Cuentos como churros

Cada día, un cuento recién hecho (cerramos festivos)

Así funciona nuestra churrería

Churros frescos

mariansolans_160512_1

Las dos amigas

Las dos amigas se conocen desde pequeñas. Coincidieron en el mismo cursillo de tenis y se hicieron inseparables. Han pasado los años, ya no juegan al tenis. Ahora viven en barrios distintos y cada una tiene sus ocupaciones. Esas ocupaciones absorben su tiempo, pero siguen en contacto porque comparten una pasión: las dos quieren ser japonesas. Asisten todos los miércoles a una academia en el centro de Madrid. Cada clase supone un dineral […]Leer churro

los pensamientos no aguantan bien el frío

Los pensamientos no aguantan bien el frío

Cuando llego a la que fuera mi casa, la puerta está abierta. Aunque sé que María me espera, decido aguardar unos segundos en el rellano. El timbre funciona, pero prefiero golpear la madera suavemente con los nudillos. —Entra —oigo decir a María. —Estoy en la cocina. Y yo, obediente, entro. Mientras me quito la gabardina repaso el salón. Los muebles siguen en el mismo sitio, salvo por la butaca que […]Leer churro

Nazaret garcia Boda Novias vestido beso viaje invitados

Vivan las novias

Nadie entiende todavía que Esther y Lucía sean novias. Ni que disfruten tanto con la elección de los regalos de boda, y se peleen por los preparativos del crucero por el Nilo, y se besen tras la cortina en las pruebas de sus vestidos de encaje. Nadie se explica que el día de la boda no quepa ni un alma en el Ayuntamiento. O que las abuelas saquen los pañuelos […]Leer churro

vieja estacion

Unión Ferroviaria

Los domingos por la tarde papá nos lleva a la vieja estación. Vamos toda la familia. Da igual si tengo deberes o si las gemelas están jugando con sus muñecas, o si el abuelo tose sin parar y dice que le ha llegado la hora. Da igual si llueve o hace sol. En la puerta de la vieja estación hay un cartel que pone PROHIBIDO EL PASO, pero nosotros levantamos […]Leer churro

Expectativas_Ines Castro

Expectativas

¡No quiero ver un árbol!   Llevo mucho tiempo soñando con un árbol.   He llegado a oler su fruto. He acariciado por la noche las grietas de su corteza. He respirado bajo su sombra la humedad del tronco. He oído el murmullo de sus hojas.   No, no quiero ver un árbol.

mai-oltra

Desastres naturales

Marina me habla de desastres naturales mientras se quita la parte de arriba del bikini. Sus pechos caen con blandura y ella me cuenta que Nueva Orleans se está hundiendo, que la tierra se está tragando sus casas y sus calles. Se quita la parte de abajo y asoma el pelo revoltoso del pubis, un bosque de ramas frágiles y oscuras que asusta un poco. Me cuenta que el suelo […]Leer churro

foto0

El nombre de la calle que un día

Hablamos de una calle insignificante. Mucha gente de los alrededores no sabría decir cómo se llama. Cubre cincuenta metros. Quizá menos: la distancia que separa el videoclub Bogart del centro de Día. En esa calle perdida en medio de un barrio cualquiera algo extraordinario está pasando. Es la hora tardía en la que circulan los camiones de limpieza. No se ve ni un alma. El videoclub echó el cierre hace […]Leer churro

amor colegial

Veinte declaraciones de amor

Le ha hecho un dibujo a María. Un tubérculo del que brotan corazones rojos a mansalva. José Luis sale de su casa convencido de que si esto no es amor, es que el mundo se ha vuelto loco. Dicho esto, se guarda la declaración en el bolsillo y sale al encuentro de su amada con la barbilla alta y el pecho henchido de esperanza. José Luis siente la euforia del […]Leer churro

jl moreno noray puerto fiesta miedo inseguridades maroma amigo

El noray

Conocí a un noray en el puerto de A Coruña. Empezamos a charlar sobre barcos y enseguida nos hicimos buenísimos amigos. La semana siguiente yo celebraba una fiesta por mi cumpleaños y le invité a que viniese. –¿Llevo una botella de mistela? –me preguntó después por teléfono. –No hace falta, de verdad –le respondí yo–, hay bebida de sobra. El noray llegó a la fiesta pasadas las once de la […]Leer churro

debajo de mi cama hay un señor

Pesadillas de un banquero

Debajo de mi cama hay un señor que se llama Ramón. Lo descubrí el mes pasado barriendo el dormitorio, la escoba chocó contra algo y cuando me agaché para ver qué era, allí estaba Ramón, tumbado decúbito supino, mirándome con sus enormes ojos líquidos. Me dijo que su presencia no tenía por qué preocuparme, que no me molestaría en absoluto, que ya llevaba muerto más de veinte años. También me […]Leer churro