento. Al parecer tiene que pagar una multa por algo que hizo, o por algo que no hizo. No lo tiene muy claro. La carta que le han enviado no se entiende bien, demasiados tecnicismos, demasiada tinta. En otras palabras: demasiada paja. Porque la paja, bajo sus múltiples formas y colores, da sentido a nuestra existencia. El […]Leer churro

Lo practico y la muerte_Alberto J. Espiñeira

Lo práctico y la muerte

Al llegar al cementerio, frente a la placa de mármol recién estrenada, el lamento de la viuda se desenrolla. Martín, Martín, con lo poco que te gustaban a ti los espacios pequeños. Restriega Carmina, la viuda, el pañuelo por la comisura sudorosa de los labios, por el ribete de los ojos, por los agujeritos peludos de la nariz. Un hijo, dos hijos, tres hijos y una nuera, dos nueras, tres […]Leer churro

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Piernas cortas (primera parte)

I. Sábado, por la noche. Normalmente, Robe hubiera discutido con su madre cuando ella le dice que no puede salir con los tenis de skate manchados por el barro pero esta vez no lo hace. Sube a la habitación y coge otro par, unos Quicksilver rojos con una franja gris. Están un poco viejos pero al menos no están sucios. Se los cambia y deja el par manchado junto a […]Leer churro

Unidad Familia madre muerte foto chupete

La unidad de la familia

Un día, a la hora del café, tu madre te encomienda la unidad de la familia. Es una sobremesa cualquiera, estáis los dos solos, sentados en las butacas del jardín. Tu madre acaba de mostrarte una foto de los cuatro juntos hace años, muchos años, de cuando padre vivía y Nando, tu hermano, aún iba con chupete. Cuando yo me muera, te dice tu madre, tú serás el encargado de […]Leer churro

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Los pretendientes

Hay una chica ahí en lo alto del castillo, armada de catalejo y con un vestidito escueto, que anda a la caza de un novio. La chica del catalejo se llama Monique, como corresponde a una muchacha francesa. A nadie escandaliza el descaro con que nos enfoca. A nadie parece incomodar que lleve una falda tan corta, tirantes como hilos dentales y muestre, sin disimulo, rodilla, codo y una porción […]Leer churro

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Rodillas sucias

Sentado allí, sobre su cama de flores minúsculas, con mis manos enroscadas y las piernas muy juntas, oí que me ofrecía una taza de café. Su voz me atravesó tamizada por los recuerdos de mi infancia. Acerté a decir que no me gustaba el café. Ella no podía saberlo. La última vez que nos vimos, hace veintitrés años, yo era apenas un crío con las rodillas sucias. Un crío con […]Leer churro

libres de pecado

Vestidos de comunión

Un sol amarillo y picante lo anuncia: el gran día ha llegado. En la puerta de la iglesia los hombres de campo esperan fumando a la sombra. Entre ruido de tacones aparece el cura, puntual, con gafas negras y olor a camisa recién planchada, ese olor que le acerca a Dios. Da los buenos días. Nadie contesta. A los hombres de campo les gusta el silencio. En lo alto del […]Leer churro

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La guardia

Todos los días, un viejo sube al mirador del parque y hace guardia. Lleva un termo con café de olla caliente y unas tortas por si le entra el hambre. También lleva una pistola, por si el enemigo se digna a aparecer. Cuando llueve, las ramas de un chopo le dan cobijo; cuando hace sol, le dan sombra. El viejo es delgado y arrugado. Tan delgado y arrugado que parece […]Leer churro

Arquímedes mano Salvador Bruno serpiente cabezas

Arquímedes y la hermandad de la serpiente de dos cabezas

La forma en que mostraba los dedos de la mano no dejaba lugar a dudas. Aquel hombre había querido decir algo antes de morir en medio del trigal, en medio de la nada. Los tres dedos centrales apuntaban hacia el cielo, el meñique señalaba al norte mientras que el pulgar parecía querer indicar que no perdiera de vista lo que había detrás de mí. Reconocí aquella mano. En su dorso […]Leer churro